Tipo de cambio:

Compra: 3.357

Venta: 3.361


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
DOMINGO 22

de setiembre de 2019

EDITORIAL

Destino académico

18/8/2019


El Perú posee una rica historia milenaria que permitió que su arqueología diera sus primeros pasos como ciencia a mediados del siglo XIX. Su territorio fue un foco de atención para estudiosos de diversas partes del mundo. Los hallazgos del alemán Max Uhle y del italiano Antonio Raimondi son prueba de ello. 

Esta semana, el ministro de Cultura, Luis Jaime Castillo, resaltó que “el Perú es uno de los destinos académicos para investigación de esta rama de estudios más importantes del mundo”, al inaugurar el sexto Congreso Nacional de Arqueología. La mención se produce cuando se cumplen seis décadas de la llegada de la misión japonesa responsable de diversas investigaciones y el descubrimiento del templo de las Manos Cruzadas de Kotosh.

En este campo de estudios destaca la colaboración entre investigadores extranjeros y nacionales, la cual ha permitido ampliar el conocimiento sobre nuestro pasado. Gracias a políticas públicas que establecen que todo investigador extranjero debe efectuar sus estudios acompañado por su par peruano se han transmitido saberes, conocimientos y tecnología de punta a nuestros connacionales.

El desarrollo de la arqueología en el Perú ha propiciado que a los investigadores nacionales se les requiera en otras latitudes. Es el caso de Hugo Ludeña, quien lideró hace un par de décadas un proyecto que buscaba los restos de la expedición de Hernando de Soto, conquistador y compañero de aventura de Francisco Pizarro y posterior descubridor de Florida.




"En el Perú se ejecutan más de cien proyectos arqueológicos con las mejores universidades del mundo, como Yale, Osaka o Harvard. Los profesionales peruanos se benefician aprendiendo nuevas técnicas". 

Otros casos más recientes son de los arqueólogos forenses peruanos –el más conocido, José Pablo Baraybar, pero no el único–, que son solicitados en otros países para la identificación de restos humanos en variados contextos.
La presencia de especialistas foráneos ha servido también para dar otra mirada a nuestros tesoros. Recordemos el ejemplo de Machu Picchu, nuestro más icónico monumento, cuya existencia fue difundida internacionalmente por el estadounidense Hiram Bingham hace algo más de un siglo. Ese lugar, según investigaciones posteriores, era conocido por los lugareños, pero no se le había estudiado de forma profesional, como sí lo hizo la expedición del explorador.

Es innegable que el avance de la arqueología en el Perú ha permitido que los especialistas en esa materia desarrollen explicaciones originales sobre el pasado del territorio que ocupamos. Una de ellas es la planteada por la doctora Ruth Shady, quien ha llegado a la conclusión de que el sitio arqueológico de Caral es la ciudad más antigua de América de la que se tenga noticias, contemporánea con las primeras urbes del Viejo Mundo.

La alianza estratégica establecida por el Perú con los científicos extranjeros es productiva. Son más de cien los proyectos arqueológicos de las mejores universidades del mundo –Harvard, Stanford, Yale, Osaka, entre otras– que cada año llegan al Perú.

La producción de conocimiento ha generado beneficios para ambas partes, pero en especial sirve para una mayor promoción de nuestros tesoros.