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SÁBADO 19

de octubre de 2019

JONATHAN SAJOUX. MALABARISTA

“El circo es mi pasión en la vida”

Reconocido malabarista peruano nos cuenta cómo descubrió una nueva vida bajo la carpa que hoy lo tiene cautivado.

14/7/2019


Cecilia Fernández Siivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Jonathan Sajoux, fundador de Los Circonautas,  es un malabarista que trabaja con tal pasión que lo suyo es una forma de vivir la magia del circo los 365 días del año, como si siempre estuviera bajo la carpa. Él nos cuenta cómo se enamoró  de este mágico mundo.  

–¿Cómo fue tu acercamiento al mundo del circo?

–Descubrí los malabares con el diábolo, en el 98, en la Feria del Hogar; donde vendían este instrumento como un juguete. Lo tuve en mis manos y desde ese momento hubo tal conexión que no paré de practicarlo.

–¿Cuántos años pasaron para que llegaras al circo?

–La primera vez que trabajé en un circo fue en el 2001. Tenía 16 años. Fue en el Magic Circus; recuerdo que la atracción principal era King Kong, un robot. Trabajé a insistencia del dueño porque inicialmente no me convencía mucho la idea de trabajar en un circo.

–¿Por qué?

–Yo me sentía malabarista, un personaje más urbano, más cercano a un skater. No imaginé que después nunca dejaría la pista circular.

–¿Eres autodidacta?

–Me formé como malabarista mirando videos, aún no existía YouTube, así que te imaginarás. También viendo a todos los malabaristas que pasaban por la ciudad; pero donde aprendí más fue en La Tarumba.

–¿Cómo llegaste ahí?

–En el 2003, La Tarumba estrenaba su primera carpa de circo. Fernando Zevallos, el director, me comentó que tenía todo listo para su espectáculo, menos malabaristas. Así, me invitó a ensayar, sin ningún compromiso, y también a ser parte de una presentación por el aniversario cien de mochileros con todo el elenco. A partir de esa función, mi visión del circo cambió para siempre. La emoción de compartir el escenario con un grupo humano dispuesto a dejarlo todo en la pista, a compartir. Ahí entendí que no se trataba de un acto nada más, si no de formar parte de un conjunto que hacía un todo más poderoso.

–¿Así nace la escuela profesional de circo?

–Después de formar parte del elenco en el 2003 se iniciaría lo que sería la primera promoción de la escuela profesional de circo, en el 2004. La versión beta, por decirlo así, de esta escuela que estaba conformada por el elenco y algunos más que ingresaron por medio de una audición.

–¿De qué debe nutrirse el artista?

–Creo que además de la especialidad, esta debe complementarse con otros conocimientos básicos para moverse en el escenario y tener una mayor conciencia de tu cuerpo y de lo que dice. En nuestro caso, la formación profesional incluía acrobacia, danza, teatro, mimo y demás disciplinas de circo, como el equilibrio, aéreos y otras artes complementarias.

–¿El Perú cuenta con soporte formativo para el circo?

–Sin duda, existe la escuela profesional de circo de La Tarumba, que es una muy buena opción. Y si hablamos de afuera, tenemos Europa o Canadá.

–¿Qué sientes cuando ves espectáculos que se hacen llamar circo?

–Creo que hay muchas propuestas de espectáculos para Fiestas Patrias que se colocan bajo una carpa de circo, pero pocos grupos que se dedican al circo como compañías estables que buscan un desarrollo a largo plazo.

–¿Cuál es tu balance?

–Se ha ganado un circo que se abre como posibilidad para gente que no necesariamente pertenece a una familia de tradición circense, es decir, cualquiera podría dedicarse al circo de forma profesional.

–Ya no solo es por amor al arte, ¿es hoy una empresa?

–Creo que son las dos cosas. Sin duda, tu mamá no dice: mi hijo será abogado, doctor o cirquero. Los que hacemos circo lo hacemos por pasión, amor al arte, que no quiere decir que no cobremos. Quiere decir que amamos nuestro trabajo, que no es un castigo empezar el lunes por la mañana, sino un nuevo reto cada día en la búsqueda de superarte a ti mismo. Pero, sin duda, con esfuerzo y astucia puedes sacarle la vuelta a la depreciación que hay por el arte.