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MARTES 15

de octubre de 2019

Atento con la hepatitis

Conozca los virus que la causan y cómo prevenir el contagio.

30/7/2019


Cansancio, falta de apetito y dolor de garganta son algunos síntomas comunes que fácilmente se pueden confundir con una simple gripe; sin embargo, al persistir estos malestares se debe considerar que el organismo podría estar reaccionando frente a un caso de hepatitis.

“Existen cinco tipos de virus que son los más comunes: hepatitis A, B ,C, D y E. De ellos, solo la hepatitis A tiene generalmente un curso benigno y no deja secuelas crónicas ni causa cáncer de hígado”, explica Martín Tagle, gastroenterólogo y hepatólogo de la clínica Anglo Americana.

Prevención y cuidados

Las B y C son las causas más comunes de hepatitis viral crónica. Son silenciosas y detectadas muchas veces cuando ya hay cirrosis avanzada o incluso un cáncer.

En la hepatitis A, el virus está presente en las heces y casi siempre se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. Se previene mediante higiene, lavado de las manos y aseo personal.

El virus de la hepatitis B se contrae por el uso de jeringas contaminadas, tratamientos dentales, cirugías, manicure, pedicure, tatuajes, y de madre a hijo durante el parto, así como por relaciones sexuales sin protección. Se podrían presentar los siguientes síntomas: orina oscura y malestar; pero generalmente es detectable mediante análisis.

La hepatitis A y B se pueden prevenir mediante la vacunación, que se recomienda sobre todo en los recién nacidos.

La infección a largo plazo por el virus de la hepatitis C se le conoce como crónica. Generalmente es una infección asintomática de años, hasta que el virus daña el hígado lo suficiente como para ocasionar sangrado, hematomas, orina de color oscuro, coloración amarillenta en piel y ojos, desorientación, hinchazón de piernas. Se recomienda por ello realizarse un despistaje de hepatitis C a todas las personas que alguna vez en su vida hayan recibido una transfusión de sangre así sea hace décadas.

Para establecer el riesgo de cirrosis hepática actualmente se cuenta con metodología no invasiva llamada elastografía o conocida como fibroscan, que puede detectar con excelente grado de precisión la presencia de fibrosis (tejido de cicatriz que precede a la cirrosis) en los casos de hepatitis crónica B y C.