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A 115 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Conversando con Basadre

Jorge Basadre Grohmann, el “historiador de la República”, es considerado uno de los más importantes intelectuales del país. Entre su producción destaca su Historia de la República del Perú.

11/2/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Un día de febrero de hace 115 años, Jorge Basadre dio su primer grito de vida en Tacna, en medio de la ocupación chilena; cuando la patria era más un fantasma que un territorio. Un grito de vida que se convirtió en grito de reflexión, democracia y peruanidad durante 77 años.

Cuenta su biografía que sus primeras letras las recibió en tiempos en que las escuelas peruanas estaban proscritas en la ciudad sureña y en Arica, pues la educación debía de darse bajo lo que dictaba la ley del país invasor. Y Basadre recibió sus “primeras letras” en Liceo Santa Rosa; luego a los 9 años, partiría a Lima para seguir sus estudios.

El historiador, recordando la asistencia a esa pequeña escuela tacneña-patriótica-heroica, escribió: “Experimentábamos la sensación de ir a clases día a día como quien va a algo prohibido”.

Y desde jovencito fue un activista de la campaña plebiscitaria de Tacna y Arica (fue por ello que un grupo de chilenos lo hirió de una pedrada en mayo de 1926).

Durante el oncenio de Augusto B. Leguía, también sufrió cárcel porque apostó por el otro retorno, el de la democracia.

Tacna, la patria, la peruanidad serían asuntos mayores para este intelectual tacneño. Quienes lo conocieron dicen que prefería los silencios y el cavilar, pero se reservaba los momentos de alegría y ternura para con los amigos.

La sencilla premisa que hacen los investigadores es que el origen marcó en Basadre su apasionado estudio de los documentos y de la historia, que él escribiría con mayúscula.

Desde fines de la década de 1920, iniciaría su aporte bibliográfico. De esta etapa sobresale el ensayo Perú, problema y posibilidad (1931).

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En el diario Última Hora, Jorge Luis Recavarren, amigo de Basadre, publicó una semblanza en la que recordaba el paso del intelectual por la política. Dice: “Como en todo intelectual nato, la política lo atraía, pero pronto lo centrifugaba en el caso de permanecer más de lo debido en tal actividad.”

A finales de los cuarenta, luego de desempeñarse como ministro de Educación del presidente José Luis Bustamante y Rivero (1945), el historiador integró el Partido Republicano. A lo largo de los años, se opuso al Partido Aprista.

Dice Recavarren que luego “ayudó” en el partido Social Republicano. Pero el maestro se cansaba rápidamente de ello. “Lo subyugaba, en su defecto, el estudio político del pasado, esto es, uno de los aspectos de su vocación de historiador”. El mismo cargo lo desempeñó entre 1956 y 1958, durante el gobierno de Manuel Prado.

Días antes de fallecer, Basadre recibió en su casa al Consejo Ejecutivo de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa para recibir el grado de doctor honoris causa de esta casa de estudios y pronunció un breve discurso, que resume también su mirada sobre la política: “Ajeno a las fuerzas de tipo político, económico o social que sue-len empujar y coactar a los hombres, traté de pensar y escribir con independencia”.

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Basadre, el autor de aquel emblemático conjunto llamado Historia de la República del Perú, que resume 30 años de su trabajo intelectual, falleció a los 77 años y dejó el reto de hacer más peruanos a los peruanos.

En marzo de 1980, apareció su último trabajo en vida, Elecciones y Centralismo en el Perú: apuntes para un esquema histórico, en el que pontificaba que las regiones se organicen, analicen y confronten su rol; una apuesta por romper con el centralismo.

Antes de llegar al cementerio El Ángel, cuentan los cronistas que sus restos recorrieron aquella mañana del último día de junio de 1980 dos espacios emblemáticos en la vida del historiador: la casona de la Universidad de San Marcos y la Biblioteca Nacional del Perú. El cortejo fúnebre era breve: figuraban su viuda, Isabel Ayulo; su hijo, Jorge Basadre; y el presidente electo, Fernando Belaunde, entre otros pocos.

En San Marcos no solo estudió, sino que también fue catedrático y maestro. Perteneció a esa promoción de prohombres que apostaron por la reforma universitaria y renovaron las ideas en la vieja casona sanmarquina del Parque Universitario.

Luego enrumbó el séquito por la avenida Abancay, hacia la Biblioteca Nacional (hoy Biblioteca Pública de Lima), donde Basadre tuvo una labor titánica: la de dirección y reconstrucción de su catálogo y ambientes tras el catastrófico incendio de 1943.

Hay una impresión facial y de su mano derecha que tomó el escultor Miguel Baca Rossi. Es el rostro del último Basadre. Queda aquella frase que cinceló su vida: “El que muere, si muere donde debe, vence y sirve”.