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Año de la Universalización de la Salud
MIÉRCOLES 12

de agosto de 2020

ACONTECIMIENTOS

A un año del bicentenario

2/8/2020


Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía

Cuando en julio de 1821 se juró la Independencia, un Perú diferente asomaba. Este ritual fundacional quería marcar el pasado colonial y a la vez el esperanzador futuro republicano. Pero no era ni es fácil. Ahora sabemos lo espinoso que ha sido llevar a cabo el sueño de un país cuyas formas de convivencia sean saludables y a la vez equitativas. Casi dos siglos después, lo que tenemos es una dimensión onírica anhelada, fusionada con capas intermitentes de pesadilla. En nuestro país las batallas son diarias. Somos una combinación permanente de promesas y posibilidades, pero muchas veces hemos caído hacia el lado más oscuro como nación.

A pesar de que las formas del mal han querido triunfar, los peruanos en sus diversos sectores sociales han logrado erguirse y sobreponerse. No solo estamos compuestos de tragedias y de infinitas tristezas, sino también de brotes de luz, de momentos corales de felicidad. Y eso es lo que, además, debemos recordar. Nuestra memoria lo requiere. La parte más bondadosa y solidaria ha aparecido en momentos durísimos y, como ahora, cruelmente críticos. Sabemos que el amor no es suficiente para vencer las adversidades, pero nos empuja a resistir, a mirar a nuestro vecino con la empatía necesaria para reconocerlo como paisano y compatriota. Es que nuestra historia como colectivo todos estos años de emancipación es también una bitácora de victorias, de alegrías compartidas, de herencias y legados magníficos.

Es el ciudadano común y corriente que demuestra cotidianamente la verdadera fortaleza que se proyectó desde 1821. Así, cuando nos enfrentamos al sistémico racismo, hacemos patria. Cuando alzamos la voz ante las injusticias y las desigualdades, hacemos patria. Cuando en los lugares más remotos del país una niña va al colegio y tiene a otro docente valiente que la espera, hacemos patria. Cuando los profesionales de la salud se enfrentan a la muerte y salvan vidas, hacemos patria. Es que la patria no es una abstracción, un ente flotante, un imaginario relato. No. La patria es nuestra familia, nuestro vecindario, nuestra provincia, nuestra región. El Perú es de carne y hueso, respira, sueña, trabaja, resiste. La patria no está hecha solo de palabras.

Es que el peruano no es el enemigo de otro peruano. El verdadero enemigo es la discriminación, la ignorancia, la claudicación de los principios, la corrupción. Nuestra total derrota sería cuando claudiquemos ante esas taras que evitan que todo el potencial y talento de los peruanos salga a flote. Por ello, la cercanía del bicentenario nos recuerda que hay tantas cosas por hacer, tanto por edificar, tantas maneras de concebir aún que nuestra patria sea posible y, cada vez, un lugar adecuado para vivir. El sueño continúa, el proyecto de una comunidad de ciudadanos que a pesar de sus diferencias puedan dialogar, permanece.




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