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DOMINGO 27

de setiembre de 2020

PERSPECTIVA

¿Y si los incas hubieran conquistado Europa?

Literato francés ha revelado que su fascinación por el Imperio de los Incas se acentuó en un viaje a Lima.

8/9/2020


Ricardo Montero Reyes

Periodista

Laurent Binet es un joven escritor francés, ganador de importantes premios culturales en su país. En su última novela, Civilizaciones, que hoy se publica en el mercado virtual, lanza una provocadora pregunta: “¿Qué hubiera pasado si Cristóbal Colón hubiera muerto en su primer viaje y los incas de Atahualpa desembarcaban en tierras de Europa en 1531 para aliarse con los enemigos que rodeaban al agotado imperio de Carlos V en España?”

Binet, jugando con la memoria y usando creativamente la ficción, crea una escena ucrónica, con datos hipotéticos, en la que Atahualpa, el último de los emperadores del Tahuantisuyo, no es capturado por Francisco Pizarro y su ejército en Cajamarca, sino que huye a Europa en 1542 y conquista España, convirtiendo a ese país en un refugio de tolerancia religiosa y justicia social.

El literato francés ha revelado que su fascinación por el Imperio de los Incas se acentuó en un viaje a Lima. Le fascinaba el vistoso folclor de la cultura andina, pero también su organización social y política.

Es tan profunda su admiración por la civilización que se extendió desde la ciudad del Cusco hacia gran parte de lo que ahora conocemos como Sudamérica que en unas recientes declaraciones al diario El País de España afirma que “con una conquista inca (de España) habríamos evitado los escollos del capitalismo”, y remarca que con su organización económica y social “tendríamos seguridad social desde hace siglos”. Quizá lo dice porque los incas, conforme lo afirma José de la Riva-Agüero en su libro Las civilizaciones primitivas y el Imperio Incaico, “llevaron la socialización económica al más alto grado de desarrollo y madurez asequible en un imperio belicoso y semibárbaro: con la absoluta prescripción de la propiedad individual perpetua, (…) la anual adjudicación de lotes y remensura de los campos, las faenas comunes y los turnos en ellas (mitas), los graneros y almacenes públicos; la distribución de víveres, ganados y útiles de labor; la asistencia de los ancianos, inválidos, huérfanos y viudas”.

Binet reconoce que es imposible cambiar lo sucedido, pero argumenta que la ucronía –reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos– es un género que nos recuerda que había bifurcaciones posibles de que faltó muy poco para que los hechos sucedieran de otra manera, que hubiera sido posible otro tipo de globalización.

La obra de Binet se lanza en un escenario en el que la desigualdad de todo tipo es uno de los grandes dramas de la humanidad, y en el Perú y otras naciones latinoamericanas es una fatalidad que incesantemente practicamos desde la época de la Colonia.

Es imposible determinar qué hubiera sucedido, pero sí es posible insistir en ponerle fin a las diferencias económicas, sociales, culturales, raciales y de otra índole porque, de lo contrario, el sistema que las sostiene “nos acabará matando a todos”, como asegura Binet.




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