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Año del diálogo y la reconciliación nacional
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APROXIMACIONES

De gasolina, fósforos y odios (I)

Nos golpea periódicamente el enterarnos de casos de violencia en las parejas. Cierto es que son más las mujeres golpeadas, torturadas, violadas y asesinadas que los hombres, de ahí que las palabras misoginia y feminicidio estén a la orden del día, aunque nosotros preferimos –más que hablar de la ahora tan mencionada violencia de género– hablar de violencia a secas, de la condenable violencia de todo tipo: la ejercida contra niños, niñas, ancianos, pobres, extranjeros.

12/7/2018


Manuel Arboccó

Psicoterapeuta–Profesor Universitario

En poco tiempo vemos en el país un modus operandi repetido en casos de ataques a mujeres: se les rocía querosene o gasolina para luego prenderlas. Los atacantes suelen ser la pareja o expareja y las víctimas suelen fallecer días después del ataque, producto de las gravísimas complicaciones por las lesiones generadas, sobre todo cuando el porcentaje del cuerpo quemado es alto, las zonas alcanzadas son más vulnerables y las quemaduras son de un nivel de mayor peligro.

Los periodistas transmitían las noticias y surgían varias preguntas. ¿Por qué emplean querosene o gasolina? Tratándose de productos de fácil acceso para cualquier persona, vemos, sin embargo, que estas modalidades de ataque no suelen presentarse en individuos de mayor grado de instrucción o de más alto nivel socioeconómico. Es más fácil de encontrarlo entre agresores de niveles más bajos en ambos aspectos señalados.

Por ejemplo, los varones psicópatas de dinero y domiciliados en un vecindario acomodado suelen torturar o agredir de forma ‘más sutil’ para confundir a los demás al no dejar ‘huellas’ en la víctima. En estos casos, vistos por los medios, lo que observamos aquí son hombres que han perpetrado el ataque frente a muchos testigos, inclusive hiriendo a otros al lanzar el combustible y prenderle fuego a la mujer.

Aquí hay un escenario que considerar en el acto agresivo: el ataque no fue privado con el atacante como único protagonista; el ataque fue más bien público, desbordado por la ira. Habiéndolo planificado, el agresor vierte el combustible en la víctima para luego prenderle fuego.

Pero hay algo más. El fuego destruye completamente (simbólicamente purifica también) por lo que vemos un nivel de odio mucho mayor, pues si bien destruye, lo hace lentamente. La víctima no muere al instante, como podría morir una persona producto de balas o de ser acuchillada. La mujer quemada sufre, padece, agoniza.

Hay, pues, en el agresor, una necesidad enferma de humillar y destruir lentamente y luego de mucho sufrimiento en su víctima. Cosifica a la mujer hasta convertirla en un objeto que puede quemarse a su antojo. ¿Qué puede llevar a una persona a buscar hacerle eso a alguien a quien hasta de pronto antes juró cariño? ¿Por qué ocurre esto?