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Año del diálogo y la reconciliación nacional
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APROXIMACIONES

Cultura escrita y calidad ciudadana

Así como la profusión de bibliotecas y la consecuente difusión del conocimiento contribuyen a mejorar la calidad de vida material, de igual modo, la consolidación de un sistema nacional de bibliotecas es fundamental para optimizar la calidad ciudadana y, con ello, la de la democracia en el Perú.

14/9/2018


Osmar Gonzales Alvarado

Director de Desarrollo de Políticas Bibliotecarias de la BNP

Ciudadanos informados, con fácil acceso al conocimiento, serán capaces de elegir mejor, discernir con criterio y, en consecuencia, mejorar los estándares de la representación política.

Así, ciudadano y político, o aspirante a ser su representante en cualquier instancia de gobierno, estarán relacionados por un mutuo condicionamiento: el primero demandará calidad en la representación política y en la gestión administrativa; el segundo tendrá la obligación de ser auténticamente representativo de los intereses de los ciudadanos porque, de otra forma, estará expuesto al escrutinio público y eventual destitución.

La difusión de la cultura escrita es positiva para la conformación del espacio público y de un ágora activo. Sobre esa base será más fácil implementar políticas de Estado tendientes a asegurar la inclusión social y política de ciudadanos de diversas procedencias, identidades e intereses; la integración respetando y estimulando la diversidad cultural; la convivencia respetuosa de diversas creencias.

La difusión de la cultura escrita genera el espacio institucional y social para la confrontación de ideas, la contraposición de proyectos de país y de las maneras de alcanzarlos. Las actuales tecnologías deben ser utilizadas en su máximo provecho; en ese sentido, deben ser incorporadas en el esfuerzo de difundir la palabra escrita y potenciar sus efectos positivos.

Por ello, resulta preocupante que, según datos del Registro Nacional de Municipalidades (Renamu), el número de bibliotecas municipales se haya reducido en el país: de 882 en el 2016 a 686 en el 2017, lo que significa una disminución en la cobertura del 52.2% al 42.3%. Recuperar y superar la cifra de aquel año es imperativo si queremos constituir un espacio público con valores que responda a las exigencias del país. Esta situación dramática de las bibliotecas y de la cultura escrita en el Perú debe tener algún impacto en la baja legitimidad de la democracia.

Con el Índice de Democracia, que mide el nivel democrático, constatamos lo mal ubicado que está el Perú: puesto 61 de 180. Con respecto al Índice de Estado de Derecho, ocupa el lugar 60. En el Índice de Libertad Humana (libertad personal, civil y económica), mejora un poco, pues ocupa el puesto 51. En relación con el Índice de Percepción de Corrupción, volvemos a empeorar: puesto 96; con el Índice de Competitividad Global (utilización de recursos y capacidad de proveer alto nivel de prosperidad), alcanzamos apenas el puesto 72, y, finalmente, en el Índice de Ética Corporativa nos vamos al fondo de la tabla: puesto 115. Para pensar.