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APROXIMACIONES

Defensa con eficiencia

El gasto militar aumentó en el mundo 1.1% en el 2017 en relación con el 2016, con lo cual alcanzó su pico más alto desde el inicio de la Guerra Fría. En Sudamérica el escenario no fue distinto, con un 4% de aumento. Mientras tanto, nuestro sector Defensa estaría incrementando su presupuesto para el 2019 en alrededor de 6.3%. La razón fundamental es la necesidad de recuperar ciertas capacidades operativas de la fuerza, así como fortalecer la gestión del riesgo de desastres.

31/12/2018


José Cavani Ríos

Periodista

Con todo esto, hasta el 2017 el Perú fue uno de los cuatro países que más redujo su gasto militar (-22% comparado con el año anterior), lo que representa el 0.98% de su PBI y el 4.6% del gasto público. Entonces, si en otros países el sector crecía, ¿por qué en el Perú se le reducía? Si la respuesta se orienta a la atención de prioridades, estamos limitando nuestra perspectiva de desarrollo al corto plazo y desconociendo los procesos de transformación de las fuerzas armadas para hacerlas más eficientes.

En efecto, si ya las operaciones militares son cada vez más costosas y especializadas, el amplio abanico de acciones enfocadas en el apoyo al desarrollo nacional y la gestión de riesgo de desastres le agrega no solo una cuota de esfuerzo institucional, sino también una necesidad apremiante de contar con más recursos. Pero esto debe estar acompañado de una real transformación de la fuerza, no solo en su estructura organizacional, sino también en los sistemas que permiten tener unas fuerzas armadas altamente profesionales, gestionadas por personal igualmente calificado.

Entonces, ¿cómo abordan los países occidentales la encrucijada de racionalizar el gasto militar teniendo nuevas responsabilidades? En buena cuenta, echan mano de las empresas privadas para que asuman ciertas actividades que eran realizadas por las fuerzas armadas, pues su experiencia, conocimiento y desarrollo tecnológico les garantizan resultados rápidos y de bajo costo. Aunque en algunos casos, como en Estados Unidos, estas impliquen la realización de las propias operaciones militares.

Al margen de que se empleen agentes privados o incluso externos para asegurar eficiencia en el cumplimiento de las funciones de las Fuerzas Armadas –como sucede en los países europeos– o que el aparato burocrático de la Defensa esté en manos de civiles, como en Argentina, es necesario asegurar que el monopolio del uso de la fuerza siempre esté en manos del Estado.

En ese sentido, si el incremento del gasto militar no va aparejado a un proceso de transformación de la fuerza, resulta igual que empecinarse en aprender a manejar bicicleta cuando se debe usar un auto. Finalmente, el objetivo de que este gasto llegue al promedio histórico de la OCDE (2.1% del PBI) puede sostenerse en un modelo intermedio donde los procesos de soporte y estratégicos en las instituciones militares cuenten con la participación de especialistas civiles, y los misionales sean conservados por los profesionales de la guerra.