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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 23

de octubre de 2017

ENFOQUE

Watergate: cuando la prensa forzó una renuncia

El 9 de agosto de 1974, hace 43 años, un presidente de los Estados Unidos renunció a su cargo debido al mayor escándalo de corrupción revelado por los medios de información, cuando aún no existían las herramientas tecnológicas de ahora.

8/8/2017


Javier Alejandro Ramos

Periodista

Watergate, como se conoce el caso, ha servido, y sirve aún, como un ejemplo de cómo se debe realizar y hacer seguimiento a un reportaje, y se ha constituido en base para los estudiantes de periodismo de todo el mundo, y en asunto de interés para los políticos, acerca de los finos hilos que puede mover el llamado Cuarto Poder con el objeto de desenmascarar hechos ilegales y no permitir la impunidad.

Richard Nixon, elegido como 37 presidente de los Estados Unidos en 1969, y quien dio término a la participación norteamericana en la larga Guerra de Vietnam, dimitió tras comprobarse que en 1972 utilizó recursos de la Casa Blanca y de un Comité Republicano dedicado a su reelección para realizar una operación de espionaje en las oficinas de sus adversarios del Partido Demócrata, y tratar luego de encubrir el hecho.

La revelación y posterior seguimiento del caso fue obra de dos reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes pese a las presiones políticas recibidas, y gracias al apoyo de sus superiores en el diario, convirtieron a lo largo de meses una noticia que pudo haber quedado como un simple hecho policial de allanamiento de morada por robo, en el mayor escándalo político del que se tenga noticia en el siglo XX, causante de la primera y única renuncia de un mandatario estadounidense a su cargo.

Los reportajes de Woodward y Bernstein, célebres desde entonces, marcaron la caída no solo de Nixon, sino de una serie de altos funcionarios de su administración, involucrados en actos clandestinos e ilegales, como lo fue el contratar a un grupo de hombres para que plantaran aparatos de escucha en las oficinas del Partido Demócrata en el Edificio Watergate de Washington, y posteriormente hacer un seguimiento de las llamadas telefónicas recibidas y efectuadas.

Tras dos años de encubrimientos oficiales por parte de voceros de la Casa Blanca, finalmente, debido a una serie de delaciones y confesiones de involucrados, se determinó la implicación del propio Nixon en el hecho, y ante la posibilidad de que la Corte Suprema lo enjuiciara y las Cámaras de Representantes y el Senado iniciaran un proceso de destitución, este abandonó el cargo. Nixon fue indultado por su sucesor en el cargo, Gerald Ford (quien había sido su vicepresidente), pero varios miembros de su administración se declararon culpables y fueron condenados.

Las repercusiones de Watergate (palabra que desde entonces se usa para identificar actos de corrupción desde el poder) han generado por décadas debates que no han terminado, pero que en suma (y gracias a que Hollywood hizo suyo el tema en una afamada película llamada Todos los hombres del presidente) constituyen un soberbio ejemplo del papel de la prensa para investigar inmoralidades del poder político.