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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

Coronavirus: Alguien te llama para saber cómo estás

¿Qué mueve a una persona a regalar su tiempo libre y dedicarse a llamar todos los días a personas que no conocen para preguntarles si están bien? Un total de 5,658 ciudadanos integran el Cuerpo de Voluntarios del Bicentenario. Ellos brindan apoyo emocional a más de 100 mil personas en estado de vulnerabilidad. Aquí sus historias.

11/5/2020


José Vadillo Vila


1.
“Cuando alguien te dice que está esperando tu llamada, es muy satisfactorio. Opaca a todos los que te han dicho, ‘No me interesa’ y te cuelgan. Si uno tiene vocación de servicio, tiene que continuar”.  

A sus 47 años, Nila Vargas, madre y abuela; especialista en la primera infancia y quillabambina; ha debutado como voluntaria. “En este contexto, todos los peruanos tenemos que aportar desde el lugar donde estamos, porque muchos granos de arena crean un inmenso mar”. 

Es un trabajo gratuito al que se entrega los siete días a la semana. Sin cobro alguno, aunque no faltan aquellos que le han tirado el teléfono gritándole malhumorados, “¿cuánto te paga el Gobierno por llamarnos, ah?”. 

Una llamada puede durar diez, quince minutos. O más. Porque ahí está, por ejemplo, el señor César David que le ha pedido que no sea llamada sino videollamada, porque quiere verla y presentarle a su esposa, mucho gusto, y la charla se vuelve casi de amigos de años, ¿alguna dolencia hoy, don César?

Nila debe de dividirse haciendo teletrabajo como especialista en desarrollo infantil de la oenegé United Way Peru, las labores de casa -que se multiplican en tiempos del aislamiento social obligatorio-, y las llamadas que, voluntariamente, hace. ¿Aló?

Durante la “primera fase”, de 15 días, tuvo a su cargo un grupo de 25 personas, casi todos eran adultos mayores. Ahora, en la “segunda fase”, le han aumentado otras 25 más. Son una cincuentena de personas que viven Surco, el Callao, y uno de la ciudad de Junín. Además de ancianos también debe de llamar a algunas personas con discapacidad.

Es un trabajo “supercomplicado”. Ha tenido que lidiar con personas con el teléfono apagado, números fuera de servicio y otros compatriotas que no quieren escuchar a nadie. En el segundo grupo le ha tocado gente la gente más radical, que no quiere saber nada de nada y los tipos groseros. 

“Mi postura no es juzgar a nadie; de repente muchos están pasando situaciones de estrés. Mi idea es hacer algo desde mi trinchera en beneficio de las personas”, dice. Durante la primera etapa, su hija, Nila Valencia, también estuvo en el voluntariado, no continuó en la segunda etapa porque se le complicaba con los cuidados de su bebé. Madre e hija, conversan cotidianamente sobre cómo aportar al país en estos tiempos difíciles del covid-19. 


2.
Fabrizzio Carpena es un emprendedor limeño. A sus 28 años de edad tiene un know how acumulado en las lides del voluntariado: Desde el colegio esta actividad forma parte de su vida. Ha apoyado a un asilo de ancianos, iglesias, el Inabif, la oenegé Aldeas Infantiles SOS, los colectivos de arte y cultura. 

Como voluntario, Fabrizzio ha recorrido barrios picantes de Lima y las comunidades de la Amazonía. Sin embargo, es la primera vez que hace un voluntariado para el Estado.

“Se dio la oportunidad de poder apoyar haciendo monitoreo de personas en situación de vulnerabilidad”, comenta. Durante lo que va del aislamiento social obligatorio, Fabrizzio ha atendido a dos “generaciones”, un total de 40 personas en 30 días que lleva como voluntario. Son casos, tanto de Lima como de “gente que vive en provincias y los que se han quedado atrapados en provincias durante la cuarentena”.

El presidente Martín Vizcarra ha ampliado la medida de emergencia y Fabrizzio es uno de los que apuran en renovar sus “votos de voluntarios” por tercera vez. 

No todos los voluntarios continúan. Cada situación de las personas en situación de vulnerabilidad a quienes llaman, es compleja. Algunos tiran la toalla, renuncian. Por suerte se suman otras personas al Cuerpo de Voluntarios del Bicentenario. 

Fabrizzio tiene un emprendimiento de venta de productos basados en la guayusa, un fruto que cosechan las comunidades amazónicas, sus socios, y que tiene “mucho más cafeína que el café”. Tomó nota para el delivery y terminar esta nota a tiempo.

“Nos hemos encontrado con historias muy duras. Hemos tenido que reportar casos de abandono; de personas con síntomas de covid-19 y con otros grandes problemas de salud. Son historias también tristes, de quienes se han quedado lejos y están solos. Hay gente que ya no puede respirar… En la mayoría de los casos, se ha podido responder”, dice. Dar la cara, esperar que los contactos que les han dado en los ministerios, actúen; y estar atento, desde el otro lado de la línea, por ellos. “Es difícil”, suspira Fabrizzio. 

