Tipo de cambio:

Compra: 3.353

Venta: 3.354


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
SÁBADO 21

de setiembre de 2019

REFLEXIONES

El drama humano

23/8/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicoterapeuta, profesor universitario

“Yo que no soy ni familia ni colega tuya, he entendido que tu vida no está fuera de peligro y que seguramente será así para siempre. He comprendido que aunque vivas aún mucho tiempo, siempre caminarás al borde de tu propia muerte”, le dice Noémie a Ruth en la novela El monje y la psicoanalista de Marie Balmary, y seguidamente leemos: “¿Quién, entre los mortales, no camina al borde de su propia muerte?

Efectivamente, quién no vive sabiendo que somos seres mortales, seres que vamos hacia un final bastante democrático, pues todos, sin distinción alguna, moriremos algún día. He ahí algunos de nuestros dramas humanos, existencialmente hablando. La toma de conciencia de nuestra finitud, de nuestra pequeñez, de nuestra fragilidad.

“La vida, decía Manuel González Prada, se puede resumir en tres palabras: triste, ridícula y puerca; sin embargo, nosotros podemos derramar algo de regocijo en esa tristeza, algo de elevación en esa ridiculez y algo de limpieza en esa porquería”. Dura afirmación la del poeta y anarquista limeño, aunque con cierto aire de esperanza, pues depende de cada persona derramar algo de bienestar, sentido y limpieza.

El ser humano debe enfrentar el drama y este es un drama personal. Por más que cientos pasen la misma tragedia, el mismo dolor o la misma deshonra, a cada uno nos toca sobrellevar el infortunio, pues nadie puede vivir la vida ajena, eso está claro. Si bien puede ser consolador eso de “en el dolor hermanos”, cada dolor es único, personal, intransferible, y el ser humano deberá pasarlo más o menos pronto, más o menos tarde en su vida.

Dice Erich Fromm en su ensayo El corazón del hombre lo siguiente: “Pero el hombre también sabe más o menos claramente que no puede recuperar el paraíso perdido [en alusión a una infancia muy buena bajo el cariño y la protección materna], que está condenado a vivir con inseguridad y riesgos, que tiene que atenerse a sus propios esfuerzos, y que solo el pleno desarrollo de sus facultades puede darle un mínimo de fuerza y de intrepidez”. La vida, por más seguros de vida que compremos, está inevitablemente llena de riesgos, caídas, dificultades y preguntas, y nos toca responder ante ellas. Rubén Darío lo dijo alguna vez: “Todos tenemos en el fondo un cisne degollado”.

El inevitable Nietzsche nos advertía: “No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si este llega y trata de meterse en tu vida, no temas: míralo a la cara y con la frente bien levantada”. Esa actitud, valiente y hasta desafiante, puede ser más oportuna ante el drama humano que aquella otra, de un optimismo exagerado, casi mágico e infantil, muy ofrecida últimamente por los gurús del éxito y los coachs de la felicidad instantánea. Pensamos también que algunas recomendaciones budistas nos caerían muy bien para poder vivir.

Finalizamos estas líneas con una cita de la filósofa alemana Hannah Arendt que bien puede servirnos como un recordatorio de nuestras posibilidades y de nuestras limitaciones: “Hay un precepto bajo el cual he vivido: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”.