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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

REFLEXIONES

‘Después’ es tarde

Fue emocionante tocar el timbre y escuchar la alegría del otro lado del citófono cuando dije mi nombre.

20/6/2020


Verónica Coello Moreira

Comunicadora social y escritora

Por un momento temí estar enferma de covid-19, así que para salir de dudas me hice un examen cuantitativo que para tranquilidad y felicidad arrojó que ya me había dado, tenía anticuerpos y ya no contagiaba. Recordé que en marzo, durante 10 días, tuve fiebre de cinco décimas en la mañana que se iba con una pastilla y regresaba en la noche por un par de horas. 

Agradecí haber transitado por esa enfermedad detestable de una manera casi imperceptible y sin mayores consecuencias, así que para celebrar lo primero que hice fue contar en el chat familiar las novedades e ir a visitar de sorpresa a mis papás.

Fue emocionante tocar el timbre y escuchar la alegría del otro lado del citófono cuando dije mi nombre. Inmediatamente la puerta que da hacia la calle se abrió y, al entrar, ellos habían salido a recibirme, hasta su perro brincaba contento. Primero mi papá y luego mi mamá me rodearon en un abrazo largo, tratando de recuperar el tiempo sin vernos.

Sin embargo, las cosas cambiaron. Los zapatos se quedaron afuera junto al temor, aunque mi papá los roció en alcohol “por si acaso”. Luego hubo risas nerviosas producto de la emoción, pero tratamos de economizar besos. Fueron pocas horas, un café y charlar para ponernos al día disfrutando el momento, la despedida fue tranquila. Ofrecí cuidarme para seguir sana y volver pronto.

A veces siento que esta cuarentena nos ha hecho regresar a lo básico, a desear los abrazos y valorar el tiempo junto a quienes amamos. No creo que se haya generado un cambio mágico y ahora todos seamos mejores personas, aunque ruego equivocarme. De lo que sí estoy segura es de que nuestra perspectiva cambió, tal vez muchos pusimos en orden nuestras prioridades y eso ya es bastante.

Cuando somos muy jóvenes sentimos que la vida es larga, tenemos tanto por hacer y el futuro lo vemos lejano. Además, creemos que nos comemos el mundo, tenemos la fortaleza para ir donde queramos y nunca miramos hacia atrás, pero cuando el tiempo pasa, nos damos cuenta de que ni la vida es tan larga ni el futuro lejano, que las fuerzas se empiezan a terminar y que al mirar para atrás sentiremos nostalgia por el tiempo que perdimos y, a veces, hasta por las personas que se fueron.

Por tanto, es necesario vivir con los ojos en el presente, disfrutando lo que tenemos y abrazando mucho a quienes todavía nos acompañan. Recordemos a nuestros mayores si no podemos visitarlos, hagamos esa llamada, enviemos ese mensaje que ellos siempre están esperando, no los matemos en vida, no los abandonemos al olvido, no los tratemos al apuro, démosle la importancia que merecen.

Finalmente, memoricemos que ‘después’ siempre será tarde. Tengamos claro que si postergamos lo importante terminaremos arrepentidos. Amar es estar, como decía Emily Dickinson: “El para siempre está hecho de muchos ahoras”.




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