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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 21

de agosto de 2017

ENFOQUE

Xenofobia a la peruana

En nuestro país no hemos desterrado, ni lo haremos a breve plazo, las manifestaciones de racismo que se expresan en nuestras relaciones y tratos con las personas de raza negra o procedencia indígena o campesina, y también con las extranjeras.

5/8/2017


José Vargas Sifuentes

Periodista

En toda hora y lugar expresamos, a veces en forma encubierta, nuestro rechazo o aversión a quienes no pertenecen a ‘nuestra’ raza o no tienen nuestras características, pese a declararnos a favor de la igualdad universal, sin distinción de ninguna índole.

Nuestro racismo, además, se manifiesta acompañado con una mezcla de chovinismo y xenofobia mal entendidos, al rechazar a nuestros semejantes por considerarlos de raza inferior –racismo ‘clásico’– o de raza superior –racismo inverso– que “pretende imponerse a la nuestra y hacernos desaparecer”.

Lo decimos porque hace poco escuchamos un comentario sobre Valentina Shevchenko, peruana de origen ruso, campeona mundial de muay tai, que aspira al título mundial de boxeo peso gallo.

El argumento: ella no representa el Perú porque no tiene apellido peruano.

Lo mismo se dijo cuando hace varios años se informó que los peruanos Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, ambos egresados de la universidad Ricardo Palma, habían reestructurado el Museo de Bellas Artes de Le Havre, Normandía.

Por iguales razones se llegó a cuestionar la nacionalidad del expresidente Fujimori y del actual, apellidado Kuczynski.

Recordemos que los peruanos no somos, no hemos sido ni seremos jamás una raza pura ni superior. Somos producto de una mezcla de razas, culturas e inteligencias, procedentes de casi todo el planeta.

A los españoles de la Conquista se sumaron los negros del África, y después chinos y japoneses; que alemanes, holandeses, tiroleses y otros europeos formaron colonizaciones en diversos puntos del país, se mezclaron con los naturales de estas tierras, y sus descendientes empezaron a mezclarse entre sí, hasta llegar a formar una mezcla de genes y sangres, cuyo resultado –el peruano de hoy– es un ‘multihíbrido’, permítasenos el término, de origen incierto. Esto llevó a decir al sabio Antonio Raimondi que los peruanos éramos hijos de siete leches. Y a Ricardo Palma, que “quien no tiene de inga tiene de mandinga”. O “de todas las sangres”, según Arguedas.

Un cronista de fines del siglo XVIII decía que tres razas habían proporcionado los tres colores básicos de esta paleta humana: la india, aquí arraigada; la africana, venida de ultramar, y la española. Su mezcla amplió la gama del colorido humano, y pintó al peruano de siete colores, mismo espectro solar. Esta mezcla de razas, sangres y colores se dio en las características físicas y en los nombres y apellidos de los aquí nacidos, pero de padres extranjeros.

De ahí que los peruanos de hoy apelliden Mamani o Condorcanqui, y dentro de poco empecemos a escuchar también apellidos como Trump, Clinton, Merkel, Putin, Milósevic, Mandela o May en personas más peruanas que la papa con ají. ¿Por qué no?