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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MIÉRCOLES 18

de julio de 2018

TRADICIONES

El Día de los Inocentes

La palabra santo es usada por los peruanos como sinónimo de cumpleaños. Suele decirse día del santo por la fecha del nacimiento de una persona, y no por el del patrón que señala el santoral eclesiástico.

23/12/2017


José Vargas Sifuentes

Periodista

La costumbre se inició un día del que nadie tiene memoria cuando a una de nuestras tatarabuelas se le ocurrió consultar el santoral de la Iglesia católica y eligió para su hijo el nombre del santo del día. La práctica se extendió y convirtió en solución al problema con qué nombre bautizar al vástago. Y así nacieron nombres que hoy nadie se atrevería a poner a sus hijos. Casos de Veneranda, Edilburga, Pantaleón, Crisólogo, Próspero o Napomuceno, por ejemplo.

Pero había una fecha que no era tomada en cuenta a la hora de bautizar al nuevo crío: el 28 de diciembre, día en que se conmemora la degollación de los Santos Inocentes, que, según la Biblia fueron niños asesinados por orden de Herodes, para así acabar con Jesús recién nacido, y evitar que algún día le quitara el trono. Ningún nacido en esa fecha recibió el nombre de Inocente. Sí recibieron el de Inocencio los nacidos el 28 de julio, día de ese santo.

El 28 de diciembre, sin que nadie tampoco recuerde por qué ni desde cuándo fue dedicado a la burla y a las bromas en perjuicio del prójimo más próximo. Y se hizo costumbre, por ejemplo, pedir dinero prestado en esa fecha, y al recibirlo, exclamar: “¡inocente!” y, santa palabra, la deuda devenía inexistente.

En esa fecha, se hacía gala de ingenio, viveza y malicia para cobrarse la revancha contra alguien, poner en evidencia la torpeza de los demás, hacerles pasar un mal rato o evidenciar su inferioridad. La víspera, cada quien se ponía en alerta, pues con seguridad al día siguiente su mejor amigo, su pata del alma, le podría hacer alguna trampa o dejarlo en ridículo.

Lo curioso era que las bromas o malas pasadas podían hacerse solo hasta el mediodía, pasado el cual ya no surtían ‘efecto’ o no ‘valían’. Una regla jamás escrita ni testimoniada por ningún cronista. Bromas pesadas como hacer que alguien se presentara en un lugar donde no había sido llamado, hacerlo viajar de Lima a Chorrillos con un falso motivo, o invitar ‘dulces’ (con apariencia de chocolate) hechos de algodón, eran las principales de esa fecha.

Ese día, nadie prestaba dinero, así se tratara de una real y extrema emergencia, o se solicitara con lágrimas. Se dudaba hasta de la veracidad del arma y de la sangre. De a pocos se dejó de lado esta tradición y hoy son escasos los sectores que persisten en ella. Y, hasta donde sabemos, se practica también en muchos otros países americanos y de otras partes del mundo. Este 28 de diciembre tome sus preocupaciones y no se deje sorprender. No diga después que no se lo advertimos.