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LIMA DE LOS TUSÁN

Barrio chino: el Cercano Oriente

A propósito del Año Nuevo Chino, que tiene como protagonista al Perro de Tierra, demos una mirada al Barrio Chino de Lima, el principal espacio tradicional de los descendientes del gigante asiático en el Perú.

4/3/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El Barrio Chino es el Cercano Oriente para miles de peruanos que transitan y lo saborean a diario. 

Decir “miles” no es facilismo del verbo periodístico, en tiempo de las noticias “impactantes”.

Sume los cientos de funcionarios de las instituciones públicas del Centro de Lima que, en camaradería, se dan su gustito a la hora del almuerzo y visitan los chifas del Barrio Chino.

En las mesas adyacentes se dan un respiro los compradores minoristas que llegan para mejorar la oferta de sus negocios con mercadería made in China, que se distribuye en las galerías y los lomos de los cargadores con epicentro en el jirón Puno y Mesa Redonda.

Y dos mesas más allá, los peruanos que viven en el exterior han retornado, visten shorts, gorritos y lentes oscuros (no me pregunten por qué) y homenajean el paladar de los recuerdos, invitando a toda la parentela a disfrutar de un delicioso yantar de fiesta con sopa wantán incluida.

El uso de los palitos chinos dejó de ser un sello de los chifas tradicionales. Hoy el 95% de las mesas se sirven los platillos con tenedor y cuchillo.

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Los chifas de la calle Capón fueron los primeros en aparecer en Lima. Esta calle corta como pase de matador al Mercado Central. A una cuadra se ubica la avenida Abancay, eje de la peruanidad con nombre provinciano y costumbres globalizadas. Al otro extremo, el jirón Paruro.

Pero a mediados de los años ochenta, de esos chifas de abolengo en la capital, solo quedaba un chifa en el Barrio Chino, ¿por qué? Fueron los tiempos cuando el comercio ambulatorio ahogó a los comercios formales del Mercado Central. Duró más de una década.

Recién a finales de la década de 1990, luchando contra los enemigos políticos, el alcalde Alberto Andrade pudo erradicar a los ambulantes, que hoy han vuelto en pequeña escala, a tentar la modorra del serenazgo.

Dice la historia que los culíes, a inicios del siglo XX, labraron este barrio, que sería definido por el arco que hasta ahora da la bienvenida a los visitantes.

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La historia empezó en 1849, cuando al puerto del Callao arribaron los primeros 75 chinos. Habían leído en Macao un aviso solicitando braseros para trabajar en las tierras de un país de los extremos de Occidente, el Perú.

Llegaron con sus trenzas, sus túnicas rojas y amarillas, sus costumbres, su idioma. Llegaron en calidad de semiesclavos, de mano de obra barata, a un país dominado por el castellano. El Estado peruano de esos años se prestó para esa inmigración a la mala, luego de dar libertad a los esclavos negros y acallar el pedido de los terratenientes.

La expansión china en el Perú fue rápida. En solo un cuarto de siglo arribaron 100,000 chinos, que fueron mimetizándose. La simbiosis cultural serían los tusán, los chinos nacidos en el Perú, producto del mestizaje.

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El viernes 16 de febrero se celebró la llegada del Año Nuevo Chino. Y desde la Beneficencia China, jóvenes danzarines salieron dándole forma al dragón chino, que baila y recorre los negocios del Barrio Chino limeño mazamorrero anunciando la llegada del Año del Perro de Tierra.

Niños y adultos compraron amuletos del animal considerado el mejor amigo del hombre y vieron el espectáculo acrobático. Dicen los conocedores que el perro traerá mucho trabajo y prosperidad.

En las décadas de 1960 y 1970, el dragón chino podía llegar a los 100 metros de largo y necesitaba más 120 personas para hacer de su alquimia una realidad. Los mejores fuegos artificiales se reventaban esa noche. Y las academias chinas aprovechaban para que sus alumnos más destacados muestren su trabajo en artes marciales a todos los visitantes.