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Dora Mayer: Una mujer de avanzada

Joel Rojas Huaynates ha compilado la obra de esta insigne pensadora que lleva por título Dora Mayer, el Sol que disipa las nubes-Textos esenciales”, con el sello del Fondo Editorial del Congreso de la República.

3/3/2019


Luz María Crevoisier

Periodista

Existen personalidades que nos dejan indiferentes y otras que nos subyugan o nos mueven a reflexión. En este segundo grupo ubicamos a una mujer que se enfrentó a paradigmas sociales de una ciudad pacata y con espíritu colonialista.

Hablamos de las primeras décadas del siglo XX y de Dora Mayer, cuya vida y trayectoria se ubica en el siglo pasado, pero que dejó un legado imperecedero a través de su posición como librepensadora.

Dora nació en Hamburgo, Alemania, en 1868, y fue adoptada por Anatol Mayer y Mathilde de Loehrs; llegó al Callao el 14 de abril de 1873. La familia se estableció en la calle Loreto.

“Años después, se mudarían a la calle Bolognesi, en Bellavista, a la casa signada con el número 523, que aún existe como siguen vivos los recuerdos de Dora Mayer en el Callao”, declara al Diario Oficial El Peruano Joel Rojas Huaynates (La Oroya, 1983), licenciado en Filosofía por la UNMSM.

Joel ha compilado en dos voluminosos volúmenes la obra de esta insigne pensadora con el título de Dora Mayer, el Sol que disipa las nubes-Textos esenciales, con el sello del Fondo Editorial del Congreso de la República (octubre del 2018).

El primer tomo “reúne sus folletos y libros publicados entre 1907 y 1934, además de un conjunto de artículos que permitirá a los lectores tener un conocimiento más amplio sobre esta pensadora”, leemos en el Estudio Preliminar (Los espectros de Dora Mayer). Y por supuesto, no está ausente su famoso opúsculo “Zulen y yo” en el que le increpa su indiferencia”.

Eso que no se sabe

En nuestra amena charla con Joel, quien forma parte del Grupo de Investigación Pedro Zulen y es director de Antagonismos, revista de filosofía política, manifiesta que “causa extrañeza la decisión de Pedro Zulen (cuyo apellido en chino es Sulong), de interesarse por la problemática andina y no en la de los culíes (esclavos chinos), siendo hijo de un inmigrante chino. La respuesta la podemos tener en su madre Petronila Aymar, de origen andino. Ella seguramente lo acercó a ese mundo”, deduce Joel Rojas.

“Dora Mayer empezó a colaborar con artículos diversos en El Comercio a partir de 1900, gracias a la amistad del señor Mayer con su director, Antonio Miró Quesada.

“Su madre adoptiva se encargó personalmente de su formación intelectual. Sus conocimientos estaban imbuidos del positivismo de fines del siglo XIX y de las teorías darwinistas y de Spencer; sin embargo, Dora no fue atea aún sin ser católica”.

Mayer y la minería

“En 1909 conoció en San Marcos a Pedro Zulen y a Joaquín Capelo y con ellos fundó la Asociación Pro Indígena. Como parte de su compromiso, editó en 1914 “La conducta de la Compañía Minera del Cerro de Pasco, “el escrito más importante que hay sobre los mineros de principios de siglo”, como apunta el historiador Alberto Flores Galindo.

“En 1917 se desintegró la Asociación Pro Indígena, debido al escándalo del amor de Dora por Zulen debido a la diferencia de edades. Dora fue una mujer de avanzada, pues en sus artículos trata de temas filosóficos, humanistas, políticos, así como sobre el Indigenismo. Incluso increpa a Mariátegui por su apego a teorías extranjerizantes, lo mismo que a los del Boletín Titicaca, seguidores del marxismo.”

Dora Mayer preconizaba un feminismo maternal, afirmando que “la familia es el núcleo principal de la sociedad y la madre cumple una labor rectora para mejorar esta sociedad”.