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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 18

de febrero de 2020

Besos sin fin

Intereses botánicos juntaron a un alcalde con un artista, sin sospechar que esa reunión supondría la primera piedra de la construcción de un parque para celebrar el amor, que ya es uno de los 50 destinos más románticos del mundo.

14/2/2020


Suplemento Variedades


Texto Luis Francisco Palomino

Hace poco me enteré de la clausura de 548 hostales “insalubres” e “inseguros” en San Juan de Miraflores, distrito donde vivo. Ya sabía de lo fácil y rápido que es encontrar una cama de tránsito en estos lares sureños (con Netflix, wifi y agua caliente) ¡pero no imaginaba que hubiera tantos!

Seguro que la noticia dejará a varios de mis vecinos con menos opciones donde pasar su 14 de febrero, día de San Valentín, en esta nota les hablaré de uno de los 50 destinos más románticos del mundo, según la revista National Geographic. 
Se trata del Parque del Amor, en el malecón Cisneros, un nido para jóvenes enamorados que sitúa a Miraflores al lado de tradicionales capitales del corazón: París y Venecia. Esta especie de medio anfiteatro, con vista al océano Pacífico, fue pensada por el exalcalde de Lima Alberto Andrade Carmona. 

Por eso el lugar lleva su nombre, aunque se le conozca mejor por esa palabra bisílaba que tantas emociones genera.

Historia

A inicios de los noventa, el escultor, pintor y artesano peruano Víctor Delfín solía asomarse a su ventana para contemplar a los chiquillos que llegaban a la playa o al mirador, ubicación inmejorable para disfrutar del atardecer, ¡esas horas de cielo naranja!

Estimulado por las discusiones y muestras de cariño de las parejas, empezó a dibujarlas a diario. Luego las trabajó en arcilla. Hubo una que destacaba ante la mirada del artista: dos cuerpos unidos por sus labios. El beso. Esta pieza de 70 x 30 cm fue fundida en bronce y puesta en su oficina.

Justo en esa época, Alberto Andrade ocupaba el sillón municipal de Miraflores. Había iniciado una siembra de plantas en el distrito, un tema que interesaba a Delfín, todavía bisoño en las lides botánicas. La reunión entre ambos, pactada por un amigo en común, Juan Gibson, cambió de rumbo cuando la atención del burgomaestre fue captada por una obra reluciente: El beso.

Entonces le preguntó a Delfín si sería capaz de hacer una réplica de ella, digamos que algo más grande. “Sí”, contestó Víctor. Pero hay que colocarla en el pico de una montaña o en una isla, convino.  

Días después, el funcionario y el artista caminaban por los acantilados de Miraflores en busca de un espacio para El beso. En un parquecito algo descuidado, encontraron una escultura del artista plástico César Campos, amigo de Delfín.

¡Bingo!

Y también sorprendieron a unos tortolitos, los que fugaron a prisa por la súbita presencia del alcalde y su comitiva. Delfín les gritó: “¡No se vayan! Acá les vamos a hacer un lugar para que los respeten, para que nadie los moleste, para que nadie los joda”.

Anécdota

Víctor Delfín, natural de Lobitos, Piura, en aquel tiempo con 66 años, diseñó una maqueta –inspirada en el parque Güell de Gaudí en Barcelona– y se dedicó a la construcción con cemento y yeso mezclado con pigmento rojo de unos amantes de 8.02 metros de ancho por 7.31 metros de alto.

Para agosto de 1992 el artista ya había concluido la escultura, pero aún faltaban algunos acabados en el malecón. Recién en enero de 1993, un funcionario del municipio miraflorino le comunicó a Delfín que el Parque del Amor debía estar listo para el 14 de febrero de ese año. Todo se aceleró en un abrir y cerrar de ojos. Todo por un beso que costaba 30,000 dólares. 

“Contratamos a 150 personas, entre albañiles, jardineros, electricistas, los chicos de bellas artes, etcétera. Desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la noche, con un calor insoportable”, le detalló Víctor Delfín a la periodista María Fernández Arribasplata en el 2013.

El Parque del Amor se inauguró el sábado 13 de febrero de 1993, durante la gestión cultural de Luis Lama, fundador de la Sala Luis Miró Quesada Garland en 1984, y a partir de ahí se ha convertido en testigo de millones de atravesados por las flechas de Cupido y del “Concurso del beso más largo”.   

“Lo interesante es que se logró un espacio para el gran público, para que vaya toda clase de personas sin discriminación de edad… No solamente los enamorados. Que vayan los ancianos, los niños. Me siento orgullo de haber construido un espacio para la sociedad”, dijo Víctor Delfín en 2016, con 89 años.

Previamente había declarado: “El día que deje de amar me muero”.
Con 92 años, Víctor Delfín continúa vivo, tan vivo como la ilusión de los que hoy visitarán el Parque del Amor. Avisados están, queridos y queridas: espacios públicos donde festejar sus sentimientos, hay. Ahorrándose el gasto hotelero, que ¡encima! tiende a subir en esta fecha, les queda un mayor presupuesto para el peluchito y las flores.
Si no se ha convencido aún, vamos con un verso de Antonio Cisneros: “Poco reino es la cama para este buen amor”.