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APROXIMACIONES

Ciencia, tecnología e innovación en la era digital

4/2/2019


Alan Fairlie

Parlamentario Andino

La digitalización se ha convertido en un factor relevante para el desarrollo económico y social a escala global y en América Latina. Aporta directamente a las economías de los países, además de aumentar los niveles de productividad, generando grandes oportunidades para alcanzar el desarrollo sostenible.


Lamentablemente, en nuestro país no se ha logrado, todavía, desarrollar adecuadamente el gran potencial de los ecosistemas de innovación y entornos digitales; y estamos rezagados frente a otros países de la región en términos de inversión en investigación y desarrollo (I+D). La inversión en este rubro apenas alcanzó el 0.12% del Producto Interno Bruto en 2016, lo que nos ubica muy por debajo del promedio de la región, de acuerdo con información de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana e Interamericana (Ricyt). Ese año, Brasil destinó para investigación y desarrollo el 1.28% de su PIB; y Argentina, el 0.53%.

Existe poco capital humano destinado a la investigación y desarrollo tecnológico. En términos del número de investigadores por cada mil integrantes de la Población Económicamente Activa (PEA), solo hay –en promedio– 0.2 investigadores. A esto se suma el escaso involucramiento del sector empresarial con la Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CTI), a diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados, convirtiéndose en uno de los principales retos de la región.

Para transitar del modelo primario exportador hacia uno con mayor valor agregado, que propicie el desarrollo de una economía digital, es necesaria una mayor sofisticación de las competencias a través del fomento de la innovación y tecnología, claves para generar un crecimiento económico y sostenible a largo plazo.

En ese sentido, se deben impulsar iniciativas en torno al fomento de políticas públicas de CTI que faciliten la transferencia del conocimiento y de la tecnología; la formación y capacitación de talento humano; además de fortalecer las capacidades de sofisticación tecnológica y promover la articulación entre el Estado, la academia y la empresa. En la misma línea, es necesario fomentar el uso de CTI en los procesos de producción, en especial los emprendimientos de los pequeños y microproductores, en aras de impulsar su inserción en cadenas regionales de valor.

Son positivas las acciones en esa dirección implementadas por el Concytec y la decisión del Estado de haber señalado este tema como prioridad (canalizadas por el Ministerio de la Producción y la Presidencia del Consejo de Ministros). Esta voluntad política debería traducirse en un mayor presupuesto y en la formación de un consenso que permita que el Congreso apruebe las leyes necesarias en esta tarea. La I+D y la ciencia e innovación tecnológica deben ser una política de Estado, más allá de quienes transitoriamente ocupen los cargos correspondientes.