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MAESTROS EN CLAVE

Chimango, violín testigo

Con 48 años de carrera, el músico ayacuchano Andrés ‘Chimango’ Lares ha llevado la música andina tradicional por más de 50 países.

6/12/2018


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Apoya ligeramente el mentón sobre el violín como queriendo escuchar mejor, a través de las ‘efes’, el ‘alma’ del instrumento, la sustancia sonora e ignota que se agita cuando Andrés ‘Chimango’ Lares frota el arco con las cuerdas y surgen figuras de vibratos, glissandi, trémolos.

Sus dedos se mueven a través del diapasón y la melancolía se acrecienta, los bailarines zapatean, los dansaqs hacen tañer sus tijeras, los pastores y las ‘guiadoras’ agitan el viento con sus sonajas. Adoran al niño Dios, a wamanis y apus, los dioses tutelares de la cosmogonía de pampas y punas y demás oquedades elevadas.

Chimango convoca en su toque las geografías de Víctor Fajardo, Sucre, Lucanas. Las cuatro cuerdas se bastan para moldear universos donde silban ichus y retamas junto a picaflores y cóndores.

Testigo del tiempo

Un día, Chimango puede estar celebrando la Fiesta de Todos los Santos en el cementerio más grande de Villa María del Triunfo, donde, jura, los maestros lo escuchan atentamente desde el más allá.

Al día siguiente, enrumba, empuñando el estuche de su violín, a valles y quebradas de las provincias de Apurímac, Huancavelica, Ayacucho. Lo vemos en el éxtasis de los yawar fiestas, en la alegría del santiago; Chimango aprovecha sus viajes y hace investigación musical, presta oído a los cánticos. Todo lo plasmará en (algún) nuevo álbum.

Ha sido testigo de hechos culturales trascendentes; por ejemplo, cuando en la década de 1980, ante más de 30,000 almas en el pueblo de Rantay, Huancavelica, por vez primera hubo un mano a mano entre el dansaq más famoso de esta región y Qorisisicha. Chimango en el violín y Gregorio Condori, ‘Lapla’, en el arpa, lo acompañaron.

En la época del terrorismo, superaron el miedo para continuar llevando sonidos a las fiestas tradicionales. Chimango ha participado en más de 50 discos compactos, además de decenas de casetes y longplays, que un día piensa digitalizar “como un legado a las nuevas generaciones”. Si bien su corazón ha seguido lo tradicional, también ha participado en proyectos de fusión musical con Uchpa, La Sarita, Miki Gonzalez, y el proyecto Kavilando, de Manuelcha Prado.

Primeras melodías

El violinista suma 48 años de trayectoria. Amén que ha llevado su arte a los principales teatros del país, este año se presentó con elencos de danza de tijeras en Guatemala y Chile y en el 2019 volverá a Europa y Estados Unidos.

Suma más de 50 países visitados, a donde ha llevado el arte del Perú profundo desde que en 1983 llegó con una delegación de artistas ayacuchanos al Festival de Cosquín (Argentina). Uno de los momentos más felices de su vida, dice, fue cuando en el 2010 la famosa danza fue declarada por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Pero al comienzo de su historia, su familia era renuente a que se dedique a la música. “Los convencí mostrando mis avances; que llevamos la música a otros espacios, centros culturales, universidades”.

Cuando Chimango tenía un año, su madre falleció. Entonces, creció en Nasca al lado de su abuela materna, Melania. A los 7 años trabajaba en la hacienda Cantayo recogiendo algodón. Vida dura. Cuando la abuela falleció, el pequeño Andrés vivió un tiempo con su padre y luego migró con sus abuelos paternos, Andrés e Higinia, a Cabana Sur, Lucanas, Ayacucho. Fue ahí, a los 13 años, donde conoció el violín en las festividades. Y su vida cambió.

En el documental Sigo siendo (2013) se ve cuando Chimango retorna al pueblo donde creció y después acompaña a Magaly Solier en una versión de ‘Coca kintucha’. Inquieto, ahora participa en un documental sobre los ritos en las huacas sagradas, donde los dansaqs hacen su pagapus.

Ganarse el cariño

Hacerse músico no fue fácil. Los maestros eran celosos. “Lo primero que debía hacer para ganarme su cariño era ayudarles en los quehaceres agrícolas y de la comunidad; luego acompañarles a sus compromisos. Yo ponía interés en aprender las secuencias porque las danzas de negritos, huaylías y de tijeras tienen muchas y nosotros no escribimos ni leemos partituras. Tiene que haber un rigor”.

En su oído, Chimango ha grabado más de 300 músicas de las danzas de tijeras y otras 250 de huaylías, negrillos y carnavales. Si pregunto por un maestro, no duda en responder Severo Díaz, de Huaycahuacho, quien le dio muchas recomendaciones y pautas para su desempeño.

Fenómeno migratorio

Chimango Lares vive en Chorrillos. Los maestros del arpa, del violín, de la guitarra andina hoy viven ahí, en San Juan de Miraflores, Villa El Salvador, Ate, San Juan de Lurigancho.

“Estamos dispersos, pero siempre recordando el pedacito de nuestro terruño y cada fin de semana siempre hay eventos en las instituciones donde rememoramos las festividades. También queremos reivindicar y fortalecer nuestro idioma, el quechua, que es muy rico, muy dulce”.

El músico antes vendía helados en las playas. Desde hace tres años, tiene un puesto en un colegio de los Pantanos de Villa y puede dedicarse más al arte, enseñando en verano a los niños y jóvenes los secretos de su instrumento, “el mensaje telúrico de los Andes”; produciendo eventos, realizando presentaciones, participando en grabaciones y viajando.

Y continuará recorriendo los pueblos. “Mientras los apus nos den la fuerza necesaria y pueda tocar el violín con la debida digitación, la tarea continúa”. Es su destino. ¡Música, maestro!

50

discos compactos e innumerables casetes y longplays grabó