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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 19

de noviembre de 2017

PERFILES

Ventura García Calderón

Aunque gran parte de su vida la dedicó a la diplomacia, fue fundamentalmente un escritor. Su obra, escrita en francés y español, fue tan admirada y difundida que en 1934 se le llegó a nominar al Premio Nobel de Literatura. Lamentablemente, los prejuicios –cuándo no– impidieron una adecuada valoración del trabajo de este singular personaje, que en vida fue el autor peruano de mayor renombre internacional. Se le considera un exponente del modernismo y de la Generación del 900. Aun así, su vida, tan rica en aventuras, es ajena a las nuevas generaciones.

12/11/2017


DOMINGO TAMARIZ LÚCAR

Periodista

Ventura García Calderón fue hijo del presidente provisorio del Perú Francisco García Calderón, quien por no acceder a la mutilación territorial del país fue desterrado a Chile (1881) y luego continuó su exilio en Francia. Por esta razón, Ventura nació en París, el 23 de febrero de 1886. Llegó por primera vez al Perú en brazos de su madre, doña Carmen Rey Basadre, cuando apenas contaba cinco meses de edad.

Hizo sus primeros estudios en el colegio de La Recoleta, donde tuvo como compañero de aula a José de la Riva Agüero.

En 1903 ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos para seguir Letras, Ciencias Políticas y Administrativas, y Derecho, pero no llegó a concluir sus estudios porque a la muerte de su padre (1906) su familia decidió establecerse en París.

Gracias a sus relaciones y talento, ese mismo año fue nombrado canciller del Consulado en Francia. Contaba apenas 20 años. Cuatro calendarios después, con el mismo cargo, pasó a Londres. Al poco tiempo regresó a Lima, donde se dio con la novedad de que Riva Agüero, su antiguo condiscípulo, estaba entre rejas por orden del presidente Leguía. Ante ese abuso, renunció a su cargo y se plegó a las marchas estudiantiles de protesta. Aprovechó su corta estancia en el país para viajar a la Sierra, donde recogió leyendas, mitos y costumbres que, años después, volcaría en sus celebrados cuentos.

En 1912 regresó a París, y al año siguiente fue nombrado segundo secretario de la legación de Madrid, y posteriormente cónsul en El Havre (Francia) y encargado de negocios en Bélgica. En 1921, al poco tiempo de haber sido nombrado jefe de la Oficina de Propaganda del Perú, renunció a su cargo por no estar de acuerdo con la dura e intransigente política del gobierno que, entonces, era nuevamente presidido por Leguía. Se mantuvo alejado de la diplomacia durante una década, período en el que trabajó en empresas editoriales y colaboró intensamente en diarios de Argentina, México y Cuba.

Tras la caída de Leguía, presidió la delegación del Perú ante la Sociedad de Naciones, con algunos intervalos. Se desempeñó también como ministro plenipotenciario del Perú en Brasil, Polonia y Bélgica hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En ese sino, representó al Perú en Francia, Portugal y Suiza, hasta el fin de la gran conflagración (1945).

Los años habían pasado raudamente. En ese compás, en 1954, el gobierno peruano lo designó delegado permanente ante la Unesco. La muerte lo sorprendió cuando desempeñaba ese cargo, el 27 de octubre de 1959. Contaba 73 años.

Su obra fue tan abundante y admirada que en 1934 un grupo de escritores europeos y peruanos lo propuso como candidato al Premio Nobel de Literatura.

Destacó en la mayoría de géneros literarios, pero especialmente en el cuento, en el que su obra emblemática es su colección titulada La venganza del cóndor. La mayoría de sus relatos están ambientados en el Perú, y buena parte de ellos ha sido traducida al inglés, francés, alemán y ruso, entre otros idiomas. En esa suerte fue, a no dudarlo, el escritor peruano de mayor renombre internacional en su época. A decir de sus colegas como, por ejemplo, el mexicano Alfonso Reyes: “… A veces parecía un Blasco Ibáñez mezclado con Carrillo. A veces no se parecía a nadie. Siempre poseyó un estilo brillantísimo en español y francés”. En 1939 fue incorporado como Académico de Número en la Real Academia de Lengua y Literatura Francesa de Bélgica. En 1948, la Academia Francesa lo distinguió con la Medalla de Oro.

Pero no solo en sus cuentos se inspiró en su patria, sino también lo hizo en otros géneros literarios –poema, drama, ensayo, crónica–, como lo demuestran Frivolamente, La Perrichole, Vale un Perú y, entre otros más, El Perú en la imaginación universal, en el que el autor mostró que ni la distancia ni la larga ausencia habían quebrado sus vínculos con su tierra, de la que rescata sus aportes a la cultura mundial. Cómo olvidarlo.