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APROXIMACIONES

Dios y la importancia de pensar

5/2/2019


Ravi Zacharias

Apologista, fundador y presidente de RZIM

Una de las pérdidas trágicas de nuestra era ha sido la de una vida contemplativa, una vida que medita y, sobre todo, que piensa como Dios piensa. Pensar no es equivalente a trabajar. Sin embargo, si Arquímedes o Newton no lo hubieran hecho, quizá algunas leyes naturales todavía seguirían ocultas. Por ejemplo, Pensamientos, de Blaise Pascal, una obra que ha inspirado a millones, nunca hubiera sido escrita.


Aún más destructiva es la suposición de que el silencio es perjudicial en la vida. La radio en el automóvil, la música en el elevador y la melodía de la línea de espera en el celular se suman como impedimentos serios a la introspección.

Así, se le niega el privilegio a la mente de vivir consigo misma y se le llena de estímulos para distraerla. La crítica de Aldous Huxley, escritor y filósofo británico, que “casi toda la vida es un esfuerzo para no pensar” suena a verdad y su precio ha sido devastador.

Como dijo T. S. Eliot: “¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir? ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información? Los ciclos celestiales en veinte siglos nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo”. ¿Puedo sugerir algo? Nada tiene mayor jerarquía en la disciplina de la mente que un estudio sistemático de la Palabra de Dios, de donde provienen los parámetros y valores de la vida y donde Cristo es dado a conocer. Palo, amante de sus libros y pergaminos, afirmó la prioridad de las Escrituras como el medio para llegar a Cristo.

La persona promedio entrega su intelecto al mundo, presumiendo que el cristianismo carece de inteligencia. Y para muchos, el púlpito ha cedido a la mentira de que nada intelectual puede ser espiritual. Afortunadamente, hay excepciones. La mente influye directamente al corazón. Perjudicamos a nuestra juventud cuando no reconocemos su capacidad de pensar.

Dios da gran valor a la vida pensante y a su capacidad de moldear lo demás. Salomón, el hombre más sabio de Israel, dijo: “Porque cual es en su pensamiento, tal es él.”

Jesús afirmó que la gravedad del pecado no es solo el acto, sino también la idea misma de pecar. El apóstol Pablo le advirtió a la Iglesia que tuviera la mente de Cristo y les exhortó: “[…] Hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo merece alabanza, en esto piensen”.

El seguidor de Cristo debe mostrarle al mundo el significado de pensar justamente. En las palabras del envejecido David a su hijo Salomón, le exhorta lo siguiente: “Reconoce al Dios de tu padre y sírvele con un corazón íntegro y con ánimo voluntario; porque el Señor escudriña todos los corazones y entiende toda la intención de los pensamientos.” (1 Crónicas 28:9). Con nuestra mente podemos seguir al Dios de la creación. Él nos anima a pensar y, haciéndolo, a transformar nuestras vidas para encontrarnos con su hijo Jesús, quien finalmente pensó en usted y en mí en la cruz.