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APROXIMACIONES

El género de las columnas de opinión

8/1/2019


Ántero Flóres-Aráoz

Expresidente del Congreso

Quienes nos consideramos lectores y, sobre todo, disfrutamos de diversos tipos de lecturas, como pueden ser las profesionales, las de simple entretenimiento, biografías, ensayos y novelas, usualmente también escribimos. En mi caso, me inicié en textos legales para la defensa de quienes pedían el auxilio y de quienes querían conocer una versada asesoría.


El comienzo en la disciplina de expresar conceptos mediante la escritura fue en mi práctica preprofesional, en la etapa universitaria, tanto en el estudio de Carlos Carrillo Smith como en la sección Legal del entonces Banco Central Hipotecario del Perú, al que desapareció la inflación que nos agobió décadas atrás. Dicha sección era dirigida por Gonzalo Durand Aspíllaga.

Realmente no pude tener mejores maestros que los dos nombrados. Carlos Carrillo Smith revisaba mis proyectos y, con lapicero rojo, tachaba párrafos enteros diciéndome: “Ripio Antero, ripio; los funcionarios no leen más que una página”. Y agregaba más o menos: “Como leen poco, por su excesiva carga procesal, debes comenzar por lo más sustantivo, por el meollo del tema y luego lo desarrollas”.

A su vez, Gonzalo Durand Aspíllaga, quien tiempo después fuera excelente decano del Colegio de Abogados de Lima, corregía mis proyectos de informes de titulación de inmuebles animándome a escribir con sencillez, atendiendo a que los informes no solo eran abordados por letrados, sino también por legos en materia jurídica. Con razón, me insistía en que la comunicación tiene un receptor que requiere entender y, por ello, se está ante una acción docente.

Los consejos de ambos, señores maestros, aunados a los de mi más reconocido profesor universitario, Carlos Rodríguez Pastor, un genio del Derecho, con versación en cuanta materia jurídica existe, imprimieron en mi práctica profesional la cortedad y sencillez de las expresiones. Ello motivó, por supuesto, al escribir sobre temas no necesariamente jurídicos, tener preferencia por la llamada columna de opinión en medios escritos, sumamente versátil y de variado contenido.

Mi esposa, Ana María, severa crítica de mis columnas de opinión y no siempre concordante con sus contenidos, me preguntó el motivo por el que usaba peruanismos para expresarme y era generoso en recordar antiguos aforismos. Le contesté lo que pienso y siento, como es, en efecto, pretender que no se pierda el uso de consagrados peruanismos, recordando a Martha Hildebrandt y a Juan Álvarez Vita como sus mayores estudiosos y difusores. Y, en cuanto a añejos aforismos, porque ellos contienen resumida muchísima sapiencia y conocimiento, sin necesidad de explicaciones.

El género de las columnas de opinión es importante porque se puede ir al grano, es de rápida lectura y está dirigido a una amplísima gama de lectores, algo que quizá deberían recordar muchos de los que son afectos a este género de expresión escrita y que lo convierten en sedativo, al pretender, con exagerada versación, que simplemente no terminemos de leer la columna, salvo que queramos conciliar el sueño.