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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
LUNES 16

de setiembre de 2019

EVOCACIONES

Chabuca del Perú

Escribo estas líneas con la emoción de haber presenciado el inicio de las actividades de celebración por el centenario del nacimiento de Chabuca Granda. El teatro nacional fue el escenario para dar el punto de partida a esta merecida celebración. Muchos han hablado de Chabuca, de su vida y su obra. Yo intentaré plasmar mi experiencia con ella y opinión personal.

8/9/2019


Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Desde que tengo uso de razón he escuchado su nombre, y aunque parezca mentira, la primera vez que escuché su clásico vals ‘La Flor de la Canela’ fue en un VHS que mi mamá tenía y que lo había grabado mi tío en la televisión estadounidense. Era un paseo por Disney y en una parada el presentador cantaba distintas canciones de Latinoamérica, entre ellas, y representando al Perú, aquel famoso vals. Chabuca se fue el 8 de marzo de 1983. Yo nací el 13 de setiembre de ese mismo año. Lamentablemente, no pude alcanzarla, pero cómo me hubiera gustado tener aunque sea una conversación con ella. Sin embargo, pese a conocer su obra, he necesitado llegar a la base 3 para poder entenderla a cabalidad, y una vez que la entendí se abrió un nuevo capítulo en mi vida musical. La obra de Chabuca es muy amplia, le cantó a todo lo que quiso cantarle, a lo que ella amaba. Al Perú, a Lima, a Arequipa, a Barranco, a la flor de Amancaes y hasta a su voz. Con sus letras nos dibujaba el escenario que describía. Se preocupaba por la precisión en lo que quería decir, y como buena autora tenía de consulta al diccionario, y confieso que gracias a ella he aprendido palabras como bajel o endrina. Pero, además, le cantó a personas importantes en su vida y también en la vida cultural de nuestro país. Los pintores perennizan los retratos de personajes en lienzos, ella lo hizo en sus canciones. ‘José Antonio’, ‘Zeñó Manué’, ‘Puño de Oro’, entre otras, nos presentan a personajes como si se tratara de una novela, solo que aquí esas personas sí existieron en verdad.

Una de las cosas que más me gustan de sus canciones es que sus letras encierran historias; por eso, con tanta precisión, una de sus producciones se tituló ‘Cada canción con su razón’. Si uno escucha por ejemplo las ‘Coplas a Manuel Barnechea’, las que terminan con la frase “Una Rosa y una Estela… quemaba el pecho candela”, descubrirá que se refería a los nombres de la hija y de la esposa del personaje. Sencillamente, impresionante.

Chabuca propuso, no se quedó en su zona de confort. Siguió produciendo y conforme pasaba el tiempo buscaba sonidos nuevos. Una artista debe avanzar, el genio creativo es así, y ella lo sabía perfectamente. Fue acompañada por los mejores guitarristas del medio y no dudó en incorporar a su marco musical a un joven virtuoso como lo fue Álvaro Lagos, lo que nos demuestra que quería que los jóvenes conocieran su música y la disfrutaran. Además, hay que reconocer que Chabuca es un símbolo del Perú. Sus canciones la han interpretado artistas internacionales de la talla de Plácido Domingo, Raphael, entre muchos otros, y su nombre se asocia en el extranjero inmediatamente a nuestro país. Cuando estuve en Buenos Aires fui a la Antigua Casa Núñez a comprar una guitarra por recomendación de Óscar Avilés. Cuando entré en la tienda y dije que era peruano, la señora que vendía me pidió que tocara ‘La Flor de la Canela’. Y es que Chabuca ha trascendido lo criollo para convertirse en un fenómeno mundial, y eso, como peruanos, nos debería llenar de orgullo. El 26 de julio pasado, durante la ceremonia de inauguración de los Panamericanos, este servidor estuvo presente cuando se reflejó el rostro de Chabuca en el Estadio Nacional y el público inmediatamente comenzó a aplaudir. Luego siguió el dúo que la tecnología logró junto a Juan Diego Flórez y el estadio se vino abajo.

Chabuca le ha ganado a la muerte y al tiempo. Físicamente no la tenemos, pero su obra está más vigente que nunca, y esto, en gran medida, es también gracias a la Asociación Chabuca Granda, que dirige su hija Teresa Fuller Granda, quien con acierto cuida que el nombre, la memoria y la obra de su madre sean valorados en toda su dimensión. El lunes que pasó, el Estado peruano le otorgó de forma póstuma la Orden El Sol en Grado de Gran Cruz, el galardón más alto que tiene el Perú. Yo, en la platea, no dejaba de aplaudir porque como peruano me siento orgulloso. Comienza así un año lleno de actividades; por ello les recomiendo a mis lectores que sigan la página web de la asociación en www.chabucagranda.org y celebremos juntos el centenario de Chabuca.