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ENFOQUE

Desigualdad, más allá de una simple reflexión

El tema de la desigualdad acaba de ocupar parte importante del debate en la reciente reunión del Foro Económico Mundial 2019, celebrado en Davos, Suiza.

3/2/2019


Gabriel Valdivia Vélez

Periodista

Y ha sido la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcenas, quien se ha referido a ella como un factor ineficiente “que se reproduce y permea el sistema productivo” y, por tanto, una condición que urge cambiar. En contraste, ha insistido en que la igualdad no es solo un principio ético ineludible, “sino también una variable explicativa de la eficiencia del sistema económico a largo plazo y un requisito clave para alcanzar el desarrollo sostenible”.

El discurso de Bárcenas es contundente cuando dice que la igualdad debe ser considerada “uno de los motores del desarrollo regional y una estrategia para cerrar brechas estructurales en términos de ingreso, capacidades, productividad y acceso a bienes públicos”.

Precisa que en América Latina y el Caribe urgen abordar la desigualdad en el ingreso, en la distribución de la riqueza, así como la evasión fiscal, que representa 340,000 millones de dólares anuales en la región; es decir, el 6.7% de su PBI.

La reflexión institucional de la Cepal señala que en la primera década del siglo XXI se avanzó en materia de desarrollo social en la región. “Se redujo la pobreza y se dieron reformas a favor de la solidaridad en los sistemas de protección social”. Y así como reconoce que creció el consumo y mejoró la distribución del ingreso, advierte que en la segunda década “ha surgido una resistencia mayor hacia la promoción de la igualdad de derechos y la profundización de las reformas sociales, con recortes en el gasto social y limitaciones de los derechos laborales”.

Para la Cepal las cifras del coeficiente de Gini, que mide la concentración del ingreso, son claras. La desigualdad promedio de la región se redujo 1.5% por año entre 2002 y 2008, 0.7% por año entre 2008 y 2014 y solo 0.4% por año entre 2014 y 2016.

Considera que la desigualdad estructural en la región “impide superar la trampa del ingreso medio” (dificultad de las economías en desarrollo para encontrar nuevas fuentes de crecimiento después de lograr niveles medios de ingresos). Y propone “aumentar la productividad mediante la innovación, la producción de bienes y servicios intensivos en conocimientos, el cambio tecnológico y otros”.

Identifica,además, que la desigualdad no solo se expresa en la distribución del ingreso; “alcanza a la educación, salud, servicios básicos de calidad, a la protección social, al trabajo decente, al derecho a vivir en un medioambiente libre de contaminación y hasta al uso de nuevas tecnologías”.

Queda claro cuál es el costo de la desigualdad y que, más allá de la reflexión y las alertas que genera, revertirla exigirá a nuestros países el cumplimiento de la agenda 2030 orientado a la sostenibilidad social, económica y ambiental.