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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

ACTUALIDAD

El asesinato de Floyd y nuestra cotidiana hipocresía

George Floyd no respira. Un asesino con uniforme policial aplica violentamente un estrangulamiento a una persona inmovilizada en el piso. La víctima reclama que no puede respirar, el victimario continúa. El resultado es inminente: la muerte.

17/6/2020


Marcel Lhermitte

Consultor en Comunicación Política y Campañas Electorales


Confieso que la primera vez que vi el informe de la muerte de este hombre no me sorprendió, tuve esa extraña sensación de dejà vu, de estar viendo una noticia vieja. Luego me di cuenta de que no, que se trataba de otro hombre negro asesinado, algo que ha sido habitual por parte de la Policía de Estados Unidos.

Las protestas en Estados Unidos no han dejado de suceder y el rechazo del mundo entero se hace sentir. Nos horrorizamos ante el crimen que sufrió Floyd, y también del que padecieron –y siguen padeciendo– los que no forman parte de la élite blanca de la sociedad estadounidense. Y ahí, en ese punto, es que aflora nuestra hipocresía racial, porque en América Latina no estamos libres del pecado.

En Estados Unidos la supremacía blanca juega un papel siniestro, avasallando los derechos y oportunidades no solo de los negros, sino también de los pueblos originarios, los latinos y los asiáticos. Esta situación no es exclusiva de la nación del norte, también se da en los países de la región.

América Latina y el Caribe tienen una población aproximada de 150 millones de habitantes afrodescendientes, cerca de un tercio del total de personas del continente. No necesitamos estadísticas oficiales para darnos cuenta de que los principales políticos, empresarios, periodistas y formadores de opinión mayoritariamente son blancos, mientras que en las cárceles y en las zonas marginales del continente encontramos más negros. Además, el desempleo, la pobreza y la indigencia también tienen mayoritariamente la piel oscura.

Generalmente, los presidentes de nuestros países, los ministros y los legisladores son blancos, en forma abrumadora.

Barack Obama, hasta el momento, ha sido una excepción en Estados Unidos, como también lo fue Evo Morales en Bolivia, si ponemos el foco en el acceso a la Presidencia de la República de parte de representantes de los pueblos originarios.

Con el asesinato de George Floyd nuevamente quedó en evidencia la brutalidad racial policial estadounidense, que también se practica en América Latina y de la que los países de Europa tampoco son ajenos, pero la hipocresía cotidiana no nos hace ser lo suficientemente autocríticos para entender, denunciar y reclamar igualdad de oportunidades para todas las personas más allá del color de piel.

Honrar a George Floyd es ocuparnos de que el acceso a la educación, los mejores puestos laborales y las óptimas condiciones económicas no tengan distinción racial y, fundamentalmente, también de que como sociedad generemos el acceso de negros y grupos originarios a los sitios de poder, porque la desigualdad latinoamericana no solo es económica, sino también es racial.

El Diario Oficial El Peruano no se solidariza necesariamente con las opiniones vertidas en esta sección. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores.