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Año de la Universalización de la Salud
MIÉRCOLES 12

de agosto de 2020

REFLEXIONES.

El coronavirus y el pánico

20/3/2020


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo, educador

Veíamos la semana pasada en las noticias que no pocas personas iban raudamente a comprar grandes cantidades de víveres y artículos de higiene como consecuencia de la llegada de un nuevo virus al país –el covid-19, más conocido como coronavirus–. Esta conducta solo iba a lograr, por un lado, el éxito en el negocio de estos almacenes; y por otro, el que nos preocupaba, desabastecer de ciertos productos y, sobre todo, producir zozobra innecesaria, miedo y un peligroso brote de desesperación, que para suerte no degeneró en caos ni en mayores problemas.

Los especialistas en cuestión, entiéndase infectólogos, biólogos, epidemiólogos, han brindado ya la información necesaria para evitar el contagio y, en caso este sea inevitable, han comunicado cómo sobrellevar el proceso viral. No es un cuadro letal, más mata la rabia o el ébola que el coronavirus. Están en mayor riesgo las personas muy mayores de edad, aquellas con ciertos cuadros como la diabetes, insuficiencia renal, hipertensión, problemas broncopulmonares crónicos, enfermedades coronarias, cáncer y con el sistema inmunitario venido a menos, según los expertos. El resto puede tratarse en casa con el debido descanso y paliativos brindados por los médicos.

Así que a no perder la calma y la perspectiva de las cosas. No desabastecer farmacias y supermercados, pues comprar ingentes cantidades de alcohol o gel desinfectante no son conductas oportunas ni inteligentes y debemos mantener la tranquilidad y el juicio para seguir las sugerencias que se vienen compartiendo en canales oficiales y vía radio o televisión. La prensa amarillista debe tomar conciencia de los riesgos de desinformar o exagerar algunas situaciones, pues solo conseguirán aumentar el pánico entre la gente. No es el apocalipsis, no es la última plaga, no. Saldremos de esto como siempre lo ha hecho el ser humano. Gran parte de esta familia de virus no es altamente peligrosa y se puede enfrentar de manera muy eficaz, aunque la pobreza, la desinformación y la falta de educación matan, muchas veces, más que las enfermedades en sí.

Declarada ya la cuarentena, demostremos civismo, responsabilidad y empatía y quedémonos unos días en casa esperando que pase el “pico” de contagio. Usemos la creatividad y la imaginación para ver cómo invertimos este tiempo disponible junto a la familia. Tan difícil no es.

Por otro lado, pensamos que las recomendaciones que se nos vienen dando, como lavarse las manos frecuentemente, usar desinfectantes, estornudar o toser empleando pañuelos desechables, evitar tocarse constantemente los ojos, la nariz o la boca, y menos con las manos sucias, o mantener limpia las superficies de las casas, colegios y oficinas son sugerencias que deberían ser parte de nuestros hábitos y costumbres desde siempre. Pareciera que hemos normalizado la suciedad y vaya que en algunas casas e instituciones esto ha sido así. Esperamos que al pasar esta temporada poco afortunada seamos capaces de aprender algo como individuos y como país.







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