La curva de tiempo y llamadas ha ido bajando. La primera semana, él requería seis o cinco horas de sus días para llamar, decir buenos días, preguntando, ¿cómo se siente hoy? Dice que le ayudó mucho la convivencia, las atenciones y el trato que tuvo con sus abuelos (su abuelita es un roble de 101 años) para comprender a los adultos mayores. 

Luego, con el pasar de los días, tras la etapa de aprendizaje, “fuimos entendiendo y canalizando la energía”. Ahora le toma un promedio de tres horas diarias para escuchar a los voluntarios, emitir los reportes, coordinar con los “líderes” para tratar temas específicos porque “si uno no está bien, no puede entregar energía a otra persona”. 

“Estadísticamente hablando, la mitad de los usuarios o está bien o no quiere decir que están mal. Luego se comunican contigo, porque las empresas de telecomunicaciones no nos han apoyado en proteger los números de los voluntarios. El lado positivo es que vuelven a llamarte y, poco a poco, te van a contando. Así se genera un vínculo de confianza muy fuerte. Y el equipo que me ha tocado tiene mucho punche, hay gente que tienen habilidades para atender la salud física o emocional a las personas”.


3.
Gabriela Perona, directora ejecutiva del Proyecto Especial Bicentenario de la Independencia del Perú, de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) resume la historia. El programa Cuerpo de Voluntarios del Bicentenario surgió en setiembre del 2019, como parte de la agenda de conmemoración por los 200 años de la patria. 

“Su principal objetivo es formar un cuerpo de ciudadanos articulado y masivo, que nos permita enfrentar diferentes desafíos”, explica. De esta manera, se diseñó el programa alineados con los fines de la conmemoración y que fomenten cambios en sus comunidades.

Los voluntarios tuvieron una labor presencial durante Lima 2019, Juegos Panamericanos y Parapanamericanos, o en jornadas de limpieza de playas. 

Ahora, durante la emergencia nacional por la pandemia del coronavirus, fueron convocados nuevamente, esta vez de manera no presencial, frente a la demanda de solidaridad entre peruanos. 

Se hizo la convocatoria y el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social  (Midis) encargó al programa dos temas claves: 1) la entrega de los bonos 380 (a través de la Línea 101) y, 2) hacerle seguimiento a las personas más vulnerables al covid-19: sobre todo, los adultos mayores en situación de pobreza. 

Por estas labores, a diferencia de la convocatoria para los Panamericanos, donde hubo voluntarios adolescentes, desde los 14 años de edad, todos los convocados de ahora son mayores de edad, sin límite de edad. Sin embargo, un gran porcentaje son jóvenes entre los 19 y 35 años. 

Desde entonces, los voluntarios se convirtieron en “piezas claves” para implementar esta red. Se llegaron a inscribir 20 mil personas.

La PCM hizo la convocatoria a partir de la base de datos que se manejaba de los Juegos Panamericanos –de donde procede la mayoría de los voluntarios-, a los que se sumó otro proceso de convocatoria abierto. Se hizo los procesos de filtración –junto a la Reniec y la PNP-, para garantizar la seguridad y veracidad de la información; y luego se realizó la capacitación online correspondiente. 

“Son ciudadanos líderes de todo el país”, define Perona. Subraya que estamos ante “el primer voluntario masivo que se implementa desde el Poder Ejecutivo”.

“La población que ellos monitorean y llaman constantemente para darles acompañamiento emocional, podría evidencia algunos síntomas relacionados al covid-19 o una necesidad de abastecimiento de alimentos, lo canalizan al sector salud. Son, sobre todo, población adulta mayor y en situación de vulnerabilidad. Pertenecen a un padrón que maneja el Midis y los voluntarios son profesionales de diferentes ramas”, explica. 

Los voluntarios también están atentos ante la violencia física o las necesidades de alimentos. El Midis, mapea las alertas que se dan y canaliza los casos al Minsa, al Mimp o a las autoridades locales, dependiendo de la necesidad. 


4.
Contadora pública y mentor coach profesional, Roxana Díaz Bustamente (49) también se multiplica. Hace teletrabajo, es ama de casa y se da tiempo todos los días para llamar al grupo que tiene a su cargo. 

En todos los días de pandemia que lleva como voluntaria, ha apoyado a 44 personas. Coincide con Nila y Fabrizzio en que algunos jamás respondían al teléfono, como la familia de un niño de siete años y otras de dos adultos, todos con distintas discapacidades: nunca respondieron. 

Roxana ha llevado por muchos años el voluntariado integrando distintos comités en el colegio de sus tres hijos, también en el Colegio de Contadores de Lima, donde preside el comité de auditoría. Y su labor de couch, la ayudó mucho cuando se presentó al Cuerpo de Voluntarios del Bicentenario, le pidieron un montón de papeles y la entrevistaron: sumaba una experiencia distinta. “Aporté mi granito de arena”. 

Roxana comprende los altibajos de los hombres y mujeres de edad avanzada. Y que cada extensión de la cuarentena, el mayor fastidio lo han tenido los caballeros, que ya no pueden salir a la calle, mientras que las amas de casa lo han tomado de una manera más serena. 

