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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

Coronavirus: Alejandra, una madre militar en la primera línea de fuego

Oficial de la Marina comparte su experiencia como militar y madre durante la pandemia.

10/5/2020


José Vadillo Vila


“Las mamás que estamos en la primer línea, las mamás enfermeras, médicos, militares… nos morimos de ganas de estar con nuestras familias. Es tan fácil acatar las normas del Gobierno, de salir de casa solo lo mínimo. Quiero pedirle a la gente que piense en nosotras, que aprovechen estos momentos que muchas de nosotras no tenemos. Pasar un Día de la Madre sin un hijo, es difícil, y más sabiendo que estamos expuestas al coronavirus. Piensen”.

La capitana de corbeta Alejandra Vásquez tiene 37 años de edad y trabaja en el Departamento de Formación Naval de la Escuela Naval del Perú, en el Callao. También es madre de Ignacio, un niño de dos años y medio que lo espera en casa. 


El deber llama 
Cuando el 23 de enero una fuga de gas de un camión cisterna produjo una deflagración de gas licuado en Villa El Salvador y provocó la muerte de más de 30 muertos, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea fueron a brindar ayudar a los damnificados y familiares. La capitana Vásquez, fue una de las designadas para esa labor. 

Prácticamente acababa de terminar este servicio cuando el domingo 15 de marzo el presidente Martín Vizcarra anunció el inicio la medida de emergencia por la pandemia del coronavirus. 

A la capitana de corbeta le tocó asumir el cargo de jefa del distrito de La Punta. Tenía a su cargo dos patrullas militares, integrada por 32 personas, entre hombres y mujeres. Se establecieron en los controles al ingreso y salid del distrito chalaco. Verificaban el control peatonal y vehicular, de acuerdo a las normas de reducción del tránsito y del aislamiento social obligatorio, y se coordinaba todo con la municipalidad punteña para verificar que la gente cumplía las normas. 

“La Punta es un distrito bastante ordenado y la mayoría de vecinos cumplía las normas”. Cuando el presidente lanzó la norma para la salid por días, de hombres y mujeres, la capitana de corbeta tuvo que intervenir a varias personas. 

Durante los 20 primeros días de la cuarentena nacional, Vásquez fue jefa de distrito de La Punta, hasta que cesó en sus funciones para volver a trabajar con los cadetes. A lo largo de ese periodo, nunca pudo ver a su hijo. 

“Hay mujeres que han estado más tiempo que yo patrullando fuera, compañeras oficiales y personal subalterno, son mamás militares que no han parado, tiene que continuar con el deber”, dice. 

El tiempo que estuvo cumpliendo su deber la militar limeña, la voz de su papá, Juan Carlos, fue su soporte emocional. “Él me llamaba o me enviaba audios; me decía que me admira mucho; que Ignacio, mi hijo, debe de estar muy orgulloso de mí”

A sus dos años y medio, Ignacio se da cuenta de las cosas. Comprende que tanto su papá como su mamá son militares; que cuando ella se viste el uniforme, tiene que ausentarse para cumplir el deber y que el enemigo, hoy, es el microscópico y letal virus llamado coronavirus o covid-19. 

Que mamá estuvo patrullando para salvaguardar la seguridad y la salud de las personas. Su comandante, cuenta, dio las facilidades a las mamás para ver a sus familias. Ese día que se volvieron a ver, se dieron el abrazo más largo por todos los días que no se habían visto. 

Trabajo con cadetes
Ahora la capitana de corbeta cumple otra misión frente a la pandemia coronavirus, tiene que velar, las 24 horas del día y los siete días de la semana, por los más de 560 cadetes que tiene a su cargo. Es jefa de la División de Desarrollo Personal de la Escuela Naval. 

“Los cadetes están trabajando bastante tranquilos frente al aislamiento social obligatorio y la pandemia; están recibiendo sus clases virtuales”, dice.


Mujeres en la Naval
Vásquez ingresó en el 2001 a la Marina de Guerra del Perú. “Realmente, ingresé animada por mi papá, que es ingeniero de minas, pero siempre ha tenido amigos en la Marina. Le gustaba mucho. Y cuando se enteró que ya la Escuela de Oficiales ya recibía mujeres, mi madre y él me animaron a postular”. 

La futura militar había destacado en su etapa escolar como deportista, siempre le gustó la vida sana, pero igual, la vida militar tenía sus propias rutinas, distinta a la vida universitaria. Y, finalmente, le gustó. 

Vásquez es una mujer de retos. Pertenece a la cuarta promoción de mujeres oficiales. “La Marina estaba empezando, era aún como una parte experimental, hicimos carrera cuando muchos servicios no estaban adaptados a las mujeres. Poco a poco, se ha realizado un gran cambio, en los tres institutos armados. Y las Fuerzas Armadas hoy brindan todas las facilidades para recibir a más mujeres en sus filas”. 

Preguntada sobre el acoso sexual, explica que es un tema generacional, que se ha ido superando; lo mismo sucede con los prejuicios que había con las mujeres en el mundo marinero: es un tema muy superado. 

Realidades 
Desde que egresó en el 2006, Alejandra Vásquez ha estado embarcada en las fragatas misileras como el BAP Quiñones, el Mariátegui, el Montero. Estuvo un año en el África como observadora militar en la República del Congo. 

“Fue, realmente, un trabajo gratificante, porque, para empezar, la diferencia cultural me impactó. Trabajé en el cuartel de las Naciones Unidades del Congo, nos encargamos de verificar todas las violaciones a los Derechos Humanos cometidos por el propio Ejército del Congo y los grupos armados. Me sorprendió porque las Fuerzas Armadas estamos para cuidar al pueblo. El segundo choque fue los niveles de pobreza extrema: justamente, la mayoría de las víctimas, eran niños, niñas, adolescentes y mujeres”, reflexiona. 


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