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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

ALGARABÍA POPULAR

Un partido con nervios

Los peruanos vivieron con el alma en vilo el encuentro entre las oncenas del Perú y Colombia. La tarde de ayer, Lima fue una fiesta por el deporte rey.

11/10/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

1 Por 90 minutos, el Centro de Lima era una metáfora del mejor cine de suspenso: no rodó carro alguno sobre las pistas; cines y tiendas de ropa sufrían de desinterés general y algunos negocios prefirieron bajar las rejas.

Si se hubieran tomado la molestia de apagar los semáforos, tampoco nadie se habría percatado de ello.

En la Plaza Mayor de Lima, pollerías, bares y chifas la situación era opuesta: una multitud caripintada, con polos rojiblancos (los favoritos el 8, 9, 10, 18 y 20), llegó proveniente de toda la ciudad para cumplir con ese deber de sufrir, segundo a segundo, y en masa, aprovechando que desde las cuatro de la tarde se podía vivir la “alegría del fútbol”, pues el Gobierno decretó la jornada no laborable. Por el jirón de la Unión se veía a los últimos grupos, familias y enamorados que trataban de llegar a nuestra plaza principal.

Ayer se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, pero el estrés no dejó a peruano alguno con los nervios intactos. El placer fue tener el alma en la boca mientras se observaba, a tiro de piedra de la Casa de Pizarro, por medio de tres pantallas gigantes, cómo 22 hombres se disputaban la pelota en la cancha del Estadio Nacional durante 93 minutos (el árbitro brasileño Ricci se encargaría de aumentar 180 segundos, como para atemperar los nervios).

2 En la jornada “previa”, mientras en el Nacional las graderías se llenaban y en todas las cuadras de la avenida Petit Thouars se aplaudía el paso del bus con la selección, el sonido de las chicharras agudas y las bocinas repitiendo esa tonadilla de ¡Arriba Perú! se convirtió en la banda sonora del día junto con el estribillo de “... porque yo creo en ti ...”, de Marco Romero.

Los vendedores de polos hacían su agosto en este inverosímil 10 de octubre que había vuelto las calles más patrióticas que un 28 de julio. Y los voceros del emporio textil de Gamarra contaban que se produjeron para este encuentro futbolero un millón de polos con la bicolor.

En los restaurantes y la Plaza Mayor de Lima se entonó el Himno Nacional con remozado fervor, y los amigos se abrazaban reconociéndose compatriotas (ni Gastón Acurio y la feria gastronómica Mistura habían logrado esa magia entre productores y consumidores, cosa que sí puede la magia del fútbol). Por eso, el cronista mexicano Juan Villoro asegura que “Dios es redondo”. Y el “¡Sí se puede!” resonaba cual cábala nacional.

3 El alma de miles desfalleció cuando James Rodríguez metió el primer tanto del encuentro a favor de Colombia. El “¡Sí se puede!” tenía una sombra en su peruanidad. Sazonando el encuentro, los más fanáticos gritaban los resultados de los partidos entre Brasil y Chile, Ecuador y Argentina, y Venezuela con Paraguay, como para explicar matemáticamente las posibilidades.

Cuando Paolo Guerrero anotó el tanto para el Perú, la algarabía pudo escucharse en cada esquina de la ciudad. Fue un festejo con un “¡Vamos, carajo!” coreado al unísono.

Ya al final, cuando los dos últimos minutos del partido parecían el calentamiento de una pichanga de barrio, nuevas preguntas surgieron entre los niños, jóvenes y adultos, ahí en la Plaza Mayor de Lima y en cada esquina del Perú.

La cara de Paolo Guerrero tras el pitazo final era una duda. El delantero quería cumplir en la cancha con la máxima de Francisco Bolognesi, la de morir “hasta quemar el último cartucho”, pero la alegría de sus compañeros lo fue convenciendo.

La gente se abrazaba y el descontento inicial mutaba en sonrisas cuando se explicaba que llegamos al repechaje, que estamos en el limbo, más cerca de Rusia 2018. Otros explicaban por qué había que comer arepas y agradecer a los venezolanos, a los brasileños.

“Todavía faltan 180 minutos”, comenzó a murmurarse en las calles, mientras el tráfico renacía y los rojiblancos se dispersaban contentos por las rutas del Perú. Algunos ya sacaban sus celulares en los paraderos para buscar información sobre la oncena de Nueva Zelanda: derrotarla será la última pared para llegar al mundial. Por lo pronto, se seguirán vendiendo más polos del Perú. Gamarra y los sponsor felices, mientras se sueña con el “Sí se puede”.