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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 21

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EMILIO RODRÍGUEZ-LARRAÍN (LIMA 1928-2015)

ARTISTA FECUNDO

Durante su carrera, transitó entre la pintura, la escultura y el arte conceptual. Rodríguez-Larraín se nutrió en la estética de las culturas precolombinas, por lo cual su obra es una síntesis vanguardista que se nutre de 5,000 años de arte popular.

Rodríguez-Larraín fue bisnieto del presidente José Balta y Montero, que gobernó el Perú entre 1868 y 1872, habiendo sido el impulsor del Contrato Dreyfus para explotar el guano y del más grande programa de construcción de ferrocarriles. El artista nace en el seno del matrimonio conformado por Fernando Rodríguez- Larraín Sáenz y Sofía Balta Hugues, nieta del ex mandatario.

9/3/2016


Marcelino Aparicio maparicio@editoraperu.com.pe

En el periodo que va de 1934 a 1944 estudia en el Colegio Champagnat. De esa época data su amistad con quien luego sería el gran narrador Julio Ramón Ribeyro, autor de Los gallinazos sin plumas y Los geniecillos dominicales. Con 17 años, ingresa a la sección de Arquitectura de la Escuela de Ingenieros (hoy Universidad Nacional de Ingeniería), donde tuvo como maestros a Héctor Velarde, Paul Linder y Luis Miró Quesada Garland. Allí también conocería al arquitecto Fernando Belaunde Terry, que llegó a ser presidente del Perú de 1963 a 1968, y de 1980 a 1985.

Presentó su primera muestra individual en 1950, en la Galería de Lima, dirigida por Francisco Moncloa, y teniendo como mentor al artista iqueño Sérvulo Gutiérrez. En 1951 viaja becado a Madrid, España, junto con Alfredo Ruiz Rosas y Joaquín Roca Rey. En Barcelona conoce y trabaja con quien llegó a ser su amigo: el pintor español Joan Miró, uno de los máximos exponentes del surrealismo.

En 1956 llega a París, Francia, donde conoce a Colette Dégrange, su futura esposa. Son años de vitalidad creativa: expone en Florencia, París, Copenhague y Milán. Su obra pasa de una suerte de expresionismo abstracto al primitivismo concreto. Al iniciar la década del 60 conoce a quien llegó a ser su gran amigo: el artista Marcel Duchamp.

Proyectos

Un aspecto importante en su obra es su fascinación por el arte y la arquitectura prehispánicos, especialmente aquel que se yergue en amplios espacios en el desierto costeño como las Líneas de Nasca, Chan Chan o las huacas Moche y Chimú.

Esta búsqueda lo lleva a un estudio minucioso de las técnicas de construcción, como el tapial chimú. En los años 80, Emilio Rodríguez-Larraín empieza a proyectar una escultura monumental en el tablazo de Ica bajo el nombre de ‘Memorial’. El complejo iba a tener 89 metros de largo, 34 de alto y 26 de ancho. El proyecto no logró el financiamiento anhelado.

En 1985 viaja a Berlín becado por la Deutscher Akademischer Austauschdienst (DAAD) y allí emprende el diseño de otro proyecto monumental ligado al arte prehispánico: “Refugios de los Andes”, concebido en coordinación con su hija, la arquitecta Sofía Rodríguez- Larraín. Este trabajo se hace bajo la premisa de que podría funcionar como “tambos”, de salud, educación y agricultura en el Callejón de Conchucos. Uno de los refugios de los Andes se construyó en 1999 en los jardines del Museo de Arte de Lima. En 1986, construye su “apacheta”. Algunas referencias señalan que en el mismo periodo coloca otras piezas escultóricas en Nasca e Ica. “Es una apropiación del espacio desde el arte”, advierten los estudiosos. Al año siguiente, de su relación con la pintora peruana Cynthia Capriata, nace Sebastián, su cuarto y último hijo, quien radica en Nueva York.

Aquejado por una enfermedad, se retira a sus cuarteles de invierno acompañado de sus seres queridos. Finalmente, fallece en Chorrillos el 23 de diciembre de 2015 en la casa de su hija Sofía, dejando una obra de arte que perdurará en el tiempo. Su figura se mantiene incólume en la historia de las artes plásticas del Perú, y es fuente inspiradora para la juventud del país.

Máquina de arcilla

En su obra destaca un monumento de barro. Tiene laberintos geométricos y fue realizado con la técnica del tapial chimú. Se trata de La Máquina de Arcilla, proyecto realizado en la playa de Huanchaquito entre 1987 y 1988, como parte de la III Bienal de Trujillo. Es una obra que reta al tiempo, al paisaje y a la imaginación. Muchos la han calificado como “huaca moderna”. Concebida como un homenaje a Chan Chan y a los alfareros chimús, el artista consideró que el olvido “la iba a golpear tanto como la lluvia, el Sol o la brisa marina”. No le faltaba razón. El monumento sigue en pie, a pesar de que no ha sido sometido a ninguna labor de restauración y ante la incomprensión de las autoridades que ignoran que es parte de la historia.

Actualmente, se prepara un proyecto para que ese monumento sea el eje de un Centro de Cultura Viva, donde se genere empleo en torno a actividades como la pesca artesanal, la alfarería, e incluso integrarlo al circuito turístico de Chan Chan y las huacas de La Luna, Arco Iris y Esmeralda.

Previamente, se alista el expediente para solicitar la declaración de intangibilidad del terreno donde está La Máquina de Arcilla, como paso previo para solicitar que sea declarado Patrimonio Cultural de la Nación. Sebastián Rodríguez-Larraín trabaja en la creación de la fundación que llevará el nombre del ilustre artista limeño.

Experiencia vital

En 1992, se muda a Miami, (EE. UU.), donde experimenta el paso del huracán ‘Andrew’. Salva la vida refugiándose en una residencia. Tras el desastre, recoge restos de ventanas de las casas, puertas y realiza una serie de obras. Es singular su Autorretrato cadavérico con toronjas de Coral Gables. Para este trabajo utilizó frutos caídos durante el terrible fenómeno. En 1994, en París, realiza la obra Cucos de París, calaveras pintadas en tono expresionista. Por aquellos tiempos, su amigo Julio Ramón Ribeyro cae enfermo. El autor de La palabra del mudo moriría en Lima en 1994.

Este martes 15 se inaugura la exposición en homenaje a Emilio Rodríguez-Larraín en el Museo de Arte de Lima (Mali).