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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 18

de julio de 2018

PERFIL

Antonio José de Sucre

Los historiadores señalan que fue el militar más completo y cabal en la guerra de la independencia sudamericana. Soldado por herencia –desde su tatarabuelo hasta su padre fueron militares–, vencedor en cien batallas, entre ellas la de Ayacucho –reina de las batallas–, político, ministro, estadista y primer presidente de Bolivia. Fue el brazo derecho del Libertador Simón Bolívar. Tuvo una vida intensa, pero desgraciadamente corta. A continuación, un breve retrato de este gran protagonista de la gesta emancipadora.

24/12/2017


Domingo Tamariz

Periodista

Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá nació en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795. Fueron sus padres el teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y María Manuela Alcalá. Perdió a su madre a los 7 años. Aún adolescente, fue enviado a Caracas para estudiar matemáticas e ingeniería en la escuela de Joseph Mires –militar y matemático irlandés–. En 1809 integró como cadete la Compañía de Húsares Nobles del rey Fernando VII.

Cuando estalló la guerra por la independencia de Venezuela (1810), abandonó sus estudios para incorporarse a las tropas de Francisco de Miranda. Ese mismo año, la Junta Revolucionaria de Cumaná le otorgó el grado de subteniente de milicias. Antonio José contaba apenas con 15 años. Fue el comienzo de una rauda y maravillosa carrera militar.

Al año siguiente fue reconocido como teniente del Real Cuerpo de Ingenieros (1811). Al caer la Primera República (1812), emigró a la isla Trinidad, de donde regresó en 1813 para unirse al general Santiago Mariño en la empresa de liberar a su pueblo. Un año después, luego de varias batallas victoriosas, recibió el grado de capitán. Al poco tiempo, Mariño lo nombró su edecán, hasta que emigró a Cartagena de Indias al perderse la Segunda República (1814).

Y en ese azar, en 1815 obtuvo el rango de teniente coronel, y en 1817 la insignia de coronel –a pesar de que contaba apenas con 22 años–, gracias a su habilidad y don de estratega. Sorprendente, ¿no?

Aquel año abandonó al general Mariño cuando este realizó una maniobra política con el fin de desconocer la autoridad de Simón Bolívar, quien, después de varios años de porfiada lucha, había sido reconocido como único líder en la guerra por la independencia. Sucre se presentó ante Bolívar en Angostura (hoy ciudad Bolívar) y pasó a ejercer la comandancia del Bajo Orinoco. Así comenzó una duradera amistad entre ellos. Sucre era doce años menor que Bolívar, delgado y un poco más alto. Los dos eran masones, además de parientes: sin saberlo ambos, tuvieron abuelos comunes.

Simón Bolívar lo nombró gobernador de la vieja Guyana y comandante general del Bajo Orinoco, y al mes siguiente lo instó a reducir al general Mariño, su anterior jefe, a la obediencia del gobierno. Sucre logró, así, restablecer la autoridad del Libertador entre los jefes orientales.

En 1819, Bolívar le entregó el grado de general de división, y lo nombró jefe del Estado Mayor, y después ministro interino de Guerra y Marina.

Al lado de Bolívar luchó en las batallas de Boyacá (Bogotá, 1819) y Carabobo (Caracas (1821). Luego dirigió el ejército patriota, que triunfó en la batalla de Pichincha (Quito, 1822). Estas victorias completaron la independencia de la Gran Colombia, que integraron Venezuela, Panamá, Colombia y Ecuador.

En 1823 llegó al Perú enviado por Bolívar. Asistió a la batalla de Junín (6 de agosto de 1824) y asumió el comando del Ejército Libertador en la gran batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), que puso fin a la denominación española en el continente. Victoria que le valió el título de Gran Mariscal de Ayacucho.

En 1825 promovió el nacimiento de la República de Bolivia, que gobernó entre 1826 y 1828.

Al regresar a la Gran Colombia volvió a colaborar con Bolívar. Recibió entonces el encargo de dirigir la campaña de Colombia en su guerra con el Perú. Ganó la batalla de Portete de Tarqui y consiguió que el ejército peruano se retirara de suelo grancolombiano en 1829.

El 20 de enero de 1830, después de presidir el último Congreso de la Gran Colombia, Sucre decidió viajar a Quito para reunirse con su familia y, así, acaso por primera vez, disfrutar de la paz del hogar. En ese sino, la mañana del 4 de junio de 1830, el Gran Mariscal de Ayacucho fue emboscado y luego asesinado por los enemigos de Bolívar, en la montaña de Barruecos, en el sur de la actual Colombia. Al enterarse Bolívar de tan dolorosa noticia, exclamó: “¡Santo Dios, han matado a Abel!”. Cifraba los 35 años y ya lo había ganado todo.