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CÉSAR TORERO. CINEASTA

“El cine independiente tiene una gran belleza”

Cineasta peruano tuvo que pagar derecho de piso en Estados Unidos para dirigir su primera película, Dinamita.

25/11/2018


Cecilia Fernández Siivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Sus inicios en el mundo de la televisión fueron cuando aún ni siquiera cumplía la mayoría de edad. A sus 14 años, César era un adolescente curioso que veía el cine como una fantasía lejana, sin imaginar que ese arte se transformaría, finalmente, en una realidad profesional en su vida.

Sin embargo, alcanzar ese sueño no fue nada fácil. Tuvo que pagar derecho de piso, como popularmente se dice, para dirigir su primera película, Dinamita, cinta de acción que hoy presenta en la tierra que lo vio nacer.

–¿Qué era lo que tanto te llamaba de la magia del cine?

–Fue amor a primera vista. Soñaba despierto pensando cómo podía llegar a hacerlo realidad. Y la oportunidad se dio a los 14 años, cuando gracias a la novia de uno de mis hermanos, pude pisar por primera vez un set de televisión. Ese día sentí que mi sueño podía funcionar.

–¿La TV fue un eslabón para lograr el gran sueño?

–Cuando comencé a hacer cámara, siendo aún menor de edad, sentía que tenía que conocer este mundo por dentro; y creo que no me equivoqué. Mi formación se dio de la mano de grandes maestros del mundo audiovisual que me veían como un niño. Pero me empeñé y comencé a aprender de las cámaras, así conseguí ser contratado. Era muy gracioso porque mi papá tenía que firmar mis permisos para trabajar.

–¿Cuál fue el obstáculo más fuerte para abrirte paso en ese mundo?

–Demostrar que podía. Siempre me gustó juntarme con personas mayores y ellas, poco a poco, se abrían con sus consejos. Así llegué a América TV y estuve 11 años en plena gestación de los noticiarios y al lado de gente importante. No soy alto y los camarógrafos de aquel entonces eran grandes, pero eso no me importaba. Así cubrí la toma de rehenes en la residencia del embajador de Japón y fui una de las primeras cámaras junto a CNN. Viajé por el mundo como camarógrafo hasta que dije hasta aquí no más. Toca hacer mi película.

–¿Dejaste todo?

–Sí, después de un viaje a Estados Unidos me planteé el reto de hacer cine y para eso había que ir a la meca. Renuncié y dejé a mi hijita que tenía 13 años aquí, en Lima, para comenzar de cero. Recuerdo que me decían, olvídate, en el extranjero jamás volverás a tocar una cámara y deberás trabajar de cualquier cosa.

–¿Y no fue así?

–Me fui con 15 dólares en el bolsillo y pasaron seis meses hasta que pude tener una TV regalada y empezar a ver los programas que se hacían allá. Encontré un canal en el sur de la Florida y dije aquí es. Solo había un peruano en ese staff. Nadie me quería ayudar. Conocí a un cubano llamado Rolando Barral, quien me da la bienvenida y me muestra el canal por dentro, como visitante. Luego me invitó a su show en vivo ese mismo día y, gracias al destino, hubo un problema con dos camarógrafos en el estudio y yo estaba ahí como la solución. Recuerdo que él me dijo ¿puedes hacerlo?, y desde ahí no paré en los Estados Unidos.

–¿Directo a las grandes cadenas?

–No fue fácil, hay mucho celo profesional. Me hicieron de todo, hasta me movían la cámara en transmisiones importantes, pero uno tiene sus trucos y sorteaba esas cosas. Lo recuerdo ahora como un chiste, pero fueron momentos que uno debe pasar para templar carácter.

–¿Y cómo comenzaste a dirigir?

–Luego de obtener un dinero y trabajar casi sin descanso, logré grabar el piloto para una serie, 305: Escuadrón especial, pero la falta de experiencia como productor y director te pasa factura. Es que todo era con mi dinero. Faltaba presupuesto y, sobre todo, quién viera mi trabajo. Eso realmente me deprimió un poco.

–¿Ese trabajo no vio la luz de los sets?

–No, solo quedó ahí y dije me voy a Los Ángeles de nuevo a ver cómo hago mi sueño. Y comencé a trabajar en películas, pero como cámara; siempre con el sueño. Hasta que de nuevo dije voy a trabajar otra producción y así nació La esfera de marfil, una historia escrita por un productor cubano. Ahí, al fin, se logró un presupuesto millonario, pero un tema entre los actores y el inversionista terminó por dejar todo en un punto cero.

–¿Pensaste dejarlo todo en ese momento?

–No negaré que uno se desalienta, pero mi deseo era más fuerte y dije vendo mis equipos y me embarco en una película. Así nació Dinamita. Ya como director.

–¿Cómo nace la historia de Dinamita?–Está basada en la vida de la actriz y protagonista, Ady León. Cuando ella me cuenta su historia, decido buscar un guionista, pero no teníamos presupuesto. Hacer una película sin guion es muy difícil, pero llegamos a un acuerdo, en el que todos aportaríamos; así salió esta cinta, participativa en todo sentido.

–¿Volverías a vivir todo para lograr tu sueño?

–Absolutamente, ahora quiero hacer más producciones, en las que el talento peruano se muestre al mundo. Ese es mi nuevo reto.