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Año de la Universalización de la Salud
MARTES 2

de junio de 2020

El coronavirus y las novias que esperan (crónica)

Mayoría de matrimonios se está postergando de abril del 2021 en adelante, a la espera que se descubra una vacuna contra el covid-19.

4/5/2020


José Vadillo Vila


1.
Dos semanas antes de su boda, Giuliana Vargas ya tenía todo listo: el cáterin -que es el gasto más fuerte-, la “hora loca”, el grupo electrógeno, el fotógrafo, en fin. Solo era esperar la bendición del sacerdote y, de ahí, irse con sus invitados, de Surco a Cieneguilla, a celebrar el matri como Dios manda. 

Ella se había tomado el proceso de la boda de manera “muy tranquila”. Solo hacía un poco de dieta y avanzaba la serie de trámites y requerimientos que implica una ceremonia religiosa. 

Su prometido, Orlando Dávila, ya tenía listo el terno para la boda. También las seis damas de honor, que eran las mejores amigas de Giuliana, se habían mandado a confeccionar sus vestidos en los colores y el modelo que ella les había pedido. Inclusive dos de ellas ya habían recogido los vestidos. Como la tía de la novia es modista, Giuliana ultimaba detalles del vestido blanco de sus sueños. 

Unas semanas antes, Giuliana y Orlando se habían casado en matrimonio civil. Prácticamente solo se trató de firmar el acta; luego hicieron una reunión pequeña, “algo muy chiquito”, cuenta, con la familia más cercana. Porque guardaban todas esas ganas de festejar para el matrimonio religioso. Inclusive, como el ahora esposo es de Chiclayo, su familia ya tenía los boletos de avión comprados para venir a la ceremonia.

Los novios habían pagado los servicios más de la mitad, pero, de un momento a otro, Giuliana tuvo que llamar uno a uno a sus proveedores y cancelar todo. 

-Lo vamos a tener que reprogramar -les dijo Giuliana. La mayoría de sus proveedores fueron muy abiertos a la reprogramación, aunque no comprendían que lo hacía por una medida de emergencia que solo era, hasta entonces, un rumor.


2.
Ese fin de semana, Milagros Sánchez, de Arte & Gourmet Catering, no tuvo bodas, pero supo que algo andaba mal cuando se enteró que ese sábado 13 de marzo, las fiestas de matrimonio donde sí trabajaron algunos de sus amigos y proveedores, se realizaron con solo la mitad de los asistentes. 

Un DJ, por ejemplo, le envió una selfie de un matri en Cieneguilla: usualmente ubican a los pinchadiscos fuera del toldo, pero había tan poca gente en ese matri planificado para 200 personas, que el DJ hacía su trabajo prácticamente al lado de los pocos comensales. Un matri en Lurín se celebró con la mitad de los invitados. Y así.  

Las del 13 de marzo, fueron las bodas más tristes del año. “Las novias más afectadas fueron las que se casaron ese fin de semana; ellas gastaron todo y no vinieron todos sus invitados. La gente ya estaba asustada con el contagio del coronavirus”, me dice Milagros, que lleva 15 años trabajando en el rubro. 

En cambio, el resto de los novios, tras el anuncio presidencial, llamaron para posponer sus matrimonios. 

Ese sábado 13, también fue su cumpleaños de Giuliana Vargas realizó una pequeña reunión, algo tranqui, como dicen. A pesar de que había rumores que decían que el Gobierno iba a decretar una cuarentena por el coronavirus en cualquier momento, la gente de su entorno no lo tomaba como algo real. Inclusive los médicos.

Giuliana trabaja en una empresa que provee equipos de Traumatología para cirugía, y aprovechó para preguntar a varios médicos cononcidos su inquietud. Todos le respondían lo mismo: “tranquila, no pasa nada”. “Todo el mundo, hasta los médicos, esperaban que fuera como la AH1N1”.

La pandemia de la AH1N1 se dio entre el 2009 y 2010. Si bien “la gripe porcina” cobró la vida de más de 18 mil personas en el mundo; 203 de ellos en el Perú, según las cifras oficiales. Pero no se decretó cuarentena por esa pandemia. 

Pero había voces, correveidiles, que le inquietaban. Al esposo de Giuliana, que trabaja en el sector público, también le llegó la información que el país entraría en cuarentena y que el presidente lo anunciaría al día siguiente.

Al día siguiente, por la mañana, domingo 14, estaban en la playa privada de Toyo Seco. Primera alarma: había menos gente que un fin de semana habitual de verano; y se enteraron que en Punta Hermosa y otras playas de los balnearios del sur la policía y los serenos habían restringido el ingreso a las playas. 

