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Conquistando el espacio público con arte

Las esculturas de Miguel Ángel Velit, creador peruano cuenta con varias obras en lugares transitados del Perú y de otros países de América, Asia y Europa, así como en museos y galerías de prestigio.

7/1/2019


Ernesto Carlín

Editor de Cultural




Miguel Ángel Velit cuenta que sus primeros soles los ganó en el colegio, sus compañeros le pedían que les haga las ilustraciones. Desde muy temprano el arte era lo que más le llamaba la atención. Pero el que más le interesaba era el que se expone en espacios públicos.


Consecuencia de esa afición, hoy varios países de América, Asia y Europa cuentan con esculturas suyas en parques, plazas y demás espacios. Velit cuenta al Diario Oficial El Peruano que él tuvo la suerte de criarse en Jesús María, cerca del Campo de Marte, una zona con bastantes esculturas que ver.

En busca de un maestro

Velit señala que cuando tenía 13 años su madre lo llevó donde el escultor italiano Bruno Campaiola Basili. Este artista, en ese momento octogenario, le daba algunas pautas sobre su oficio como una suerte de mentor.

El escultor peruano recuerda con aprecio a Campaiola. “Varias esculturas públicas que tiene Lima son su obra o pasaron por su fundición”, resalta Velit.

Indica que otra influencia temprana que tuvo fueron los cómics. Considera que esa estética pop de las historietas de su niñez y juventud marcó su estética.

Más adelante, ya egresado del colegio a inicios de la década de 1980, terminó recalando en Argentina para estudiar arte. Allá tuvo como maestros a Leo Vinci, Rubén Eco Segui, José Luis de Leo y Aldo Caponi.

Ellos les mostraron muchos más caminos para transitar y forjaron su carácter. “Hicieron de padres espirituales para mí”, menciona, puesto que por aquella época había fallecido el suyo.

Ni héroes ni santos

Miguel Ángel Velit tuvo que esperar hasta los años 90 para colocar una obra de arte en un espacio público. Unos amigos comenzaron a crear un ambiente cultural en las playas al sur de Lima y le sugirieron que hiciera una escultura.

Esta primera pieza se ubicó en el malecón de Punta Hermosa. Lastimosamente desapareció cuando este lugar fue remodelado.

Sin embargo, le sirvió de experiencia para sacar algunas lecciones. Por ejemplo, el material que usó se corroía por la humedad marina. También aprendió algunos ejemplos sobre cómo producir y gestionar sus creaciones.

Desde allí no paró. En una época que aún no era frecuente el uso de internet, él postuló por fax a un parque escultórico en Alemania y lo consiguió. Sus obras las ha ido repartiendo por varios lugares

Varios trabajos suyos están en China, por ejemplo. Pero también en Estados Unidos, Vietnam, Hungría, Argentina y más países.

Temas cotidianos

Un dato que comparte es que sus esculturas nacen de su necesidad de expresar algo. Utiliza en ocasiones material reciclado, así como metales, madera y demás soportes a los que su ingenio les saca provecho.

Los temas que le inspiran son variados. Puede ser un televisor plasma para ver el mundial como una combi con pasajeros.

“Podría hacer héroes y santos para ganar dinero, pero me sentiría mal”, confiesa.

No obstante, el retratar temas cotidianos y ponerlos en lugares donde la gente de a pie pueda verlos y sentirse identificada le llena de satisfacción.

Su última obra es una escultura al campesino chinchano. Se develó hace una semana en Chincha. Cuenta que es una suerte de homenaje a sus orígenes, pues el primer Velit, un ganadero italiano, se instaló en esta ciudad iqueña.

Datos

55  esculturas de Miguel Ángel Velit están en espacios públicos del extranjero.