Tipo de cambio:

Compra: 3.241

Venta: 3.243


Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 21

de agosto de 2017

PERSPECTIVAS

Violencia y abuso institucionalizados

Los profesionales de la salud, así como los científicos sociales intentan buscar diversas formas para disminuir la violencia y el abuso entre las personas. Sabemos que, sea en la casa, el trabajo o el colegio, estas formas de convivencia y de vida suelen traer fuertes problemas en la salud psicológica de los implicados. Pero ¿qué pasa cuando la violencia está institucionalizada? ¿Cuándo la violencia, el abuso, el desprecio al otro, son formas establecidas y naturalizadas? Explicaremos por qué decimos esto.

3/8/2017


Manuel Arboccó

Psicólogo-Catedrático

Lo ocurrido el jueves 22 de junio en una galería de Las Malvinas es un episodio –y no es un episodio aislado– que retrata el valor que muchos le dan a la vida, sobre todo a la vida del otro, de ese prójimo que para algunos parece significar poco menos que nada. “Empresarios” que a sabiendas de no brindar condiciones laborales adecuadas y –se supo también– realizando un trabajo fraudulento (pues los jóvenes cambiaban marcas de fluorescentes baratos por otra marca de prestigio para ser vendidos a mayor precio), arriesgan la vida de un par de muchachos que aceptaron esas condiciones de trabajo fuera de toda ley y de toda norma laboral. En espacios reducidos, encerrados con candados y sin poder ir a los servicios higiénicos. Y como decía hace unos años un conocido periodista deportivo, “aquí no pasa nada”.

Eso es lo más penoso y que desanima. No siempre ante delitos como esos hay sanciones aleccionadoras para todos los responsables, en tragedias que casi siempre enlutan a familias muy humildes que no tienen un buen abogado que las defienda. Vimos también, esos días del siniestro, cómo aparecían autoridades sin asumir ninguna responsabilidad en esa tragedia. Algo parecido al accidente de hace unos días en el cerro San Cristóbal.

No se debió permitir la construcción de esos altillos en la galería, no se debió permitir que funcione ahí un negocio sin condiciones apropiadas para los empleados, un lugar a todas luces peligroso, sin rutas de escape, y con una jornada laboral ilegal. Nada de eso debió permitirse, gente inmoral haciendo ganancias formidables a costa del trabajo deshumanizado de jóvenes pobres, probablemente desesperados, que como muchos aceptan este tipo de empleos porque “es así”. A esto nos referimos con violencia institucionalizada y contra ella es difícil pelear, porque es lo “natural”. Todos la emplean, la aceptan, la hacen suya. Y esto no solo en ese centro comercial. Si miramos otros emporios comerciales vemos lo mismo. ¿Esperaremos más muertes, más tragedias? Parece que sí, pues mientras no veamos como válidas y valiosas la vida de esos muchachos, de esas chicas y chicos explotados, de esas personas que aceptan ese maltrato porque quizá han sido criados en condiciones iguales o peores (maltrato en casa, bullying en la escuela, maltrato en los hospitales).

Si todo sigue así, no hay campeonatos olímpicos, ni éxitos gastronómicos, ni machupicchus que alcancen para sacarnos del subdesarrollo en que vivimos, un subdesarrollo moral y mental.