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De tradicionalista a bibliotecario

Tras la Guerra con Chile (1879-1883), Ricardo Palma recibió el difícil encargo de reconstruir la Biblioteca Nacional de Lima. En esta nueva etapa es que recibe el mote de ‘El Bibliotecario Mendigo’.

22/5/2016


José Vadillo Vila

Palma ya era una celebridad respetada en toda América Latina por sus Tradiciones Peruanas, obra que, para los estudiosos, va más allá de la construcción literaria de la nación y consolida también al continente.

Porque Ricardo Palma (1833-1919) escribió también de temas comunes a ecuatorianos, colombianos, chilenos y venezolanos gracias a su gran capacidad de narrador, su dominio de la lengua de Cervantes, donde engranaba americanismos, peruanismos y quechua.

“Sin las Tradiciones nos sería difícil, por no decir imposible, imaginar nuestro pasado desde la Conquista hasta la Emancipación. Estaríamos huérfanos del período más próximo y significativo de nuestra historia milenaria”, escribió Julio Ramón Ribeyro en el artículo ‘Gracias, viejo socarrón’ (revista Libros & Artes N° 76-77).

Decíamos que ya era famoso: escritor, crítico literario y miembro de la Real Academia Española, cuando aceptó, tras la Guerra con Chile y el Tratado de Ancón de 1883, el llamado del presidente Miguel Iglesias para dirigir la entonces Biblioteca Nacional de Lima, luego llamada Biblioteca Nacional del Perú. Era el momento de la reconstrucción del país tras los horrores de la ocupación. Y el presupuesto para tamaña tarea era exiguo.

Pero Palma era patriota comprometido: había participado en el Combate del 2 de mayo de 1866 y en la batalla de Miraflores de 1881, tras la cual las tropas chilenas incendiaron Miraflores, incluida su casa. Ya se alistaba para radicar en Argentina, invitado por el diario La Prensa de Buenos Aires, cuando recibió el caro encargo de Iglesias.

Al asumir su cargo, hizo un recuento de los bienes y escribió al ministro Barinaga (quien lo convenció de que era la persona ideal, con vínculos con personalidades en el exterior, lo que le permitiría contribuciones a su labor) una célebre y triste carta:

“La Biblioteca no existe, pues de los 56,000 volúmenes que ella contuvo, sólo he encontrado 738, en su mayor parte de obras en latín, y aún éstas truncas […] La estantería de cedro de los Salones América y Europa, construido en 1878, ha sido despojada de todos sus anaqueles y destrozada su ornamentación. […] Uno de los saloncitos de depósito fue convertido en caballeriza, y del otro que contuvo los 7,777 volúmenes donados por Fuentes Pachecho, no quedan ni los estantes”.

Es decir, entre 1881 y 1883, las tropas chilenas no solo habían utilizado el edificio como un cuartel, sino que lo habían saqueado y dejado en ruinas.

Labor exitosa

Palma cumplió los altos encargos. Pidió puerta por puerta a las familias más pudientes de Lima, y también escribió a sus amistades, país por país, solicitando libros para esos anaqueles violados. Así logró restaurar y el 28 de julio de 1884 presentó la nueva Biblioteca, que llegó a tener más de 27,000 volúmenes. Entonces otro heterónimo se adhirió a su leyenda literaria, la del ‘Bibliotecario Mendigo’.

Ricardo Palma fue director de la BNP durante 29 años: del 2 de noviembre de 1883 al 6 de marzo de 1912. En su despacho recibió a personalidades como el poeta nicaragüense Rubén Darío, quien lo describe como “conversador entretenido, de palabra fácil y amena… Un viejo amable cargado de años, buen amigo, glorioso príncipe del ingenio”.