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Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
JUEVES 5

de diciembre de 2019

ANÁLISIS INTERNACIONAL

El estallido de las expectativas en Chile

14/11/2019


Fabián Vallas Trujillo

Editor Internacional

En las últimas semanas, analistas han interpretado el repentino estallido de violencia en las calles de Santiago de Chile, que rápidamente se extendió por las principales ciudades del país. 

Una de las más comunes explicaciones es que la pobreza, el hambre, la imposibilidad de satisfacer necesidades primarias impulsan la violencia. Pero, esto no es el caso de Chile, cuyas cifras socioeconómicas, al menos en el papel, se muestran excepcionales en la región. 

Chile es el país que tiene el mejor Índice de Desarrollo Humano (IDH) en América Latina, cifra que la ONU utiliza para comparar los avances en la sociedad en educación, salud y crecimiento económico. También es el país con mejor Índice de Percepción de la corrupción en la misma región. Además, los chilenos son los que más utilizan el internet y alojan las mejores universidades latinoamericanas. ¿Entonces, por qué el descontento?

El famoso politólogo Samuel Huntington, en plena era de la vigencia de la teoría de la modernización, escribió el libro El Orden Político en Sociedades en Cambio en 1968. Y contra todas las teorías anteriores, encontró que no son las sociedades tradicionales las más conflictivas, sino aquellas que se encuentran en proceso de desarrollo, debido a que “la creciente urbanización, alfabetización, industrialización y expansión de los medios de comunicación amplían la conciencia política, multiplican las demandas de los diferentes sectores sociales y ensanchan su participación”.

Huntington sostiene que “la causa de la violencia e inestabilidad política que experimentan las sociedades en desarrollo es, en gran medida, resultado del rápido cambio social y de la veloz movilización política de nuevos grupos, en un contexto de lento desarrollo de las instituciones políticas”.

Al crecer los niveles de educación, la mayor exposición a los medios de comunicación e internet, se cambian en forma dramática sus expectativas y demandas.

Si se utiliza este argumento en el caso del Chile del 2019, el país tiene los mejores índices de desarrollo, la sociedad chilena cambia por el proceso de modernización, pero también es uno de los países de peor distribución de la riqueza del continente. El 10% de la población más rica acapara el 66.5% de los ingresos nacionales.

Entonces, se genera una distancia entre lo que “considero justo”, lo que “puedo acceder” y lo que “realmente tengo”. Esto crea una profunda sensación de injusticia y de frustración, que, en esta oportunidad, se desfogó en violencia.

El gran problema de Chile es que los cambios institucionales que demanda el desarrollo social ha sido frenado debido a que una élite económica domina los principales mecanismos del Estado.

Hasta la fecha, la solución propuesta del presidente Piñera es una reforma de las instituciones políticas y mejor atención con fondos públicos, que finalmente es financiado por la clase media. Pero, no se toca las altas tasas de beneficios de los empresarios, ni la manera de acumulación de capital.




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