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MADRE DE LAS REPORTERAS GRÁFICAS DEL PAÍS

Beatriz, primera fotorreportera

En el Perú de 1973, Beatriz Suárez se convirtió en la primera mujer en incursionar en el oficio destinado en su época solo a los varones. Les da un consejo a los jóvenes fotorreporteros: aprendan a mirar.

14/3/2019


Texto y fotos

Luis Iparraguirre

liparraguirre@editoraperu.com.pe


“¿Acaso no tienes que cuidar a tus hijos?”, escuchó mientras caminaba por el antiguo pasillo de un diario que ahora ya no existe. Beatriz volteó para ver quién le había lanzado semejante disparate y vio a un grupo de hombres, sin poder distinguir entre ellos a su agresor. Siguió su rumbo y escuchó a sus espaldas otra frase, tan cobarde que vino como un susurro: “Seguro viene a tomar fotos carné”.
Beatriz Suárez –“chalaca de nacimiento y de corazón”, como se define–, supo en ese instante que ser la primera mujer reportera gráfica del Perú implicaría más que un reto profesional. Entonces hizo visible la fortaleza que la caracterizaba para afrontar el machismo y el desdén de sus colegas.

“Mis colegas no me miraban bien. Me parecían graciosas sus frases misóginas, pero luego me aceptaron, por suerte, como una colega más”, cuenta tratando de controlar los temblores de su mano, debido a una enfermedad hereditaria.



Reclamos. Mineros del interior del país llegan a la capital.  

Ella empezó cuando la tecnología no tenía la magia de hoy y las cosas eran más difíciles para un fotorreportero. “La cámara que usaba era una Rolleiflex de formato 6 x 6, inmensa, preciosa... Solo tenía 12 tomas por rollo. Cada foto era pensada, buscabas la precisión; ahora es más fácil, la tecnología hace que aprietes el obturador y salen 20 fotos continuas, y de ellas escoges una”, reflexiona en su casa, en Limatambo.




Los años de Velasco

Empezó a trabajar en 1973, cuando la noticia del país era la amputación de la pierna derecha del presidente de facto Juan Velasco Alvarado, quien había llegado al poder cinco años antes y en 1969 había promulgado la Reforma Agraria. En Lima se respiraba tensión. Eran los años del poder militar y Beatriz capturaba en su lente las imágenes del día a día para la historia.



Plaza tomada. Los tanques del Ejército salen a las calles.

Con cuatro hijos y una inmensa cantidad de recuerdos, Beatriz reflexiona sobre el porqué de su incursión en la fotografía: “Mi esposo, quien ya trabajaba como periodista, me dijo un día: ‘No te imaginas lo que es ver cómo una imagen aparece mágicamente en el líquido revelador’. Esa frase, para mí, fue determinante. Por eso estudié laboratorio”, recuerda.

Mi primera comisión

Luego, ya con algo de experiencia con la luz de la ampliadora y los químicos para el revelado, se atrevió a sostener una cámara fotográfica. Fue por esos días que presenció un accidente. Ella se encontraba sola frente a la noticia.

Presa de la emoción, por saberse la única que fotografió el suceso, vendió las imágenes en calidad de primicia para un diario local. Con el dinero que le pagaron solo pudo comprar un chocolate, pero la satisfacción profesional fue tanta que no se podía monetizar (hay cosas que el dinero no puede comprar).

Y la crónica policial no se refería al accidente. La noticia fueron sus fotos en calidad de primicia. “Ha nacido una reportera gráfica”, escribió el periodista. “Y es así que empecé en el mundo del periodismo”, nos cuenta emocionada Beatriz, quien trabajó en La Prensa, el diario que fue la famosa y mítica “escuelita” del periodismo peruano.



Cotidiano. Suárez buscó la belleza en personajes del día a día. 

El arte de mirar

Mientras nos enseña sus retratos y fotografías, llenas de sensibilidad, crudeza y belleza, Beatriz se atreve a darles un consejo a los nuevos fotógrafos que desean incursionar en el periodismo: “Les diría que aprendan a ver: desde una niña sentada en el suelo, hasta la mirada de una persona caminando por la calle. Cuando uno aprende a ver, recién podemos capturar una imagen con una cámara fotográfica”.

Es increíble –piensa en voz alta– cómo en un recuadro tan pequeño se puede capturar parte de la belleza de la vida: desde las cicatrices de la pared de una vieja quinta hasta la mirada inofensiva y sin un gramo de malicia de una niña.



Personajes. Un niño captado en una barriada de Lima.

Adiós a la fotografía

Pero lo que resulta más aleccionador, lo que es un verdadero ejemplo de cómo tomar la vida es que luego de tanta lucha, de tanta pelea, pueda abandonar un mundo que le costó construir: “El retiro para un fotógrafo se da solamente cuando encuentras algo más bello que la fotografía”.

Beatriz Suárez dejó el fotoperiodismo a inicios de los noventa y se reencontró con su carrera profesional, la Historia, “un lugar de belleza suprema” en el que ocupa –por ahora– la mayor parte de su tiempo.

Solo nos queda agradecerle por abrirles la puerta a muchas colegas fotógrafas que ahora brillan con luz propia con sus trabajos. Sin embargo, cada una de ellas sabe que ser buena en su labor depende únicamente de su propio esfuerzo, pero ser la primera es solo un título que se lo ganó Beatriz.



La frase. “El retiro en un fotógrafo se da solamente cuando encuentras algo más bello que la fotografía”.