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Economía circular y responsabilidad ambiental

Un restaurante que aprovecha las sobras de los comensales para convertirlas en combustible; una empresa que reutiliza las baterías usadas para convertirlas en nuevas; o una fábrica de cerveza que recicla vidrio para sus envases. Todas ellas tienen algo en común: aplican la economía circular, un modelo de producción distinto al tradicional que apunta hacia formas sostenibles de gestionar los productos y servicios.

2/2/2019


Pilar Marín Bravo

Periodista

Y es que en un mundo cada vez más agobiado por formas de producción que dañan el planeta, la urgencia de adoptar medidas para frenar los efectos nocivos del consumismo están llevando a los países y a las empresas a actuar. Es bueno constatar que el Perú está dando pasos seguros hacia ese objetivo orientado a que la economía global sea menos contaminante.

En tiempos en que el sistema económico vigente, con un modelo de producción que exalta el consumo, genera serios perjuicios al medio ambiente, la economía circular se erige como una herramienta clave para aprovechar los recursos que la naturaleza nos da bajo la premisa de que todos ellos cumplen una función de manera continua y no hay por qué desecharlos.

En esa perspectiva, este modelo económico se contrapone al conocido de producir, usar y tirar, pues la materia prima se puede volver a aprovechar. La economía circular apunta a la reducción, reutilización y reciclaje de elementos, de tal manera que se prolongue la vida útil de los materiales y los recursos tanto como sea posible.

Una mirada a las preocupantes cifras de la contaminación y la acumulación de basura en el planeta confirman la importancia de pasar a la acción. Según cifras de la ONU, en el mundo ocho millones de toneladas de basura plástica van a parar a los océanos cada año, afectando a miles de especies.

La aprobación de normas para prohibir el uso de plásticos de un solo uso, como los sorbetes, es un paso acertado como parte de las políticas públicas para reducir la contaminación por plástico. Pero todavía hace falta mucho más.

A los ejemplos antes citados, que pertenecen a negocios y empresas grandes en Lima, destacan otros como los de una corporación multinacional con sede en la capital que promueve campañas de reciclaje en el uso del papel y otra que tiene una planta de reciclaje para sus botellas de plástico. Son contadas las empresas, pero están ahí, dando el ejemplo y esperando que otros se sumen a la causa.

Si la responsabilidad ambiental debe aumentar en el sector privado, también debe hacerlo a nivel del consumidor y de la población en general, un campo donde la educación tiene una ardua tarea para impulsar las actuales campañas de reciclaje, reducción y reutilización desde la niñez.

De las acciones que tomemos por nuestro medio ambiente dependerán el futuro de nuestro planeta, en consecuencia, la responsabilidad es compartida.