En Punta Negra, Pamela Pizarro, que había alquilado una casa para celebrar el cumpleaños de su hijo Renato con un grupo de compañeros de aquél, escuchó también esa mañana a los serenos perifonear que por orden del Gobierno estaba prohibido el acceso a la playa, aunque no quiso aceptarlo en un primer momento, los padres de familia invitados solo pensaban en subir a sus carros y volver a Lima lo antes posible. A las mismas horas, en San Bartolo, Juana Huertas despertó con la voz de los policías que prohibían a los veraneantes que llegaban con toallas y sombrillas a bajar a la playa. Se quedó triste: sus nietos ya no gozarían de su último día entre olas y arena antes de iniciar las clases en el colegio. 

-Tenemos que volver a Lima -le dijo Giuliana a su esposo. 

Desde la Panamericana Sur, llena de autos que retornaban a Lima, Giuliana comenzó a llamar a su wedding planner y a cada uno de sus proveedores, incluidos el coro de la iglesia y la maquilladora: la boda se reprogramaba, aunque el presidente Vizcarra aún no anunciara nada. Desde Lima ya llegaban noticias que los supermercados andaban repletos de gente comprando desesperadamente (el primer producto en agotarse sería el papel higiénico).  

“Se veía que iban a venir cosas feas, pero los proveedores aún no lo creían. Fui la primera que les reprogramaba. Inclusive llamé a la iglesia en Surco donde se iba a casarme y no querían cambiarme de fecha porque dijeron que, hasta ese momento, la prohibición era solo para las misas celebradas en capillas no en iglesias”. Pero los novios prefirieron no correr riesgos y cancelarlo. 


3.
A la wedding planner Giuliana Delgado le sorprendió cuando ese domingo 14 de marzo, su tocaya, Giuliana Vargas, le llamó desde la Panamericana Sur para suspender la boda. 

Usualmente, las novias comienzan a planificar sus bodas con un año de anticipación. Es cuando toman contacto con estas profesionales, que les ayudan a organizar la boda de sus sueños, encontrar la iglesia, a los mejores proveedores, el catering, los equipos de sonido, grupos electrógenos, etcétera. Con las wedding, las novias aterrizan esas ideas que tienen de acuerdo a sus presupuestos, al clima, a los gritos de la moda nupcial y a la proyección del número de invitados, por su puesto. 

“El 95% de los casos tiene una lista de invitados y termina ampliándolo, con 50 o 100 personas más. El presupuesto varía y tiene que reduciendo cosas que tenía pensado o cambian una idea por otra”, dice Giuliana Delgado. 

Otro grupo de novias prefiere tomar los servicios de las wedding cuando ya tienen un panorama con de posibles proveedores, con el local donde casarse.    

Con Giuliana Vargas ya tenían todo avanzando, solo quedaban últimos detalles para marzo como qué cubiertos y servilletas pondrían en las mesas los invitados o qué cócteles se comprarían. 

“Apenas hay separación de fecha, se busca a los proveedores y se les da un adelanto para que ellos no se comprometas con otras actividades para ese día. Algunos servicios, como el catering, debe de estar cancelado justo dos semanas antes de la boda; todo dependerá de qué tan condescendiente sea el proveedor”, explica. 

Giuliana Delgado lo que se sabía hasta ese mediodía del domingo 14 de marzo eran solo voladas, pero escuchó con tal determinación a la novia cancelar la boda que había organizado con paciencia de orfebre durante 12 meses, que inmediatamente se fue con su esposo, César Castro, a provisionarse para lo que venía.

Lo único que quedaron en ese momento con la novia, es que la fecha abierta no chocaría con tres fechas, entre julio y agosto, que la wedding ya tenía otros compromisos pactados; actividades que también han quedado en stand by.

“Los propios proveedores han aceptado la fecha abierta de la boda porque no les conviene perder clientela, ya que negocios como los catering o la hora loca, se mueven por recomendación. Esas empresas no quieren que se cierre la posibilidad a futuros clientes y no están cobrando penalidades, como sería lo normal con un cam bio de fechas, porque saben que es algo excepcional debido a la pandemia, y los adelantos se están respetando”, explica Delgado. 

Lo más seguro es que Giuliana Vargas se vista de blanco un fin de semana del 2021.


4.
“La organización de eventos es uno de rubros más afectados por el distanciamiento social obligatorio. Los matrimonios se disfrutan en familia, con amigos. Hasta que salga la vacuna, no podremos realizar eventos”, dice Milagros Sánchez. 

Desde que se oficializó la cuarentena nacional y se quedó en claro que durante la pandemia los eventos masivos estaban prohibidos, todos los días Sánchez recibe llamadas y correos de novias y wedding planners postergando matrimonios. 

Un caso que le apena es de una pareja que se casaba en un local de Lurín el 21 de marzo, a la semana del anuncio presidencial. El novio se empecinó en no postergar hasta que el Gobierno descartara que los eventos de menos de 100 personas no se realizarían. Tenía la esperanza de casarse en su fecha y pagó todos los servicios al cien por ciento. Cuando salió la normativa, se quedó con todas las cosas de su boda.

