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APROXIMACIONES

Acabar con la pobreza es posible

El último análisis de Naciones Unidas en Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2019 indica que los niveles de ingreso per capita se estancaron o disminuyeron esencialmente en un total de 47 economías en desarrollo y en transición el año pasado.

8/2/2019


Liu Zhenmin

Secretario General Adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas

Esto plantea un enorme desafío, ya que los países se esfuerzan por reducir la pobreza, desarrollar infraestructura esencial, crear empleos y apoyar la diversificación económica. El débil desempeño económico también está vinculado con una inversión insuficiente en educación de calidad, servicios de salud, protección social, programas para grupos marginados, y mitigación y adaptación al cambio climático.

Un crecimiento más rápido del PBI por sí solo no necesariamente conducirá a grandes mejorías en los estándares de vida. Las profundas desigualdades también persisten en la distribución del ingreso dentro de los países, actuando como una barrera importante para el progreso del desarrollo. La alta desigualdad dentro de los países se asocia con la exclusión social y la fragmentación; fortalecimiento institucional y gobernanza; y mayor riesgo de violencia y conflicto interno.

Se necesitan transformaciones fundamentales en el futuro para reducir las brechas de ingresos entre y dentro de los países. Según estimaciones de la ONU, sin cambios significativos en el comportamiento, más del 7% de la población mundial puede permanecer en la pobreza para el 2030.

Las medidas políticas integradas y transversales que aumentan las perspectivas de crecimiento económico y reducen las desigualdades de ingresos son esenciales. Esto incluye invertir en educación, atención médica, resiliencia al cambio climático e inclusión financiera y digital para apoyar el crecimiento económico y la creación de empleos a corto plazo, al tiempo que se promueve el desarrollo sostenible a largo plazo.

La estabilidad macroeconómica y un marco político sólido orientado hacia el desarrollo, incluido un sistema financiero sólido y que funcione bien, son elementos clave para abordar con éxito la desigualdad. Las políticas fiscales bien diseñadas pueden ayudar a suavizar el ciclo económico, proporcionar bienes públicos, corregir fallas del mercado e influir directamente en la distribución del ingreso.

La ampliación del acceso a la educación de calidad también es crucial, junto con las políticas de empleo, como el aumento de los salarios mínimos y la expansión de la protección social. La priorización del desarrollo de infraestructura rural, mediante la inversión pública en transporte, agricultura y energía, también puede apoyar el alivio de la pobreza y reducir las desigualdades dentro de los países.

El mensaje general es claro: los llamamientos para erradicar la pobreza no tienen sentido sin una acción política concertada y comprometida para reducir la desigualdad.