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Apuesta por una salida pacífica

El lunes pasado fue un día decisivo en la lucha por el retorno de la democracia en el hermano país de Venezuela. Mientras que la mayoría de países europeos reconocieron la legitimidad del presidente encargado, Juan Guaidó, para dirigir los destinos del país suramericano, el Grupo de Lima se reunió en Ottawa para definir el rumbo que seguirá la presión que ejerce la comunidad internacional contra el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro.

6/2/2019


El primer acuerdo unánime fue la reafirmación de los países democráticos de la región al total rechazo del uso de la fuerza como un medio de solucionar el conflicto venezolano. Desde la conformación del Grupo de Lima, sus integrantes estuvieron de acuerdo con realizar una presión diplomática y económica para que Venezuela vuelva por la ruta del Estado de derecho.

Las naciones democráticas de la región conocemos que cualquier intento de uso de la fuerza contra Venezuela agravaría la situación. Por eso, todas las medidas asumidas por el grupo han sido de corte diplomático y en segundo término, el bloqueo económico con el único fin de resguardar el patrimonio de los venezolanos. Noticias acerca del traslado de toneladas de oro al extranjero por parte de la cúpula de Caracas, sin mayor rendimiento de cuentas, preocupa a todos porque este es el único patrimonio de todo el pueblo venezolano y se necesitará este recurso para reconstruir el país, luego del paso del chavismo en el poder.

En segundo término, la reunión de Ottawa sirvió para confirmar la hoja de ruta democrática, que el mismo presidente encargado Juan Guaidó ha presentado a la comunidad internacional. El objetivo principal del gobierno provisional será la convocatoria de unas elecciones libres y justas al corto plazo con todas las garantías electorales. Esto significará un cambio profundo de la actual estructura electoral del gobierno chavista, ya que no ofrece ninguna garantía de imparcialidad.

Además, queda claro que el Grupo de Lima no rehúye al diálogo como método para solucionar las controversias. En negociaciones anteriores con el auspicio de la Iglesia, el mismo Nicolás Maduro se burló de los acuerdos logrados. Por eso, es claro que el único propósito de “conversar” es ganar tiempo en el poder.

Por último, la propuesta del envío de ayuda humanitaria al sufrido pueblo venezolano se volvió un asunto de urgencia. Sobre todo, se requiere la atención de personas que no pueden acceder a medicinas y literalmente se tienen que resignar a morir en las puertas de los hospitales porque no existen medicamentos, ni recursos estatales para adquirirlos.

Los países de la región han pedido el apoyo de las instituciones especializadas de las Naciones Unidas, la Cruz Roja y la Media Luna Roja internacional para que se encarguen de la distribución y el reparto de estos recursos, gracias a la generosidad de algunos países.

No obstante, la soberbia de Maduro rechaza esta ayuda y parece que prefiere ver morir a su pueblo que recibir ayuda internacional. Esperemos que recapacite y acepte este apoyo que tanto necesita el pueblo venezolano. La cita terminó con un nuevo miembro en el Grupo de Lima. Bienvenido el gobierno provisional de Venezuela.