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DOMINGO 26

de enero de 2020

IMÁGENES EN EL TIEMPO

Aeropuerto Jorge Chávez: cuando nace un aeródromo

El Jorge Chávez se inauguró en dos momentos: en 1960 como aeropuerto Lima-Callao y en diciembre de 1965, cuando fue lanzado con todos los estándares que exigía la aviación comercial de esa época. El viejo aeródromo de Limatambo quedaba chico para un nuevo momento de la historia aérea del país y el mundo.

5/1/2020


Era 30 de diciembre, 1965 se despedía, la gente se apuraba en comprar el cotillón y el mundo andaba –como tantas veces, Pedro– con el alma en vilo: Estados Unidos, en colaboración con la antigua URSS y el Vaticano, lanzaban una gran ofensiva sobre Vietnam y el Vietcong.

A las 7:30 de la noche de ese día, en otra esquina del mundo, en el Callao, el presidente Fernando Belaunde Terry, ante sus ministros, el cardenal Juan Landázuri, el alcalde de Lima y el presidente del directorio de Corpac (Corporación Peruana de Aeropuertos y Aviación Comercial), daba un breve discurso en el que destacó que la obra, que duró dos años, se hizo sin préstamos extranjeros, sino con dineros de la Caja de Depósitos.

El flamante Aeropuerto Internacional Jorge Chávez recibiría un flujo de 10,000 personas, y su enorme torre de control alumbraba la oscuridad de la pista de dos millones y medio de metros cuadrados. Tenía el nombre de Chávez el peruano que cruzó los Alpes en un monoplano Blériot XI en el lejano 1910.



Era jueves y se esperaba que para el primer martes del 66 empiece a funcionar el Jorge Chávez, pero Belaunde dijo ahora o nunca. El primer avión que aterrizó fue un vuelo “de itinerario” de la desaparecida empresa nacional APSA (siglas de Aerolíneas Peruanas S.A.). Sobre las 10 de la noche, pájaros de acero comenzaron a llegar con sus pasajeros provenientes de los extramuros de la peruanidad.

Tras recorrer por más de 40 minutos las instalaciones con la comitiva oficial, y recibir una lluvia de aplausos en el Hall de Pasajeros, los cronistas de la época cuentan que Belaunde, desde los pies de la fuente ornamental, alabó nuevamente la enorme torre de control, la estructura de forma octogonal del nuevo aeropuerto, tan moderna, y luego se marchó en su automóvil oficial.

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La del Jorge Chávez es una historia con dos inicios. Porque cinco años antes, en 1960, otro presidente, también en olor a multitudes, Manuel Prado, inauguró el aeropuerto internacional de Lima-Callao, en las mismas instalaciones (sin torre de control ni modernidades posteriores, claro está).

Sucedió el sábado 29 de octubre del año sesenta y había urgencia para reemplazar al aeropuerto de Limatambo, que ya quedaba en medio de la ciudad, en constante crecimiento urbanístico (los lotes vendidos de la flamante urbanización Corpac sirvieron para financiar parte de los 200 millones de soles de la obra).



Pero había un motivo más técnico: los aviones “a chorro” necesitaban pistas de una determinada longitud que el viejo Limatambo ya no podía dar, y corríamos el riesgo de quedar fuera del panorama aéreo mundial. Los pobladores de “la barrida marginal Reynoso” eran los más entusiastas, mientras los niños de las escuelas 504 y 507 agitaban sus banderitas en el puente Corpac frente a la caravana de automóviles lujosos en los que llegó la comitiva presidencial.

El mundo era nuevo, como una novela de García Márquez, y en 30 días habían construido los tres kilómetros que separaban la avenida Argentina del nuevo aeródromo. Era la prehistoria de la futura avenida Faucett.

Tiempos con leyes laborales de juguete, los obreros que laboraron en construir el aeropuerto trabajaban hasta 16 horas.

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Todos gritaron hurra cuando los Camberra, aviones “a propulsión a chorro” de la FAP aterrizaron en la pista de 3,507 metros de largo del nuevo aeródromo nacional.



Al día siguiente, domingo 30 de octubre de 1960, el aeropuerto entró en funcionamiento con el ingreso y salida de “un avión jet”. El lunes y el martes aterrizaron aviones de la línea Panagra. Los seguirían vuelos de Air France, Braniff, KLM y Canadian Pacific.

Tres meses después aterrizarían las naves de firmas peruanas y latinoamericanas como Apsa, Apa, Línea Aeropostal Venezolana, Faucett, Satco y Lan-Chile.



Llámelo marketing o novelería, pero desde la plaza San Martín (de donde partía el tranvía a Miraflores y Barranco, que funcionó hasta ese año), las unidades del Servicio Municipal de Transportes (SMT) comenzaron a hacer el recorrido al flamante aeropuerto a tres soles el pasaje directo.

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Belaunde no solo cambió el nombre de la construcción del aeropuerto internacional Lima-Callao por el de Jorge Chávez (sus restos llegaron al Perú en 1957 y había una corriente a favor de su reivindicación en la historia de la aviación nacional), sino que también modernizó la construcción.

Las obras de modernización se iniciaron en 1964, tomaron 11 meses y fue diseñada por cinco arquitectos, todos peruanos: Carlos Arana, Antenor Orrego, Jian Torres, Miguel Bao y Luis Vásquez.

Gracias al respaldo presidencial, la obra fue considerada en 1965 como el aeropuerto mejor dotado de instalaciones eléctricas de América del Sur. (José Vadillo Vila)

Equipos

La torre de control utilizó equipos de radar Selenia, de fabricación italiana, desde 1978 hasta 1994, cuando Corpac instaló la central de comunicación de aeronavegabilidad.