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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
VIERNES 6

de diciembre de 2019

REFLEXIONES

El cuerpo y las apariencias

3/11/2019


Manuel Arboccó

Psicoterapeuta–Docente Universitario

La especialidad médica más rentable hoy –según diversos reportes– es la cirugía plástica. Si no me gusto ni me acepto, pues no hay problema: contamos con bisturís, botox, liposucciones y cremas antiarrugas. Y para todos los bolsillos y autoestimas. Y no hablamos de recurrir a ella por alguna emergencia o accidente serio sino por pura vanidad o autorrechazo.

Silvia Reisfeld en su libro titulado Tatuajes: una mirada psicoanalítica, nos dice lo siguiente: “Así como cada sociedad recrea un imaginario en torno a un modelo deseable de cuerpo, otro tanto ocurre con las prácticas que instituye”... “En efecto, en siglos anteriores, la preocupación religiosa incluía un cuidado del cuerpo que suponía alcanzar otros logros: el gobierno del alma y las pasiones. Es decir, se apuntaba a un control del deseo. En cambio, en un contexto (hoy) donde tales ideas dejan de ser preponderantes, nos hallamos ante una motivación diametralmente opuesta. Así, dentro de lo que hoy en día es la cultura del consumidor, el cuerpo se torna un vehículo del placer, es deseable y deseante, y por consiguiente hay que trabajarlo y producirlo.”

Se usa ahora entre los jóvenes un término horrible: “producirse”. Efectivamente, se habla de producirnos para salir de casa y dar una buena imagen en alguna reunión social, y –mientras dure la producción– poder ser mirado(a), deseado(a), envidiado(a). Pero recordemos que al producirnos nos convertimos en un producto, es decir, en una cosa, un artefacto, algo que, como todo producto, será exhibido, mirado, tocado y finalmente alquilado o comprado. Como ocurre con los objetos que se ofrecen en las tiendas.

Pero las personas no podemos nunca ser productos, pues como seres humanos tenemos dignidad, psique, valores, mundo interior. Recuérdese en este punto los argumentos macabros que se consiguieron en el pasado para justificar matanzas y genocidios al ver al otro precisamente como una cosa o un número, despojándolo de toda su humanidad.

El lenguaje –fíjense con este ejemplo– representa también cómo nos vemos, tratamos y sentimos. El término “producirse” es una palpable cosificación de este mundo de la imagen e inauténtico, que privilegia lo externo y observable (tangible) a lo privado, natural, íntimo y esencial. Quizá estamos perdiendo esa interioridad tan humana y ahora solo queda la cáscara.

Reisfeld afirma que “un proceso de seducción impregna todo el funcionamiento social y regula el consumo, las costumbres, las organizaciones, la educación y la información. De ahí, la multiplicación de prácticas cotidianas: la preocupación por el envejecimiento, una atención obsesiva por la salud y la alimentación, los rituales de control y mantenimiento (deportes, gimnasia, etcétera), el consumo de medicamentos o el auge de las cirugías reparadoras. El individuo moda, sin lazos profundos ni mayores adhesiones, oscilante en sus gustos, se guía por el imperativo de la apariencia”.

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