Quienes se casaban en marzo y abril, empezaron a postergar sus matrimonios para junio. Pero las noticias no han sido alentadoras sobre el covid-19, y quienes abrigaban esperanzas para vestirse de blanco en octubre o noviembre, han empezado a reprogramar para el próximo año. 

“La gran mayoría está reprogramando a partir de abril del 2021. Algunas han ido hasta agosto del 2021, porque piensan que para esa fecha ya saldrá la vacuna. Inclusive hay un grupo, un 40 por ciento, que, con miedo a que la vacuna no salga aún, no quieren tomar la decisión, algunos están esperando postergar para el año 2022”, cuenta Milagros Sánchez. 

Recuerda la wedding planner Giuliana Delgado que si se habla de novias, no es por machismo, sino porque ellas, para la industria de las bodas, son el “indicador”. “Mayormente son las que realizan el primer contacto con el mundo de las bodas; los novios, en cambio, no ven necesario la presencia de las wedding o de determinados servicios. Hay muy pocos novios que se interesan por aspectos como el color de las sillas. Algunos sólo ven si les gusta el local o dónde quieren que se ubique la barra. Desde que somos novias, las mujeres marcamos el territorio”, bromea.

Milagros Sánchez dice que un problema que tienen los novios para la reprogramación de sus bodas es que la mayoría de las oficinas de las iglesias no están funcionando; y en el caso de los locales de alquiler, también son muy pocos los que en estos momentos estén ofreciendo servicios administrativos.


5.
“Los que trabajamos en el rubro pensábamos que el 2020 iba a ser nuestro año. El 2019 fue un año bajo por el tema político, por la lucha anticorrupción: hubo muchas personas a quienes botaron de sus trabajos y se cayeron las grandes fiestas y bodas. En enero y febrero de este año, empezó bien, y pensamos que en abril se iban a multiplicar los eventos. No esperábamos que venga el coronavirus”, cuenta Milagros.

Pese a las circunstancias y el estado de emergencia, hay un grupo de casamenteras que llama a las wedding planners, a los servicios de catering para averiguar, quieren, mediante videollamadas, cotizaciones. Solo eso. 

“Nadie se quiere arriesgar, solo piden información, dicen que ‘están viendo’, pero no están seguros de separar formalmente una fecha; quieren ver cómo se maneja el coronavirus, tienen el sueño de casarse, pero les asusta enterarse que gente joven se está muriendo por el covid-19. Quieren casarse y disfrutar”.

“Este año ya fue”, dice Giuliana Delgado. “Pero el próximo año mejorará, posiblemente se junten las bodas postergadas del 2020 con las planificadas para el 2021”.

Delgado es de las que creen que volverán las bodas en la pospandemia, pero con una logística distinta. “Vamos a tener que usar el termómetro, la mascarilla, no se verá elegante, pero se tendrá que hacer, mientras no tengamos la vacuna para prevenir el covid-19. Los eventos no creo que sean de la magnitud que eran antes, la gente va a tener miedo de toparse y contagiarse. Se va a tener que hacer todo manteniendo el metro de distancia o todos sentados. Va a ser algo extraño. Vamos a ser como Los Supersónicos”, opina.  

Milagros Sánchez discrepa. Cree que la mayoría de novias preferirá esperar, no quieren bodas con mascarillas ni distanciamiento social; quieren disfrutar su fiesta, abrazar a sus familiares y amigos. Ahora más que nunca, dice, porque las novias quieren un evento donde poder ver y abrazar a todos los familiares y amigos que no han podido ver durante la cuarentena. Y eso tiene que ver con la idiosincrasia del peruano: tenemos familias grandes y las bodas con 50 invitados son excepcionales. 

Una novia que también prefiere esperar es una médica del hospital Loayza, que desde hace 18 meses alista su boda para el 18 de abril. Cuando se inició la medida de emergencia movió primero la fecha para noviembre, luego para mayo del 2020 y ahora va a cambiar de fecha por cuarta vez. “Milagros, esto no va a tener solución”, le ha confiado, apesumbrada, porque las personas no están cumpliendo la cuarentena.

Lo que coincide con Giuliana Delgado es que se necesitará capacitación al personal, que cambiarán muchas medidas y los protocolos de sanidad se interiorizarán en la industria de bodas. También de que el 2021 será un año auspicioso para la industria de bodas, donde sumarán los eventos pendientes de este año y los del próximo. Finalmente, todo dependerá que salga la vacuna. 


6.
“Orlando y yo nos vamos a casar el próximo año”, asegura Giuliana Vargas. 

La pareja piensa que el matrimonio ya no será para las 200 personas que inicialmente pensaban invitar, sino algo más pequeño, con los familiares y amigos más cercanos. “La idea es celebrar la unión con la bendición de Dios y junto a las personas que más queremos. Todo dependerá de lo que suceda. No se tiene nada claro. Dicen que la vacuna saldría para setiembre”.  

Por lo pronto, el traje blanco de Giuliana tiene un lugar especial en el clóset. Espera a la novia.