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JUEVES 12

de diciembre de 2019

PAULINE Y MANONGO. ARTISTAS

“Buscamos transmitir el mensaje del desierto”

Artistas peruanos se enfrascaron en una propuesta que los lleva por diferentes artes sobre los misterios del desierto de Paracas.

18/8/2019


Manongo Mujica regresa esta vez de la mano de Pauline Barberi para ofrecer Huacas al viento, muestra bipersonal que conjuga, de manera artística-vivencial, el misterio, pero sobre todo las enseñanzas del desafiante desierto de Paracas. No en vano, ambos se internaron en este para recoger las lecciones que hoy plantean en una muestra multidisciplinaria que incluye un contenido sonoro, multimedia y hasta un libro que es una joya enriquecida con fotografías de paisajes únicos e irrepetibles.

–¿Por qué Paracas, Pauline?

–Tanto él como yo hemos estado visitando, cada uno por su lado, este desierto maravilloso que te asombra día a día, aunque vayas infinidad de veces. Así nació la idea de juntarnos y ver de qué manera conversa el arte y de qué manera cada uno ve el aspecto del mismo desierto.

–¿En esta propuesta los veremos a ustedes?

–No somos nosotros. La persona que está hablando en este momento no es la misma que fotografió.

Manongo: El desierto te da lecciones, no vuelves a ser el mismo; definitivamente.

–Manongo, ¿eso es muy desafiante?

–La profundidad del desierto de Paracas es insondable, el compromiso que sientes de aprender de él... porque es un aprendizaje, una iniciación. Es como un rito iniciático, bajo condiciones de lo desconocido. Entramos con mucho respeto porque te viene una tormenta de arena, una paraca, y te puedes perder horas.

–¿Este desierto está protegido, inexplorado?

–La gente de Lima no sabe. Afortunadamente, se ha mantenido como secreto, quizá protegido de la ignorancia de los que no respetan la naturaleza y estos espacios que nos hablan de lo que fue el Perú.

Pauline: El desconocimiento es asombroso; recuerdo que una conocida me preguntó qué tanto iba a Paracas. Le expliqué lo del desierto, le mostré fotos y me dijo: ¿Dónde esta eso? Para muchos, acaba en el malecón.

–Mejor entonces, Pauline, que esta belleza se mantenga oculta...

–No faltó quien nos preguntó por qué no poníamos los nombres de los lugares que habíamos plasmado en las fotos, en los lienzos... y le contesté: “Estás loco, será para que se llene de gente”.

–Manongo, explorar el arte en el desierto no precisamente es vocación de dos, ¿cómo confluyeron en la misma búsqueda?

– Nosotros hemos tenido el privilegio de hallarla. No solo es mi búsqueda en solitario, sino también la de ella, pero esta búsqueda, además, nos ha llevado al mismo lugar. Pauline tiene la misma pasión y entrega que yo. Somos dos poemas con patas [ríe].

–Pauline, qué bueno que se encontraran...

–Es muy raro. He visitado el desierto con otras personas haciendo ciclismo de montaña. Y en cada curva paraba, me ponía a llorar y no sentía el feedback. Por fin encuentro a alguien que siente igual que yo.

–Este desierto tiene mucho que decir, la espiritualidad está muy presente...

–El arte y la espiritualidad están muy conectados, no es casual reconocer que hay diferentes niveles de energía. Creo que Paracas representa esa energía simbólicamente. Así como se habla del mundo de arriba, del centro y el submundo, nosotros sentimos que Paracas representa lo alto. No en vano, hay un templo en forma de ‘U’, con alto relieves, con aves que miran con un ojo señalando arriba y con el otro abajo, que se llama Ánimas Altas. El nombre nomás te lo dice todo.

–¿Qué van a encontrar los que lean y sientan con Huacas del viento?

–Transformados. Con el libro que lleva el mismo nombre hemos querido agradecer todo lo que el desierto nos ha dado. Llegar a él y decir qué más decimos y que se desate una lluvia que nos dejó un paisaje que no se volvió a repetir fue la señal de que el desierto nos habló y nos permitió concluir el proyecto con un libro; además de los cuadros y las fotografías.