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MARTES 15

de octubre de 2019

CRÓNICA

Biblioteca Nacional ofrece recorridos nocturnos

Visitas programadas son para conocer su Archivo Fotográfico, donde tiene imágenes hechas por el estudio Courret de Lima. Además, se pueden apreciar trabajos de fotógrafos del XIX y XX, como Garreaud, Kroehl y Ugarte, entre otros.

28/9/2019


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

La Biblioteca Nacional del Perú llevó a cabo la segunda edición del evento La biblioteca abre de noche, en el que se dio a conocer a un grupo de visitantes detalles de su preciado archivo fotográfico.

La Madre Patria lleva el escudo hilado sobre el pecho y un sol inca a la altura de las pantorrillas. Sostiene el pendón nacional y se apoya levemente sobre una espada desenvainada de oficial. Un casco de Mercurio le salvaguarda la testa de ensortijada cabellera. 

Se llamaba Sofía Dorca. Y posó para esta imagen inmortal en las Fiestas Patrias de 1897. Llegó al estudio Courret, ese edificio con fachada art nouveau que hasta hoy continúa en la cuadra 4 del jirón de la Unión (calle Mercaderes 197), en el centro de Lima.

La fotografía la tomó Adolphe Dubreuil, entonces cabeza de Courret y Cía., y es una de las más de 50,000 placas de vidrio y acetato que salvaguarda la Biblioteca Nacional del Perú de este archivo fotográfico limeño.

“En realidad fueron tres fotografías que hizo Sofía Dorca con ese traje”, explica Jason Mori, responsable del Archivo Courret en la BNP, en San Borja. Dorca no fue una excepción: entre fines del siglo XIX e inicios del XX era común que las personas, por ejemplo, en carnavales se disfracen no solo de arlequines, sino también de personajes patrióticos.

Otro mito. Si siempre se creyó que las imágenes de novias que iban al altar vestidas de negro fue una respuesta femenina y patriótica a la invasión chilena, Mori abre el abanico de hipótesis: hay imágenes que daban el “sí” con ese look hasta principios del XX. El especialista dice que se podría deber a cierta moda impuesta en el Viejo Mundo tras la guerra de Crimea. Y se ha demostrado también que las mujeres que vemos utilizaban en realidad vestimentas azules y/o marrones.

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Es miércoles por la noche. En el segundo piso de la BNP en San Borja, en la Sala de Fotos y Afiches, 30 personas escucha con atención las explicaciones de Mori, que con paciencia responde las interrogantes sobre la historia de la fotografía en el Perú.






A los visitantes –de diversas profesiones, estudiantes, secretarias, amas de casa, inclusive una niña–, inscritos previamente, les han facilitado guantes y máscaras como requisito para acercarnos al material sensible, imágenes.

“No solo hay fotografías en papel albuminado”, comenta Mori, quien como un mago va sacando de a poco diversos materiales que embelesan a la concurrencia. Entonces el viaje por el tatarabuelo de la selfie lo inicia mostrando una joya: un daguerrotipo impreso sobre metal.

La foto no fue tan fácil e inocua como hoy. Trabajar en los daguerrotipos exponía a los técnicos a materiales muy peligrosos, como los tóxicos vapores de mercurio.

Este formato llegó a Lima a mediados del XIX, con el norteamericano Benjamin Franklin Pease, y hubo inclusive variedades en porcelana (“porcelanotipo”). El gran difusor del daguerrotipo en Lima fue el francés Pedro Garreaud, también importante en esta historia.



Mori, el hombre-foto, habla de Eugène Courret. Llegó a Lima y junto a su hermano Aquiles, abrió en 1863 su propio estudio (el segundo en la capital, el primero fue la Sociedad Fotográfica Moaunoury y Cía., inaugurado dos años antes) y se convirtió en el fotógrafo por antonomasia de la limeñidad y sus habitantes.

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La fotografía no es única. Distintos formatos conforman el todo. Y cada material envejece de manera distinta. Tampoco el archivo BNP se agota en Courret. Por ejemplo, hay un pequeño muestrario de los retratos que elaboró el alemán Charles Kroehle en la Amazonía, a fines del XIX. Y Mori lanza una tarea: averiguar más sobre Rafael Castillo, un fotógrafo de fines del mil ochocientos.

Hay fotografías iluminadas con técnicas artísticas. Y tarjetas de visita, retratos de 6 x 10 centímetros, que son la prehistoria de los álbumes de figuritas. Se volvieron tan populares que la gente no solo intercambiaba estas imágenes personales, sino que empezaron a popularizarse tarjetas del papa, de los reyes, de los presidentes. Hoy eso equivale a un álbum de Panini.

Hay singularidades en esta historia de los albores de la fotografía en el Perú. Por ejemplo, Courret no firmaba sus trabajos; Dubreuil, sí; mientras Garreaud, más sofisticado, utilizaba un logo. Y alguna de Garreaud en realidad tenía el crédito borrado de otro fotógrafo. El copyright estaba en pañales. La metadata era ciencia ficción pura.



El especialista despliega uno de los 13 álbumes que en vida donó el periodista Guillermo Thorndike (1940-2009) y contienen las fotografías publicadas en la revista Mundial, que se editó entre 1920 y 1931. Suman más de 1,000 fotografías. Están también el archivo del fotógrafo Luis S. Ugarte, de mediados del XX, donado por su familia.

En los sótanos de la BNP de San Borja se trabaja en la restauración y digitalización de las imágenes del archivo Courret. Es un trabajo lento. A detalle. Para una próxima visita a nuestra historia.