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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 7

de agosto de 2020

APUNTES

Crónica de una campaña atípica

15/7/2020


Marcel Lhermitte

Consultor en Comunicación Política y Campañas Electorales

Cuando el despertador me avisó que era hora de levantarme ya hacía un buen rato que estaba en pie. Había llegado el día. Salir de Uruguay el 2 de marzo y llegar a la República Dominicana supuso el primer choque: en el Río de la Plata no se tenía conciencia de que había una pandemia, en cambio, solo al pisar el suelo de la isla caribeña el cambio fue notorio, todos portaban barbijo.

Menos de veinte días después de instalarme en Santo Domingo llegó la sorpresa, el gobierno tomaba medidas estrictas para contener al coronavirus, entre ellas el confinamiento y el toque de queda obligatorio entre las 17:00 y las 6:00 horas, que generaron cambios drásticos en la forma de hacer campaña.

El contacto físico es vital en cada campaña: el abrazo, dar la mano, estar en sus barrios, mirar a las personas a los ojos. Por primera vez surgía el desafío de cancelar un plan de movilización y construir un tipo de comunicación que supliera lo insustituible.

Las redes sociales –fundamentalmente los lives–, los encuentros por Zoom y los medios de comunicación tradicionales jugaron un papel fundamental, pero nada sustituye el cara a cara del candidato con el ciudadano. La solución no demoró en llegar: en pocos días las calles se vieron copadas por candidatos disfrazados como si fueran los nuevos superhéroes de un mundo en extinción. Estos fumigaban las calles y salían a entregar alimentos, en ocasiones envueltos con material electoral. Otros optaron por la honestidad, siendo solidarios pero sin proclamarlo.

De este proselitismo disfrazado de ayuda social también participó el gobierno, apoyando a su candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), haciéndose de la vista gorda cuando hacía campaña violando el toque de queda.

Lo que antes eran propuestas para construir un país mejor, a partir de la segunda quincena de marzo se transformó en una competencia sobre quién ayudaba más.

Recién las últimas dos semanas previas a la elección –cuya fecha original era el 17 de mayo– los candidatos empezaron a presentar propuestas, pero al mismo tiempo comenzó una despiadada campaña con ataques por redes sociales y fakes news.

El resultado final del 5 de julio fue el voto por el cambio. La corrupción y la división interna del PLD fueron definitorios en la elección. También la esperanza y el aire fresco que representa dar la oportunidad de gobernar por primera vez al Partido Revolucionario Moderno (PRM), encabezado por un candidato, Luis Abinader, que fue víctima de coronavirus durante la campaña y que no tuvo el alta médica hasta pocos días antes del llamado a las urnas.

El pueblo dominicano habló, entonó fuerte el “se van” –y en primera vuelta–, pero eso ya es historia, ahora es el momento de hacer, de pasar de las palabras a la acción para salir de la crisis sanitaria y económica, pero sobre todo para construir el país sin excluidos que se merecen.




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