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Año de la Universalización de la Salud
SÁBADO 4

de abril de 2020

El legado de Pérez de Cuéllar

La muerte de Javier Pérez de Cuéllar deja un enorme legado en el terreno de la diplomacia nacional y en la consolidación de la democracia. El Perú debe valorar y atesorar las enseñanzas de uno de sus hijos más ilustres en el último siglo, que distinguió tanto a nuestra diplomacia en el mundo como a la política nacional.

7/3/2020


Por su paso como diplomático, Pérez de Cuéllar fue el único latino en ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas en dos períodos, entre enero de 1982 y diciembre de 1991. El embajador peruano dedicó todo su esfuerzo en construir un mundo más pacífico y seguro, cuando se vivía una de las etapas más difíciles de la confrontación Este-Oeste en la Guerra Fría.

Como señaló en su mensaje de condolencia el canciller Gustavo Meza-Cuadra, el embajador Pérez de Cuéllar dedicó su vida a servir al país y a la paz internacional, al liderar una de las etapas más fructíferas en la resolución de conflictos internacionales; además de erigirse como un gran ejemplo para el servicio diplomático. El exsecretario de la ONU nos enseñó que nunca se debe dejar de lado una parte interesada cuando se busca un acuerdo para resolver un conflicto. No se debe subestimar a ningún actor, independientemente de su procedencia cultural, social o política. “El mundo está y estará desestabilizado. No hay una uniformidad ni criterios morales comunes”, dijo en una oportunidad.

Por tal motivo, Pérez de Cuéllar no tuvo reparos en viajar a Bagdad en 1991 para dialogar con Sadam Huseín, en sus esfuerzos por detener el conflicto armado en el Golfo Pérsico.

Tampoco hizo diferencias cuando trató de evitar la guerra de Las Malvinas entre el gobierno conservador británico de Margaret Thatcher y el gobierno de la Junta Militar argentina en 1982. La conversación directa con los actores involucrados es esencial para la resolución del conflicto.

También fueron valiosos los esfuerzos por detener el genocidio en Camboya y lograr un acuerdo para poner fin al prolongado conflicto armado entre Irán e Irak en 1988. Si se consideran logros, el diplomático peruano consiguió la firma del acuerdo de paz que terminó con la guerra civil en El Salvador a solo cinco minutos del fin de su período en 1991.

Tras prestigiar a la diplomacia peruana, el ilustre embajador siente la responsabilidad de apoyar la consolidación de la democracia peruana en dos difíciles momentos políticos. El primero de ellos cuando acepta la candidatura presidencial para los comicios de 1995 y funda la agrupación Unión Por el Perú (UPP).

El otro momento clave fue en el 2000, cuando el presidente interino Valentín Paniagua lo convoca para ser jefe de Gabinete y canciller de nuestro país en la profunda crisis política interna de aquel año. En ambas oportunidades, Pérez de Cuéllar sirve con transparencia y dedicación para defender los intereses de su amado país, sin intereses subalternos.

Por tales motivos, los peruanos debemos una eterna gratitud al embajador Pérez de Cuéllar por sus invalorables servicios a la nación. Su ejemplo de dedicación a la patria, integridad y profesionalismo, como lo indicó el canciller Meza-Cuadra, será un motivo de inspiración para todos.