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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

Día del padre: Gregorio, al frente de una familia naval

El técnico Gregorio Benites sirve en la Marina desde 1990. Su hija Mariel le sigue los pasos y su segunda hija apura los estudios de Contabilidad para asimilarse en el Marina.

21/6/2020


José Vadillo Vila


Si Mariel Benites Doroteo es oficial de mar tercero, es por la admiración a su padre, Gregorio. Siempre lo vio muy responsable y dedicado a su trabajo de hombre de mar; preocupado en cumplir cada misión encomendada. 

Con valores y un gran amor por la patria. el técnico segundo Gregorio Benites contó a su prole que sintió dentro de él el llamado de la patria y ese día, decidió ser miembro de la Marina de Guerra del Perú. 

“Un tío lejano, Torres Saavedra, me motivó. Nos poníamos a hablar y decía lo bonito que era estar en la Marina y la vocación de servicio: es la motivación que uno siente para servir a los demás”. 


Desde pequeña, Mariel se acostumbró a la vida naval del pater familias. A verlo vistiendo el uniforme. A no tenerlo en fechas importantes como el Día del Padre o los cumpleaños, justamente, por estar en misión. Y la esposa y los vástagos comprendían las ausencias. 

A sus continuos viajes, que podía durar meses. Y cuando regresaba, Gregorio se echaba con sus hijos (dos mujeres y un varón) a contarles historias, anécdotas de esos viajes, de esas misiones.

“Al principio tenía un poco de pena cuando se iba, pero me acostumbré. Mi papá siempre veía la manera de estar presente con nosotros, todas las noches, a través de llamadas. Nos decía que nos amaba. Siempre estaba preocupado, pendiente”, recuerda Mariel. 

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Gregorio Benites ingresó en 1990 al Servicio Militar Voluntario de la Marina, y empezó a prestar servicios en la “zona emergencia”, años de lucha contra la subversión, en Ucayali, Ayacucho. 

“Fue algo positivo. La gente se acercaba y nos pedía ayuda, decía que era muy buena nuestra presencia y eso nos motivaba. Trabajar en la zona de emergencia me ayudó a reafirmarme en mi amor por la Marina y calificarme como profesional”.
 
Luego de esa experiencia en el Batallón Ligero de Combate Número 2 postuló al Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Naval (Citen), en 1992. 

Como infante de marina, Gregorio continuó en la lucha antisubversiva. Y en el conflicto con Ecuador, de 1995, fue parte del destacamento de la Marina encardado de resguardar las instalaciones de la Refinería de Talara, un lugar estratégico para el Estado peruano. 

Sí, es una vida da de servicios en la Marina y muchas anécdotas por contar, por ejemplo, cuando le tocó prestar apoyo social durante el fenómeno de El Niño, en Chosica. O en el Vraem, donde se ocultan hasta hoy los remanentes del terrorismo. Allá, Benites trabajó en localidades como Pichari, Puerto Ocopa, Ikiteni. 

Cuando se dio el terremoto de Pisco, en el 2007, fue parte del primer destacamento que envió la Marina de Guerra a la zona del desastre.

“Estuve prestando servicio en Pisco durante dos meses, La noche misma que sucedió el terremoto, nos llamaron y viajamos a primera hora del día siguiente”, recuerda el infante de marina. 

“Nuestro lema es ‘Acción y valor’; es decir, que las misiones que nos encomiendan las hacemos con entrega y valor. Estamos dispuesto a lo que sea para cumplir lo que el alto mando dispone. Y la Infantería de Marina tiene bastante aceptación entre la población, en las múltiples labores que realiza la Marina en costa, sierra y selva.”


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Cuando al técnico segundo le tocó prestar servicios por medio año en el contingente 16-B de las Misiones de Paz de la Organización de las Naciones Unidas en Haití (2013). Él se comunicaba vía Skype con su familia. El menor de sus hijos solo tenía 3 años, y con este viaje se fue acostumbrando a las ausencias que implica la vida de los hombres de la naval. 

“En Haití nuestra misión era orientar, cuidar a las personas y brindar el apoyo que brindaba la ONU para que no haya desorden, caos. Se repartía correctamente la ayuda humanitaria”, recuerda Benites. 

Llegar al país caribeño fue para él concretar el sueño de conocer ese país y cumplir su vocación de servicio, llevando en alto el nombre del Perú. 

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Un mensaje imborrable para su hija Mariel fue cuando le preguntó a él si tenía miedo a la muerte, y su padre respondió categórico, sin dudas: “No tengo miedo a morir por mi patria”. 

“Esa respuesta me marcó”, recuerda ella. Y desde el colegio tuvo claro el norte: quería ingresar a la Marina de Guerra del Perú. Seguir los pasos de su padre. 

Gregorio se puso muy contento el día que la mayor de sus hijos ingresó en el Citen. 

“Somos una familia naval”, resume Mariel. Porque su hermana Alexandra también tiene vocación por este cuerpo militar. Está estudiando Contabilidad, pero cuando termine sus estudios piensa asimilarse a la Marina.


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El técnico segundo Benites trabaja en la Base Naval de Ancón y Mariel, en la del Callao. A veces, en las comisiones de servicio, padre e hija se encuentran. Ambos también, ahora están en el Grupo de Tarea 22.6 de la Marina, que realiza acciones frente a la pandemia del covid-19.  

A Gregorio Benites le ha tocado participar en el distrito de Puente Piedra de las labores de patrullaje, cuidando espacios públicos, como los centros de abastos, y supervisando que las personas cumplan con las medidas de salubridad y seguridad dispuestas por el Gobierno.


¿Y cómo celebra una familia naval el Día del Padre? Mariel dice que hoy, en tiempos de cuarentena, la pasarán solo los cinco, en casa, como dictan las normas de la emergencia sanitaria. 

“Vamos a hacer una comida, una reunión. Nuestras reuniones son muy tranquilas, conversando, recordando todo lo que pasamos”, cuenta. 

Y mañana a estar a primera hora, listos para cumplir con el deber.