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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
LUNES 16

de setiembre de 2019

REFLEXIONES

¿Estamos en la época de la confusión generalizada? (I)

5/9/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo clínico, profesor universitario

Hombres que se sienten mujeres, mujeres mayores que se sienten chiquillas, niños que tienen relaciones sexuales como adultos, adultos que se comportan como niños majaderos, muchachitos que a veces se autodenominan homosexuales pero otras veces también bisexuales cuando no pansexuales. Hoy (casi) todo el mundo vive confundido. Veamos algunos ejemplos.

Peruanos de rastros andinos que se sienten caucásicos; sangre serrana corre por las venas en compatriotas que se identifican como blancos europeos por su apellido o por sus ingresos mensuales. Vemos personas que se creen perros y otras gatos; no es una broma. El “hombre leopardo” acompaña a cientos de hipertatuados –y ahora perforados– para parecer cualquier otro ser menos humano. La “mujer diablo” y el “hombre lagarto” brindan entrevistas y aparecen en reality shows conversando de sus experiencias cotidianas.

Hoy hay hombres que se enamoran de muñecas inflables y otros no contentos con eso piden “a catálogo” que una empresa les prepare su “mujer ideal” (la cual llega por delivery), pues un poco de silicona y cabello postizo es más gratificante que una mujer de carne y hueso, relación siempre probable de tensiones. También están las mujeres que compran penes de hule y se enamoran profundamente de los alter ego construidos desde alguna red social, identidades irreales con los que forman romances irreales cuya duración está supeditada a la presencia de internet y de una computadora a la mano. Todo digital, todo ficticio, como la película HER (dirigida por Spike Jonze y con la actuación genial de Joaquin Phoenix).

Hasta hace unos años los niños solían tener perros y jugar con ellos. Hoy hay perros robots que deben ser “alimentados” cada seis horas y con los que el niño juega como quien maneja un play station. Ladran, mueven la colita robótica y hacen su caquita virtual de vez en cuando, aunque esos niños pierden así la posibilidad de tocar a un perro real, de olerlo, de acariciarlo, de jugar con él, de sentirse acompañados y de responsabilizarse “de verdad” de un ser vivo, además de noble.

La “sologamia” y los “matrimonios con mascotas” son tendencias absurdas cuando no psicóticas que empiezan a aparecer como pedido de algunos que no saben qué hacer con sus vidas en lo social y lo afectivo. Incluso se exige su aceptación en los códigos normativos vigentes. El ser humano va perdiendo así su humanidad, su capacidad de contacto, de vincularse con otros y de conformar grupos de soporte y formas de sentido. Nunca hemos estado tan rodeados de aparatos, de aplicaciones y de tecnología fría. Quizá nos hemos contagiado precisamente de eso, de esa frialdad metálica y plástica.