“Hay cosas positivas: ahora muchos caballeros ayudan a sus esposas en las tareas del hogar. Hemos encontrado mucha preocupación por lo que va a pasar; algunos se desesperan, porque consideran que son los más propensos a lo malo que puede venir. Incluso algunos lloran. Pero, poco a poco, trato de convencerlos, hablamos de la esperanza, cuando logro que la persona esté mejor, recién puedo terminar la llamada”. Roxana trata de resolver lo de las citas pendientes en Essalud, les facilita los links de las citar virtuales. “La ayuda, a veces tarda, pero llega”, dice.


5.
El programa de voluntariado está presente en los 152 distritos en más poblados del Perú. Solo entre el 3 de abril y 2 de mayo, los  5,658 voluntarios realizaron 356 mil llamadas de monitoreo. 

“Y los adultos mayores no solo se sienten agradecidos, sino que sienten que sus pedidos son canalizados”, dice Gabriela Perona. En el Perú hay un gran universo vinculado al cuidado y por eso el Midis y la PCM consideran que esta experiencia valiosa, de jóvenes cuidando a personas de la tercera edad, ha llegado para quedarse. 

Explica que en la convocatoria se pidió que los voluntarios tengan planes ilimitados de llamadas (de acuerdo a las operadoras telefónicas el 92% de los teléfonos celulares en el Perú cuentan con este tipo de promociones). 

Además, las empresas de telefonía se comprometieron a que tanto el ingreso a la web y los links vinculados al aplicativo que usan los voluntarios son de acceso gratuito para ellos. 

“Lo de los datos fue muy importantes porque este trabajo requiere de mucho registro y capacitación online; de lo contrario iba a tener un costo alto para los voluntarios”, dice Perona.

Hasta el momento, 200 voluntarios brindan soporte a la Línea 101 (se les deriva las llamadas a sus teléfonos), un servicio del Midis con alta demanda hasta hoy para conocer sobre el bono de subsidio otorgado por el Estado. Entre el 30 de marzo y el 3 de mayo se registraron un promedio de 3,000 llamadas diarias. 

Fabrizzio, Nila y Roxana tiene a su disposición un “sistema de acompañamiento continuo al voluntario”, que busca fidelizar ese cambio social. Hay 27 “enlaces” y 200 “voluntarios líderes”, quienes, a su vez, monitorean el trabajo diario de 70 voluntarios, promueven dinámicas en sus grupos, los acompañan psicológicamente, les ofrecen charlas de resiliencia, aulas virtuales a través de Facebook y grupos de WhatsApp. Utilizan la “metodología de cascada”, con asesoría del programa de Voluntario de las Naciones Unidas (UNV, por sus siglas en inglés). 

Los voluntarios reciben su certificado de capacitación y de “acción voluntaria del Bicentenario”. La directora Perona cuenta que trabajan con las universidades para que puedan generar “algunos incentivos”; ya con la UPC se avanza un convenio para que reconozcan a sus estudiantes-voluntarios. Y se espera el fin de la cuarentena para empezar a repartir los polos y otro tipo de indumentarias para fidelizar a sus voluntarios. 

Por su parte, Sandra Salcedo, coordinadora del área de Comunicación del Proyecto Especial Bicentenario, recuerda que “estamos ante una nueva forma de relacionar con los ciudadanos. Para los beneficiarios es, prácticamente, inédito que una institución del Gobierno lo llame todos los días para saber cómo está”. Alguien llegó para preocuparse que ellos existen. 

Da más luces del perfil de los voluntarios: alrededor del 58 por ciento son de Lima 58%, Cusco (6.6%) y Arequipa (5%). Sin embargo, hay voluntarios en todas las regiones del país: la región Madre de Dios tiene 1 voluntario, pero tiene. 

Seis de cada 10 voluntarios tienen estudios superiores (30 por ciento de este porcentaje viene de las carreras de Derecho, Administración y Psicología). Más de ellos: el 10% de los voluntarios tiene conocimientos de lenguas originarias, lo que ayuda a llegar a un grupo importante de beneficiarios, por ejemplo que son solo quechuahablantes.

Nila es la excepción, porque la gran mayoría tiene experiencia previa en labores de voluntariado. También hay 40 voluntarios que tienen entre 60 y 72 años de edad y ayudan a sus coetáneos a sobrellevar estos momentos. Un dato más: el 70% de los voluntarios son mujeres. 

“Nosotros interpretamos que, en la sociedad peruana, la idea de cuidar a otro es visto más como un trabajo más femenino. En los Panamericanos también tuvimos un mayor número de voluntarias. Ellas están más acostumbradas a hacer trabajo no remunerado si les suma para otras posibilidades laborales”, opina Salcedo.  

“El presidente Vizcarra está muy convencido de que tener este cuerpo de voluntarios permitía tener una ciudadanía fortalecida y comprometida. La idea del legado del voluntariado es que sea un ejemplo de cómo conseguir los objetivos de desarrollo sostenible”, dice Gabriela Perona. El programa Bicentenario tiene por norte formar la red de voluntarios más grande del país, articulando a las organizaciones voluntarias parroquiales, estudiantes, etcétera, de cara al 2021, el año de nuestros 200 abriles.