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APROXIMACIONES

¿Un nuevo Congreso?

11/2/2019


Gerardo Távara

Secretario General de la Asociación Civil Transparencia

E l Congreso de la República tiene una nueva composición de grupos parlamentarios. Rápidamente, pasamos de tener 6 bancadas a 11. En julio del 2016, las bancadas eran Fuerza Popular (73 congresistas de 130), Frente Amplio (20), Peruanos Por el Kambio (18), Alianza para el Progreso (9), APRA (5) y Acción Popular (5). El primero en dividirse fue el izquierdista Frente Amplio, dando lugar al surgimiento del grupo Nuevo Perú, con 10 integrantes. 


Dos años y medio después, tenemos 10 grupos reconocidos y uno por reconocer. El grupo fujimorista es el que tuvo el mayor número de deserciones: FP pasó de 73 a 55 congresistas, perdió 18 escaños. Los otros grupos son PPK (bajó de 18 a 11); Nuevo Perú (10); Frente Amplio (de 10 a 9); Alianza para el Progreso (9 a 8); Cambio 21 (8 renunciantes de FP); APRA (5); Acción Popular (6, los 5 originales más una procedente de FP); Bancada Liberal (5, cuatro procedentes de PPK y uno de FP); Unión por la República (5, originariamente de FP) y el aún no reconocido Acción Republicana (5, de diversa procedencia). Quedan tres congresistas no agrupados, entre ellos el presidente del Congreso, Daniel Salaverry, renunciante de FP.

Esto ha supuesto una nueva distribución en las comisiones ordinarias y especiales, así como en las instancias de dirección del Congreso, como la Junta de Portavoces y el Consejo Directivo. Este cambio, que refleja de forma más nítida la realidad de alineamientos, así como la difícil fragmentación política, cambiará las decisiones respecto del Congreso, que hasta hace muy poco tenía una bancada claramente dominante.

Pero no es que ahora exista una nueva mayoría; el grupo parlamentario más numeroso es el mismo, FP (55 congresistas), mientras que los 9 o 10 grupos que están al frente no representan una fuerza cohesionada. Algunos son, incluso, una incógnita. En el reciente debate de las normas sobre reforma de la justicia se hizo evidente que FP y sus eventuales aliados mantienen una “capacidad de veto”, pues para aprobar una ley orgánica se requiere de la mitad más uno de los votos (66) difíciles de obtener en esta diáspora en que se ha convertido el Congreso.

El cambio podría empezar a notarse en las decisiones de las comisiones especiales, como las de levantamiento de inmunidad parlamentaria, acusaciones constitucionales y ética, donde FP ha perdido la mayoría que le permitía retrasar o impedir la sanción sobre congresistas sentenciados o procesados, como Edwin Donayre y Moisés Mamani, y sobre los fiscales supremos Pedro Chávarry, Tomás Gálvez y Víctor Rodríguez, acusados de infracciones constitucionales y actos delictivos.

Superar la crisis del Congreso requiere de un acuerdo respecto de la agenda parlamentaria: normas a priorizar, acciones de control, formas efectivas de representación, reforma del propio Congreso. Si Daniel Salaverry logra un consenso en torno a esa agenda –aunque no sea unánime–, podremos sentir que vamos camino a recuperar la confianza en el Congreso. Mientras tanto, el pronóstico es optimista pero no definitivo.